Carta al presidente de Fedecámaras intentando explicarle lo que significa acaparamiento

Distinguido cobrutón:

He leído que has expresado que debiera aclarársete; o mejor, que pudieras haberle pordioseado ayuda quizás al Ejecutivo Nacional para que te explicara en qué consiste la vainita esta del acaparamiento y la especulación. Y me ha lucido explicable tu deseado desembrollo, dado que cuando alguien se acostumbra a poseer tanto de todo, llega un momento en que se le desvanecen las fronteras. Es uno de los tantos síndromes que genera la desmedida abundancia, la plenitud total, como quizás expresara tu conmilitón Rosales en alguno de sus deslumbrantes sermones académicos, sobre todo en los foros de Washington, donde como sabes se babean literalmente hablando por su monstruoso talento. Incluso no he logrado explicarme a estas alturas por qué carrizo no han hecho que se fugue para allá como gran talento que es, aunque pienso que eso pudiera ocurrir de un momento a otro. No habría que impacientarse.

Pero vayamos a lo nuestro.

Me voy a esmerar poniéndote un ejemplo que resulte tan descriptivo y a la vez tan convincente, que a lo mejor ni el mismísimo Chávez, con toda su evidente técnica pedagógica, pudiera ponértelo por razones obvias y hasta de horario.

Pero fíjate bien, José Luís, pon buen cuidado a ver si logras entender la vaina. Te confieso que no sé si por Betancourt sea también brutón, o porque me haya costado un montón entender tantas cosas en esta vida; claro, no tan enmarañadas como esta del acaparamiento y la especulación que te cuesta tanto descifrar. ¡Y con sobrada razón!

Pero si tú, José Luís, que resultas todo un papi -apuesto, adinerado, y además, presidente de una institución tan respetable como Fedecámaras, respetable por que sea en ella donde se encalete el billete gordo que resulta para colmo tan castigador- llegaras como invitado a una velada en el Country Club, en un Hummer amarillo pollito con olor a Bush, con chofer solícito, vestido de esmoquin turray turrú, perfumado a límites irresistibles, portando una sonrisita pendenciera y la misma mirada apasionada de cuando despedazaras la Ley de Tierras, y como consecuencia te levantaras por tales atributos que te ornan a la esposa e hijas del dueño de la fiesta, pero no saciado con eso también a las tías, sobrinas, a la suegra misma y hasta muchas invitadas, y te las llevaras a un galpón erotizante que hubieras construido al efecto en La Lagunita para fines de prestarle servicio conjunta o separadamente, cometerías un acto manifiesto de acaparamiento, José Luís… ¿De acaparamiento por qué? Bueno chico porque te las llevaste a todas, o a casi todas y no le dejaste nada a más nadie para que ejerciera su derecho. ¡Acaparaste el guateque todo, pues! (Y discúlpame por si llegaras a notar en mis trazos epistolares algún ímpetu inelegante que no deseo por nada del mundo exhibirte como chavista balurdo que soy). Pero, ¿tenías necesidad de eso ni no fuera por la intención que tuvieras de acapararlas? Porque en esto, José Luís, la (mala) intención cuenta demasiado. ¡Dejémonos de mariqueras, mi distinguido cobrutón!

Pues bien, algo parecido pasa, y quizás con la misma agravación, con los alimentos, José Luís. Si tú agarraras por ejemplo doce mil cajas de leche en polvo y todas las demás que te pudieran ir cayendo, y las vas arrumando poco a poco de madrugada con un pasamontañas puesto, en un galpón también erigido al efecto hasta reventar, y con toda la mala intención del caso que incluso debiera establecerse a través de una presunción legal porque seguro le vas a aumentar el precio, estarías acaparando la bendita leche, José Luís, aunque pudieras decirme en tu propio descargo, y con un cinismo ya sin lindes que yo sabría apreciar, que tú no la acaparas sino que la coleccionas para un “artístico” inventario de tu sana propiedad; que tú lo que eres en realidad no es más que un desenfrenado y hasta pendejón coleccionista de latas llenas de leche en polvo, “verdad” ella en que además te apoyarían con toda seguridad tanto Globovisión como RCTV (hasta mayo creo esta última) para sembrarla, y a lo que pudieras creer que tienes derecho, incluso, dentro de la llamada libertad “artístico”-económica que tanto defiendes. ¿Entiendes, José Luis?

¡Es-que-no-pue-des-a-ca-pa-rar-la-vai-na-va-le! ¿Do you understand? A ver si así.

Ahora bien, cuando tú José Luís como en el primer caso te conviertes en un barbarazo acaparador, corres riesgos como es natural. Que te den, lo que se conoce en el lenguaje poético como una amable coñaza, pudiera ser uno de ellos; que te atraquen, o incluso hasta que te maten. ¡Se ha visto, vale, y sobre todo cuando el que acapara pone en peligro de supervivencia a otro, o a todo un pueblo. Y no es cuento, mano!

En el segundo caso pudieran descubrirte y enjuiciarte por delincuente, porque cometiste delito de acaparamiento cuyo tipo penal establece la ley. También pudieran darte unos moquetazos o saquearte el galpón, y aquello (que además te permitió especular y ganarte un inmoral sobrebillete), pudo también buscar que Fuenteovejuna reaccionara para luego decir, a nivel internacional, lo que significa la barbarie del supuesto comunismo de Chávez. Es lo que se ha buscado siempre y se continuará buscando no sé hasta cuando.

¡Bueno, vale, ahora que he avanzado en el análisis, a mí también me ha resultado aclaratorio su hilo argumental, al decirme que, lo que tú eres, no es más que un agente encubiertillo de una muy famosa agencia que hay por allí.

¡Mírese carajo lo brutón que resulto como para que tardara tanto en darme cuenta! ¡No me fuña!

Pero me quedo con la duda, José Luís, de si entendiste al fin lo que significa acaparar. Yo por mi parte te confieso que me quedé sin nada de ella acerca de lo que tú, en realidad, representas.

Anyway, me despido de ti, José Luís, no sin darte un solidario y fraterno abrazo de cobrutón.

PD: Ah, y se olvidaba decirte que admiro la creatividad insolente de esa consigna que a lo mejor, por no entender la vaina, enarbola tu respetable institución: ¡Patria con acaparamiento y especulación, o muerte!

¡Cojonuda, José Luís!

crigarti@cantv.net


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Raúl Betancourt López


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