La Venezuela de Juan Guaidó (parte 2)

En oportunidades suele definirse un objeto animal o cosa por sus características propias. Por ejemplo cuando se afirma que los perros son cuadrúpedos vertebrados, de inmediato nos viene a la imaginación, que el mejor amigo del hombre tiene cuatro patas, con una espina dorsal o columna vertebral compuesta con vértebras. También se puede utilizar en un concepto la negación de una o más características del objeto, animal o cosa. Por ejemplo, si afirmamos que fulano de tal no es un hombre honrado, a nuestra mente nos llega que el referido debe ser algún bandido o un ser envilecido.

En este artículo voy a utilizar aquellas inventivas para hacerles llegar a los lectores la definición de un sujeto, una especie de títere o mequetrefe, a partir de sus características. Un infausto individuo con pretensiones de "presidente encargado" o "presidente interino" o en el mejor de los casos, como presidente de la nadería. Un individuo que pareciera haber salido del guiñol para hacer reír a millones de personas desde el momento que se autoproclamó, en una plaza pública, como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, sin la solemnidad requerida en un acto de esta jerarquía. La pregunta que se deben hacer millones de personas del país y del extranjero, es: ¿de cuál Venezuela es "presidente" este badulaque llamado Juan Guaidó? Sinceramente, no creo que sea el de la patria soberana de Simón Bolívar.

La Venezuela de Guaidó es la del vasallaje interesado, es decir, la de los hombres que se arrastran ante los poderosos con la seguridad que de este miserable lameculismo obtendrá ingentes beneficios. Ciertamente, la sumisión de este lacayo no es desinteresada.

La Venezuela de Juan Guaidó sería como la Francia del mariscal Philippe Pétain, el veterano militar que traicionó a su país asumiendo el régimen de Vichi. El antes reconocido héroe galo, quien firmó el armisticio con el gobierno de la Alemania nazi en 1940 durante la Segunda Guerra Mundial. El país de Guaidó es similar al de la Colombia de Santander, la de los conjurados traidores, quienes se coaligaron para acabar con los ideales de una patria grande para someterse al vasallaje del poderoso.

La Venezuela de Juan Guaidó sería un narco estado como lo fue el Reino Unido, por allá en 1830-1842, cuando el imperio británico le declaró la guerra a China, en el empeño del primero de imponer el consumo de opio en el país de Confucio. Tal comercio se consumó a través de la compañía naviera de las Indias Orientales, propiedad de la corona real. Esto me viene a mi memoria por la afinidad del mequetrefe Guaidó con Iván Duque, el presidente neoliberal y con Uribe, el ex presidente o presidente de Colombia, el país que produce el 70 % de la cocaína del mundo. Tal negocio está controlado por los productores del estupefaciente, por la oligarquía colombiana que lo financia, por los paramilitares que roban los terrenos al campesino, por los políticos que se hacen los locos, por los militares neogranadinos, quienes junto con la DEA permiten el ominoso tráfico. Pero la cocaína exportada del antiguo reino de Santa Fe llega al país donde hay más consumidores de dicha droga. Por este motivo en EEUU se abre la otra puerta del trajín, donde los lavadores de dinero, la DEA y los bancos forman parte de este colosal y fructífero negocio. Tengo la impresión que el vasallo Guaidó mira con regocijo ponerse en unos cuantos millones de dólares permitiendo el tráfico de cocaína por el territorio venezolano, en el caso negado de llegar al poder.

La Venezuela de Guaidó podría ser como la Inglaterra de Francis Drake, Henry Morgan y Edward Teach alias Barbanegra, o como la Francia de François l’Olonnais, Pier Gerlofs Donia, Pier Le Grand, o la Holanda (Países Bajos) de Guillermo de la Marck, Laurenz de Graff y Cornelio Holz, famosos piratas europeos quienes embistieron las costas del Caribe, con las patentes de corso otorgadas por reyes de la pérfida Albión, los monarcas de Francia y la casa Orange de los Países Bajos. Estos bucaneros robaron, mataron y arrasaron con todo lo que se podía en la zona caribeña. Una manera de evitar que los españoles se hicieran con todas las riquezas de América y secuela de esta piratería, el engrandecimiento de las arcas de las majestades de los imperios inglés, francés y holandés. Todo esto me viene a mi desgastada pensadora, cuando de nuevo el Reino Unido, el gobierno francés, el de Portugal y sobre todo, el presidente Donald Trump parecieran haberles entregado patentes de corso a una serie de filibusteros modernos para exfoliar las riquezas de Venezuela colocadas en sus países. Ciertamente, además de los presidentes de aquellos antiguos y modernos imperios, de los banqueros, de los políticos, entre otros bucaneros, en Venezuela, quien capitanea esa cáfila de filibusteros es el vasallo Juan Guaidó y las mesnadas de Voluntad Popular. Esta sería la Venezuela de este zángano.

La Venezuela del monigote Juan Guaidó es la del principio del siglo XX y la de la cuarta república. La época dorada de nuestra burguesía parasitaria, cuando las siete hermanas eran las dueñas de nuestras reservas petroleras, las mismas que dictaban las condiciones de la explotación, producción, exportación y distribución sobre el negocio de nuestro crudo. Las mismas que imponían el precio del oro negro, las regalías y los impuestos que tenían que pagar dichas empresas sobre sus negocios radicados en la patria de Simón. La Venezuela sumisa que aceptaba sin chistar las imposiciones del FMI y la del BM, operadores financieros de la oligarquía internacional que sumieron a nuestro país y al mundo en una grave crisis económica.

La Venezuela del bufón Guaidó no es la patria legada por Simón de la Trinidad, la tierra por la cual murieron miles de venezolanos para romper con el oprobio con el que nos sometía el imperio español. Tampoco es la patria de Sucre, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, patriotas extraordinarios que sembraron las semillas para que sus frutos fueran recogidos en la posteridad. La patria de Guaidó no se asemeja a la transferida por aquellos excelsos próceres.

La Venezuela del vendepatria Guaidó no es la de mi comandante Chávez, tampoco la de millones de venezolanos que decidieron acabar con la sumisión ante el imperio norteamericano, además, la de administrar nuestras riquezas para solucionar los graves problemas de sus habitantes, con la mira de alcanzar el desarrollo que merecemos.

La Venezuela del lamezuela Juan Guaidó, no es la Venezuela soberana, libre de ataduras políticas, libre de dependencias económicas. La patria del tahúr JG es como la Colombia de Duque, la Argentina de Macri, el Chile de Piñera, el Brasil de Bolsonaro, el Perú de Vizcarra, entre tantos homúnculos que gobiernan a sus países tutelados por los dictados del FMI, del Banco Mundial, así mismo, en espera de los lineamientos políticos provenientes del Departamento de Estado de USA.

La Venezuela del criminal Guaidó no es la Venezuela de la paz. Su país es el de la guerra, el de las sanciones económicas, la de la invasión militar, el de la agresión contra millones de seres humanos que sufren, el territorio de la inclemencia a la que nos tienen sometidos las potencias extranjeras a petición de unos degenerados capitaneados por los malnacidos de voluntad popular.

Nuestra Venezuela no es la misma patria de Guaidó, la de este subalterno es la tierra del odio, de la de la traición, la del coloniaje, de la crueldad, del latrocinio, de la de la sumisión, la de los sinvergüenzas, la de los piratas, la de los arrastrados, de la mentecatez, entre tantos adjetivos descalificativos que definen a un individuo que carece de escrúpulos. Un servil capaz de vender su país por un puñado de dólares. Razón tuvo Eva Perón cuando arengó: "Con las cenizas de los traidores construiremos la patria de los humildes". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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