La desbalanceada Majo, la Cardinale i quien escribe

“Mi familia, toda siciliana, ama mucho

a este país y yo…doy la vida”

IVANA CARDINALE



Bella la oportunidad que me brinda la vida –i paradójicamente las desagradables circunstancias de la política insana- para expresar la fascinación, la admiración i el amor que he sentido toda la vida, desde mui joven, por la Italia cuna de las artes i de los más grandes artistas de la Humanidad. Mi hermano Alfredo, que amaba la ingeniería, la electricidad, los grandes inventos, sentía pasión por Alemania i encargaba de allá, unos mecanos i unos motorcitos que colocaba en autobuses, carros o yates que él fabricaba desde que tenía unos 13 ó 14 años. Con un cinematógrafo alemán para dar películas, hizo en el patio de la casona en Bella Vista, un cine que designó Cine Berlín. Lo mío era el arte, sobre todo la pintura. El hombre que mayor admiración me ha causado toda la existencia es Leonardo Da Vinci, como el genio más múltiple de la historia. No hubo conocimiento que no cultivara o poseyera. Adquirí al principio unas biografías sencillas, pero fueron creciendo, ya veremos. Cuando me casé i tuve mi primer hijo, lo bauticé Leonardo. Cuando fui la primera vez a Europa, visité Portugal, España, Italia, Alemania, Francia e Inglaterra, en todas pocos día i por sus capitales obre todo, pero en Madrid tomé una tour, que se llamaba “Toda Italia” (22 días) i fui desde la parte ancha de la bota, (entrando por La Spezia) hasta casi el final de la misma; solamente dejé de ir a Sicilia i Cerdeña, i me traje, sobre todo a tres ciudades metidas en el alma i en este orden de admiración: Florencia, Roma, Pisa i Venecia, aunque todo fue bellamente esplendoroso. Tengo en mis recuerdos más considerados de oro, haber subido a la Torre Inclinada de Pisa, Visitar casi todo el Vaticano, San Pedro con su Baldoquino de columnas salomónicas, el San Pedro Negro de Andrea di Cambio, la capilla Sixtina con su majestuoso Techo i su Juicio Final de Miguel Ángel, las Galerías Vaticanas, las Catacumbas de Santa Domitila, el Coliseo, estuve frente al Moisés en San Pedro In Víncola, etc.; en el sur, desde Nápoles, fui a Pompeya, subí al Vesubio, visité Capri, la Grota Azur; en Florencia la Catedral con su famosa cúpula de Brunelleschi, con la Torre del Gioto, la Plaza de la Señoría con la Galería Lanzi i el Perseo de Benvenuto Cellini; el Palacio Vecchio, el David original (que en otros viajes visité en la Galería de Arte) la casa de Leonardo donde se dice pintó la Monna Lisa; el Batisterio con su Puerta del Cielo de Gilberti, en fin, miles de maravillas artísticas imposibles de enumerar, sobre todo de Miguel Ángel Bounarroti, para mí el Primer Artista del Mundo de todos los tiempos pasados i venideros; de Bernini, como aquel portento de escultura de Apolo i Dafne, hecha de una sola pieza de mármol en la Galería Borghese, i paro de contar porque me saldría un libro. Desde entonces me traje a la sublime i bella Italia, metida en mi corazón i conceptuada en mi mente, lo mismo que a su gente, amable alegre, creativa, aunque con todas las categorías o clases de todos los países del mundo; sin desmeritar en nada lo extraordinarias que son en arte, Francia i España. Volví dos veces más a Italia i la conozco casi toda, hasta sitios menos frecuentados como el Lago i la ciudad de Como, un sitio de ensueños. I qué decir de Turín, de Milán, de Venecia, de Bologna, de Ferrara. Además tiene una especie de columna vertebral magnífica con su Auto estrada del Sol i sus estaciones de AGIP. Para colmo, fui profesor de historia del arte por más de 22 años i repaso a este país, como ahora cuando no me pierdo las etapas del Giro de Italia, solamente por volver a viajar por sus carreteras, paisajes i ciudades. Un amigo italiano, cuando le preguntaba algo de su país me decía (como debería decir la Sra. Catalano que denigra de Venezuela o de los venezolanos): Usted es quien me debía informar a mí; yo vivía en un pueblito cercano a Roma; me fui al puerto de Ostia, después de la guerra i me vine a Venezuela mui joven; soi venezolano i mis hijos también. Los italianos somos mi mujer i yo. ¡Dígame usted cómo es mi patria lejana! Otro gran amigo, inolvidable como un familiar mui querido fue el maestro pintor i restaurador en el Vaticano, Vitaliano Rossi, cuya familia fue mi familia también i su hijo Ildebrando, un hermano del alma, pintor como su padre. Mis padres fueron personas desprejuiciadas, cristianas i amplias. Una negrita que vivió con mi madre desde que eran ambas niñas de 11 años, fue con el tiempo otra madre negra que tuvimos i sus hijos nuestros hermanos. Por cierto, la menor de ellos, única hembra, i ya de edad, en una carta que me hizo hace poco tiempo atrás, me expresó el fervor que ella siente por el Libertador Simón Bolívar, con una letra, una sintaxis i unos conocimientos que me llenaron de alegría. Por eso, he visto la vida desde la gente más humilde i le huyo a los Clubes, a los actos protocolares, a la instituciones frívolas i he disfrutado mucho del pueblo, cuando he pintado en las barriadas de Maracaibo. Por eso me ofendió la desagradecida colombiana Majo, i la siciliana torpe o bruta, Catalana. Recuerdo pues que dejé de conocer Sicilia i cómo lo siento; hubiese querido ver Siracusa, en el sudeste, donde sucedió la muerte de filósofo i matemático que trazaba figuras geométricas en el suelo cuando fue asesinado, o Palermo, donde una joven amiga mui amada, fue a conocer la tierra de su madre, buceó en sus playas i me trajo una piedrita color carne, diciéndome que debajo del agua pensaba en mí i me trajo un trocito de su corazón; Palermo, la tierra de su madre ya venezolana i artista del canto hace muchos años i, Sicilia, antes parte de la Magna Grecia, donde el tirano Dionisios el Viejo de creía poeta i se ofendió cuando Filógenes, el intelectual de la corte lo desilusionó, por lo cual lo condenó a echar pico i pala en las canteras de la isla. Es una anécdota que me la he atribuido varias veces, en otra ocasión diré por qué. No sé, pues, cómo decir lo que significa en mi existencia, esa maravillosa tierra del Dante Alligieri.

Entonces aquí, en este bello país que es mi Venezuela, donde de Bolívar, como dijera Neruda, Padre, todo lleva tu nombre, me complace que la inmigración italiana, como en la Argentina, haya dejado huella de confraternidad, progreso i hermandad, mientras una colombiana desagradecida (porque ella también adoptó esta tierra) manipule a una siciliana ignara para ofender el gentilicio venezolano. Donde quiera se cuecen habas. Por eso tantas i tantas respuestas, todas juiciosas i llenas de razones refutándola. Sin embargo, cuando vi la de Ivana Cardinale, a quien no conozco pero no me pierdo sus contundentes, veraces i valientes escritos (por nombre i apellido sabía que era italiana) i además por que me recuerda a una de mis bellas artistas favoritas, la estupenda Claudia Cardinale, estrella rutilante al lado de Sofía Loren, Gina Lollobrígida, Silvana Mangano, Rosanna Podestá i toda una galaxia de maravillosas i bellas mujeres. Ivana, quien defiende este proceso revolucionario i al presidente Chávez como una verdadera heroína de las letras, le dio una respuesta a la Majo, como se lo merecía; pero al final, declarando con gallardía ser toda su familia siciliana i habla de esta patria, sus sencillas pero sentidas palabras finales me conmovieron i hasta sentí una humedad de orgullo en mis ojos; quise tal vez llorar, cuando una venezolana de sangre italiana –de esa tierra de Leonardo, de Miguel Ángel, de Rafael i del Dante- agregó (mi familia)…ama mucho este país y yo…doy la vida.

robertojjm@hotmail.com


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Roberto Jiménez Maggiolo


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