Caceroleados en la ULA: “chavistas asesinos”

El martes 5 de junio me trasladé, con el profesor Lilido Ramírez hasta San Cristóbal. En aquel Núcleo de la ULA se estaba viviendo un cierto estado de tensión por las elecciones al Co-gobierno universitario que se realizarían al día siguiente. El Consejo Universitario en pleno se concentró en aquel Núcleo. Al llegar a San Cristóbal nos enteramos que en la entrada al Núcleo se había colocado una pantalla de televisión donde con cantos gregorianos se pasaban imágenes (al estilo de Globovisión) en las que aparecía el defenestrado profesor Heriberto Gómez (chavista), a quien por unos hechos de la semana anterior, donde hubo disparos, prácticamente se le acusaba de terrorista.

Al presentarnos en el Núcleo a las 7:30 de la mañana, nos encontramos a la entrada del edificio donde se instalarían las mesas, al Vicerrector Alfonso Sánchez, guarnecido por fornidos ejemplares de la Seguridad Canina. Estos cuadros que en ocasiones hemos visto en algunas Facultades resultan extremadamente desagradables; son de lo más degradante de la condición humana. Cuando me acerqué a saludar al Vicerrector, quien tenía cara de pocos amigos, el Guardia Canino me puso la mano en el hombre y me dijo que debía estar a dos metros de su fiera. El monstruoso perrazo negro estaba echado como soñoliento con su hocico entre sus patas, y luego supe que hacía poco, sus bellos dientes blancos se había enterrado en la mano de un joven que había tratado de hacerle cariño.

Aquel cuadro enternecidamente fascista me producía enervación y una infinita arrechera, y sobre todo cuando todos aquellos estudiantes y profesores que ante tal situación no dijeran nada. Al preguntarle a una profesora de este Núcleo, cómo percibía el ambiente, nos dijo: “Atípico. Esto es de lo más atípico que cabe imaginar.” Entonces el profesor Lilido me dijo: “Esto no se puede permitir. Hay que sacar a esos perros. Cómo se puede hacer una elección con esas fieras y esa presión, que no puede sino contribuir a la tensión.” En la entrada principal podía leerse una enorme pancarta que rezaba: “Defendamos a nuestra Universidad. No al terrorismo”, en clara y evidente alusión a los chavistas, porque cerca de ella era donde estaba colocada la pantalla de televisión que incansablemente había estado pasando las imágenes contra el profesor Heriberto Gómez. Ante tal cuadro le solicitamos a la Comisión Electoral que se ordenase retirar a las fieras del Grupo Canino porque atentaba contra el proceso electoral. Inmediatamente vimos brillar celulares preguntando qué hacer. Afortunadamente las fieras fueron sacadas del recinto. Luego yo tuve un fuerte encontronazo con el Vicerrector Alfonso Sánchez, que como está en proceso, desarrollaré en otro artículo.

Evidentemente la situación no favorecía en nada al movimiento chavista y se preveía una derrota. Pero lo importante para nosotros era que el proceso se realizara en paz. Todo el ambiente estaba sumamente caldeado porque en Mérida el Rector Lester Rodríguez había dicho: “Maldito el estudiante que traiciona a su universidad”, y esto en alusión evidente al Presidente de la FCU, Jheyson Guzmán, por un discurso dado por él dos semanas atrás en un acto en el Teresa Carreño con el Presidente Chávez. Cuando a Jheyson en Mérida le tocó ejercer el voto fue agredido por una turba antichavista. Pues, allá en San Cristóbal nos encontramos ese día Marte con Jheyson.

Nos contaron estudiantes chavistas que Jheyson jamás había visitado el Núcleo de Táchira, como tampoco el de Trujillo.

Como a las 10 de la mañana, vimos por allí al rector Lester quien nos invitó a tomar un café. Ya la tensión había bajado casi a cero y el ambiente era casi festivo, y escuchábamos muchachas alegres que decían: “cambiamos besos por votos”, al tiempo que repartían “chuletas”. Como sobre Heriberto pesaban graves amenazas no sólo contra su persona sino contra su esposas y sus hijos (y hasta se estaba pensando abrirle un expediente), aprovechamos para pedirle a Lester que lo invitáramos para hacer un recorrido por las instalaciones del Núcleo y así bajar las tensiones, y propiciar un ambiente para cuando se normalizaran las actividades. Lester estuvo de acuerdo. Yo entonces aproveché para pedirle a Jheyson que también se viniera a enfrentar la política con la política; que asumiera su papel de dirigente estudiantil en un momento crucial como eran aquellas elecciones; que le diera la cara a los estudiantes, que ese era su papel, y que no le fuera sacar el cuerpo a sus responsabilidades. Más de diez llamadas le hicimos tanto a Jheyson como a Heriberto. Jheyson se negó en redondo. En cambio Heriberto, luego de muchas discusiones aceptó, y se presentó con su esposa.

Heriberto llegó al Núcleo como a la una de la arde, y comenzamos nuestro recorrido por los pasillos donde estaban instaladas las mesas. Al salir del edificio le pedí que también pasáramos por el comedor y allí nos tomáramos un café. Lo que llamaba más la atención era que el Vicerrector no nos acompañara en aquel recorrido, luego desde las afueras se le vio manejando su celular. Cuando llegamos a la barra se escucharon gritos a favor de Heriberto, pero en aquel tumulto de unos doscientos estudiantes, muchos de ellos en ese momento comiendo, comenzaron a golpear con sus cubiertos las bandejas. El estruendo era total y se escuchaban gritos de “Chavistas Asesinos”, “¡Fuera!”, “¡Fuera!”, “¡Fuera!”, “¡Fuera!” “¡La ULA no es chavista ni menos socialista!” Tipos totalmente fuera de sí se subieron a las mesas para gritar toda clase de improperios contra Heriberto y contra los chavistas. Era un frenesí un delirio que ni en las películas... Me llamaba la atención que yo al pasear mi mirada por todos aquellos rostros enardecidos con las venas en el cuello a reventar, observaba que no tenían ojos. Estaban como ciegos, era una masa informe sin mirada y sin rostro. Ni uno sólo me miró a la cara. Aquello fue una situación extremadamente tensa, y Lester nos pidió que calmáramos a nuestro grupo que él se encargaba de hacer lo propio con el otro. Salimos de allí lentamente, pero era tal la jarana que no se apreciaba ya qué era lo que se gritaba. Felizmente todo se fue serenando. Heriberto y su esposa salieron para su casa. De Jheyson sólo supimos que se trasladaría esa noche para Caracas, para un acto con el Presidente. Qué fácil es hablar con crudeza y hasta por los gañotes al lado del Presidente pero cuando se debe dar la cara ante la gente que dice representar no se aparece por ninguna parte. En efecto, esa anoche estaba allí en salón Ayacucho, incluso sugiriendo reivindicaciones para causa estudiantil. ¿Qué piensan ustedes?

jrodri@ula.ve


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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