El odio asfixia la política

Tiene razón Tulio Monsalve al decir que la hipocresía ahoga la política en Venezuela (Analítica. com, 24-3-2008) y por mi parte digo que el odio la termina de asfixiar. Me excusa el amigo la osadía de haber tomado su artículo como pié para escribir los míos, pero esta vez, además, para intitularlo. La rabia, el rencor y este tipo de sentimientos nublan el entendimiento y anulan la capacidad de razonar y de llegar a conclusiones en torno a un problema concreto. Esto es muy claro en situaciones amorosas, donde las contradicciones tienen generalmente un desenlace trágico.

Esta situación se da hoy en Venezuela en el campo de la política. Las luchas por el dominio y control del gobierno se han desarrollado muy beligerantemente, porque quienes fueron desplazados del poder no lo han aceptado y se empeñan, mediante cualquier medio posible, de volver a tomar la conducción del país, lo cual no han logrado a pesar de haber estado cerca de conseguirlo. Se acusa a Chávez, por su discurso retador y agresivo, de causar esta beligerancia. Sin negar esta influencia, creo que el discurso no heriría tanto si no se tuviera la sartén por el mango.

En los años sesenta, cuando la beligerancia de la izquierda puso en peligro la permanencia del sistema político venezolano, inmediatamente se dio una respuesta contundente, con acciones represivas intensas, hasta aplastar la insurgencia armada comunista. Fue la etapa de los asesinatos de Betancourt, de los desaparecidos de Leoni, de los batallones de cazadores, de los presos y perseguidos. Luego de esta crisis, años después, a pesar de la beligerancia del discurso de las fuerzas izquierdistas, no se produjeron acciones gubernamentales fuertemente represivas, al no sentirse el sistema en peligro de sucumbir.

Hoy, los victoriosos de ayer han sido derrotados una y otra vez y, lejos de aceptarlo, recurren a las explicaciones más fantasiosas de sus derrotas, las cuales aumentan el odio que sienten por el vencedor. Pero ese odio es su mayor enemigo y los hace incapaces de entender y dominar la situación. “Chávez es narcotraficante”, dicen, pero adoran a Uribe, quien sí fue empleado de Pablo Escobar; “las FARC son terroristas, afirman, pero nada dicen de los paramilitares colombianos, para quienes el terror es su arma fundamental; “fuera las FARC de Venezuela”, gritan, pero callan ante el control territorial ejercido por los paracos; “Chávez no se ocupa de nuestros secuestrados”, aseveran, y olvidan que están en manos de los paramilitares de Uribe; “Chávez es terrorista”, aseguran, y apoyan el terrorismo de Estado de Uribe y de Bush.

lft3003@yahoo.com



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Luis Fuenmayor Toro


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