Democracia revolucionaria

Navegar hacia las aguas cristalinas de la verdad es ir hacia puerto seguro. Combinar la lectura y la escritura es hacer uso de dos buenos remos que nos van a permitir conocer el significado profundo de las palabras para abrirnos paso y salir de ese mar confuso que es la ignorancia. Precisamente, como estamos inmersos en una decisiva lucha por el poder, entonces es necesario ir al fondo de las palabras y los conceptos para conocer su esencia.

Por ejemplo, cuando hablamos de democracia, reconocemos que la misma no tiene sentido sin adjetivos; por ello hablamos aquí de democracia revolucionaria. Sin embargo, no quiere decir que debamos desechar el concepto elaborado de democracia, pero si hay que pensar y navegar hacia su verdadero significado, hacia sus condiciones especificas, sociales e históricas. No hay que quedarse anclado en el concepto clásico, que sólo reconoce lo representativo de los partidos políticos y las elecciones como mecanismos de libertad.

Esos mecanismos muchas veces son una fachada que conducen, por supuesto, a democracias de fachada, con discursos metafóricos que manipulan la conciencia del pueblo. En ese sentido, encontramos que la democracia puntofijista más que un régimen político, fue un modelo de estafa para los venezolanos, un proyecto excluyente que solo estaba al servicio de las elites partidistas, económicas y religiosas. Digo que fue estafa porque además de saquear, se confabularon todos para estregar durante cuarenta años la soberanía del país a intereses extranjeros. En verdad, fue una minoría que gobernó durante cuarenta años enmarcados en el pensamiento de la derecha, esa que golpea y golpea sin ningún tipo de remordimiento la dignidad de la gente.

Por ello no debe de extrañarnos la conducta apátrida de Borges, Barboza, Planas y Ravel, pues ellos son sujetos enemigos del proyecto revolucionario y dignos representantes de ese imperio que apoya masacres contra el pueblo de Irak y Palestina. No olvidemos que ellos actuaron abiertamente en el golpe de Estado de Abril de 2002, donde muchos venezolanos fueron asesinados por los francotiradores contratados por los dirigentes de la llamada Coordinadora Democrática. Eso no lo debemos olvidar jamás.

Tampoco debemos olvidar su accionar violento de estos últimos años para derrocar el gobierno de Hugo Chávez. Esa reunión de Puerto Rico es parte del plan no solo para ir en contra de la enmienda constitucional sino también para acabar con el proyecto revolucionario e instalar su democracia representativa, excluyente y vacía. De allí que nuestro gran objetivo es no perder más espacios y seguir consolidando la democracia revolucionaria, respaldada por la mayoría del pueblo venezolano.

Hay que crear ese escudo protector para salvar la revolución. La aprobación de la enmienda constitucional sería el blindaje de acero para fortalecernos aún más. Así navegaremos tranquilos hacia puerto seguro, tal vez con pequeños oleajes, pero nada de peligro para la democracia revolucionaria.

Politólogo
eduardojm51@yahoo.es


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Eduardo Marapacuto*


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