La renuncia de Rosales

Todavía no tiene fecha pero es segura. El hombre no ronda los 30 puntos y antes de embarcarse en ese papelón prefiere apegarse al guión de la renuncia tempranera, que se ampare tras un supuesto fraude y una posterior presunta ausencia de legitimidad del proceso, para quedar bien ante su público y reservarse así para futuras "glorias".

No hay encuesta que sugiera que puede hacer un decoroso papel, equivalente a las movilizaciones alcanzadas por la oposición durante el referendo de agosto 2004. Sólo suma los votos radicales del antichavismo puro, porque ni su imagen ni su discurso (o más bien su ausencia de discurso) son capaces de atraer ni un solo simpatizante. Quienes votarían por él lo harían sólo porque no les queda más remedio. Como candidato no convence ni a los zulianos. Rosales no ganaría ni en su propio patio y él lo sabe.

¿Cuál es la apuesta entonces? ¿Cuál es la jugada que queda? El magnicidio, recurso de los extremistas, siempre está rondando en el ambiente y lo seguirá estando mientras el juego se tranca. Les queda también la opción del caos, intentada ya en diversas formas en el pasado, pero que siempre genera descontento: las guarimbas, las manifestaciones de calle, las bombas en embajadas, los paros, la basura que se recoge pero que vuelve a amanecer multiplicada, los sabotajes al tren, al metro, a las obras del gobierno e, incluso, el autoatentado. No estoy diciendo que
Rosales cometería un "autosuicidio", pero ésa podría ser también una estrategia de ese peligroso sector de la oposición que se juega el todo por el todo, que no cree en procesos electorales, ni en democracia, ni en nada distinto que no sea el control absoluto del poder por parte de ellos: un atentado a Rosales sería la excusa perfecta para generar un clima de conflictividad interno que se perciba fuera como una implosión.

Rosales debería estar prevenido. Debe pensar que de sus propias filas puede salir un disparo hacia él. Pero más que cuidarse él mismo, le corresponde al chavismo hacerlo.

Los llamados cuadros cercanos al Presidente tienen dos hombres a quienes cuidar:
Chávez y Rosales, con el mismo celo aunque por distintas razones.

Mientras el tiempo pasa, el gobernador zuliano (volverá a serlo), que aunque no sea muy docto en el hablar ni se caracterice por un pensamiento brillante, no es tonto; sabe que salir del 3D con las tablas en la cabeza, sin haber alcanzado siquiera la votación del SÍ en el referendo de 2004, sería la tumba para sus futuras aspiraciones políticas; se habría quemado antes de consolidar una carrera política con la suficiente solidez como para intentarlo de nuevo.

Quedaría noqueado en el primer round. Debe estar consciente de que está ahí producto de las circunstancias, porque en realidad nadie calzaba la talla de contrincante y a él le resultaba el trampolín para saltar de los límites regionales a los que se circunscribía su imagen.

Ya ha ganado algo que no tenía: notoriedad, así haya sido a punta de torpezas. Lo importante para Rosales sería que deje de continuar restando y de estar escuchando a sus ex compañeros de partido quienes, ya fuera del juego, sólo quieren que la contienda no termine bien, para ellos seguir existiendo a punta de caos.

mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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