Conflicto en la Nunciatura

Berlocco sufre a Nixon y le pide que se vaya

Desde el 13 de marzo de 2007, cuando Nixon se refugió en la Nunciatura, es mucha el agua que ha corrido. De aquel bachiller apocado, asustadizo, tímido aunque taimado, que recibió Monseñor Giacinto Berlocco una mañana temprano, en su “casa”, al Nixon de hoy, ya convertido en todo un señor politólogo, la diferencia es inmensa. Muchos han sido los cambios.

Ya en diciembre de 2006, Baltazar Porras se había reunido con Berlocco explicándole el plan, y diciéndole que aunque el joven no tenía buenos modales, que provenía de una familia humilde del Zulia y presentaba muchas dificultades con la expresión, con el conocimiento y el trato, el muchacho no era mala persona. Que políticamente resultaría todo un gran batacazo y un golpe brutal al régimen. Que metiéndoselo en la Nunciatura, Nixon se convertiría en todo un símbolo de lucha y un foco permanente de agite, sobre todo en el medio estudiantil con el que pensaban reventar la lucha contra la Reforma. Berlocco miró las fotos del joven en varios escenarios, en unas vacaciones en Chichiriviche, en un paseo por las montañas de La Culata y sin camisa con unas bombas molotov en las manos. Su rostro de roedor, de fiera escurridiza y vaga no era para arredrar a Berlocco tampoco quien venía de lidiar con fieros paramilitares en El Salvador donde había sido Nuncio. No obstante, jamás pensó monseñor que su vida sufriría un cambio tan mayúsculo y que se vería ligado de un modo profundo, casi familiar con ese joven, y que más allá de refugiarse en la Nunciatura iría también a meterse en lo más íntimo y sagrado de sus quehaceres.

Nixon, ese día del 13 por la noche, pasó a la habitación que le tenían ya arreglada y pidió, como cosa extraña permiso para dormir un poco, porque “estoy muy cansado, señor fraile”, dijo. Berlocco quiso aclararle que él no era fraile, pero bueno, qué podía entender el pobre. En las dos maletas que llevó y que le fueron arregladas por el equipo académico de la ULA, se encontraban dos monos, dos chaquetas deportivas, un solo calzoncillo y dos franelas, unas pantuflas y dos pijamas, una vianda, cargadores de celulares, un radio, varios CD’s de música colombiana (vallenatos y cumbias) y otros de rap’s y de Franco de Vita. También llevaba prácticamente un morral lleno de películas, toda la serie de “El Chavo del Ocho” y otras de terror como: “La Profecía”, “El Exorcista”, “El Anticristo”, “The Ring Two”, “Zombie”, “El hijo de Chucky”, “Boogeyman 2”, “Albino Farm”, “Alien vs Predator”, “Requiem”, “The Messengers”, “El cazador de Wolf Creek”, “Exterminio 1 y 2”, “El niño de barro”, “Freddy vs Jason”, “Halloween”, “Dead Silence”, “Grindhouse”, “Destino Final”… Berlocco las estuvo revisando, y después como por educación añadió: “Hay unas muy buenas que después quiero que usted me las preste”.

Belocco le preguntó:

-Hijo, ¿y tus libros?

- ¿Cuáles?

-Bueno, tú estudias ¿no?

-Ahí, ahí, pero yo no vine a eso supongo, a estudiar, ¿verdad, fraile?

Berlocco se encogió de hombros, le dijo que le asignaba de asistente a Trementino Alcides para que le atendiese en lo que necesitara y se retiraba porque tenía mucho trabajo atrasado. En cuanto se encerró en su despacho llamó a Baltazar y le dijo que al muchacho se le veía gordo y tranquilo: “La verdad es que no tiene muy buena facha, pero espero no se vaya a quedar aquí mucho tiempo…” Al poco rato escuchó música estridente de reggaeton: “quiero más gasolina, dame más gasolina… papi vamos al perreo…”

Ya tarde por la noche Berlocco le preguntó a Trementino qué más hacía Nixon y éste le contestó que estaba más tranquilo, que ya había comido salchichones, morcilla, queso de chivo, arepas y espaguetti porque “Nixon con todo lo que le ponen pide espaguetti…” Añadió que no se despegaba de la televisión viendo películas y escuchando la radio a la vez. Esa noche Nixon se metió entre sábanas a las cinco de la madrugada, para los Maitines (que sirve de rezo en la Iglesia Católica Romana y en la Iglesia Ortodoxa en la liturgia de las Horas.)

En este trajín estuvo Nixon hasta que lo graduaron de politólogo.

Ahora viene lo terrible… (EN LA SEGUNDA PARTE)


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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