Paz o violencia a la carta y el chef es Julio Borges

Los venezolanos vivimos del 8 al 15 de julio un periodo de paz como teníamos tiempo que no disfrutábamos. El pueblo pudo salir de compras, de paseo, ir al médico sin temor a encontrarse en el camino con un grupo de hampones encapuchados que le impidieran circular o peor aún, que lo asaltaran, lo apedrearan o lo quemaran vivo.

Lamentablemente este lunes 17 volvimos a la triste realidad de una violencia criminal con la quema de unidades de transporte, saqueos, asesinatos, destrucción de escuelas, quema de seres humanos, atracos, acoso, cobro de peaje y pare usted de contar.

Ante el retorno del desmadre cabe preguntarse ¿Cuáles son las causas por las cuales después de más de tres meses de violencia desbordada, vivimos una semana que nos hizo sentir como si el país entero fuera un gran Spa? y ¿Por qué el retorno de la violencia?

Ambas situaciones demuestran que la oposición venezolana planifica la violencia, los asesinatos, los incendios y todos los actos que mantienen aterrados a millones de venezolanos. Pararon por una semana porque les convenía. Querían hacer la payasada del plebiscito y necesitaban que la gente tuviera la sensación de que podía asistir a sus centros de votación sin peligro.

Lo anterior refleja con claridad meridiana que la violencia y la muerte responden a las decisiones de los líderes de la MUD. Sus terroristas actúan o "descansan" en función de las instrucciones que de ellos reciben, evidenciando así el control que Julio Borges, Freddy Guevara y otros tienen sobre los hampones.

Resulta por lo menos ridículo, la tesis que algunos funcionarios del gobierno y toda la oposición sostienen, según la cual esos dirigentes no pueden ser detenidos y encarcelados, pues no existen pruebas de que personalmente hayan asesinado a nadie. Hitler no asesinó personalmente, pero era indudable su responsabilidad en millones de muertes.

La autoría intelectual del terrorismo que padecemos quedó demostrada con lo ocurrido la semana pasada.

Nos preocupa que el temor a una invasión o a sanciones económicas nos mantenga paralizados, pues es como no disparar al violador (teniendo un arma a la mano) por temor a que la familia del mismo tome represalias.



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Alexis Arellano


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