Ramos Allup a un tris de ir a Miraflores

Grandes vientos con ilusiones de tísico arropó a su alma: “¡De esta no se salva!”, y cogió el teléfono; del otro lado una voz gangosa y tenue contestó: “Parece que hay buenas noticias, ¿por que tan temprano?” Henry no estaba para perder tiempo y fue al grano: “Prepárese querido amigo que el hombre está caído. Esa barbarie que ha cometido en Argentina ha sido un boche triple que sacó de cuajo al mismísimo Kitchner y a Evo. Qué buen trancazo, compadre. Yo voy ahorita mismo saliendo para tu programa porque tengo declaraciones inéditas, y sé que tú me dejarás totalmente el campo libre para poder explayarme en los análisis y ametrallar sin clemencia.”

En camino a Globovisión, Henry contempló todo un panorama distinto para Venezuela; lo que venía ardientemente soñando desde hacía ocho años lo tenía ante sí como una película en cinemascope que envolvía todo el orbe: Chávez agobiado por los escándalos, siendo solicitado como delincuente por varios países y la OEA sacando la carta interventora para darle satisfacción a las grandes irritaciones de Washington. Al fin el tirano temblaba y solicitaba una reunión con las fuerzas de oposición para acordar su salida.

La oposición ponía duras condiciones, y al mismo tiempo la gente enfurecida y crecida en sus fuerzas salía a la calle. Henry se veía a sí mismo presidiendo un tumulto y descollando por encima de Manuel Rosales, de Antonio Ledezma, de Julio Borges. Sólo, despegado en su marcha, mirando el futuro lleno de sublimes cambios, con grandes masas de exiliados llegando de Miami: Carlos Ortega, Carlos Fernández, Juan Fernández, Molina Tamayo, González González, Patricia Poleo, Orlando Urdaneta. Todos dando discursos ante apretados tumultos, con Maiquetía atestada de gente, con megáfonos, enormes pancartas, banderas, pitos, charrascas, globos, cohetes… en esas pancartas él veía el hermoso símbolo de Acción Democrática resaltando por encima de todos, “Pan, Tierra y Trabajo.” Por encima de todos los ruidos y cánticos, el himno de la Marsellesa, el de su partido, “Adelante a luchar milicianos a la voz de la Revolución… Venezuela en Acción Democrática quiere ser Democracia en Acción…” Aunque fuese horrible escuchar la palabra esa “miliciano”, pero ya habría tiempo para modernizarlo todo.

Tantos generales ultrajados de tan valientes y decididas luchas, obreras, estudiantiles, llenas de historia y de leyendas que podrían otra vez reunirse en el Partido del Pueblo en un acto multitudinario en El Silencio, como antes; como en la ocasión en que Rómulo Betancourt fue al Nuevo Circo y gritó: “¡Vengo a coger el toro por los cuernos! ...

Este Partido ha nacido para hacer historia. Nace armado de un Programa que interpreta las necesidades del pueblo, de la nación. (Aplausos); de un programa realista, venezolano, extraído del análisis desvelado de nuestros problemas, porque nosotros podremos ser partidarios de que se importe creolina, pero programas, no. [...] Nace Acción Democrática asistido por la fe y la emoción multitudinarias del pueblo, y lo comanda un equipo de hombres conocidos de toda Venezuela, de bien ganada solvencia política y moral.”.

Él rescatando el partido de las garras perversas de la traición y de la ignominia del pasado; levantándolo del foso de la estupidez colectiva, de la agonía de los tiempos sin ética y sin coraje. Otra vez en aquel CEN, otrora glorioso, otrora contundente, otrora vigoroso y decidido, conformado por todos los grandes dirigentes aún vivos que llegaban para hacerle honor al gran Rómulo, porque fueron sus tenientes inmarcesibles y victoriosos en mil ciento una batallas; y sobre todo llamando a la unidad, a la reconstrucción sin mezquindades, sectarismos o egoísmos parceleros: Jaime Lusinchi, Carlos Andrés Pérez, Canache Mata, Domingo Alberto Rangel, Américo Martín, Gumersindo Rodríguez, Server Torres, Miguel Rodríguez, Lewis Pérez, Luis Alfaro, Paulina Gamus, Liliana Hernández, Héctor Alonso López, Claudio Fermín, José Ángel Ciliberto, Pedro Pablo Alcántara, Manuel Cova, Timoteo Zambrano, William Dávila Barrios,…

Pero todo el sueño se le vino abajo cuando se encontró de sopetón con la realidad de la Reforma Constitucional que está estremeciendo al país de uno a otro extremo; “Bueno -volvió sobre sus pasos, añadiendo:- veinte años más no son nada… Esperemos, a lo mejor sigo vivo… La vida es lo penúltimo que se pierde…”


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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