Maravillosas pero reales historias de Superman en Venezuela

Producto de una meticulosa revisión (que la oposición ilustrada viene haciendo al registro electoral del CNE) parece estarse cultivando un delicado y peligroso escándalo.

Resulta que el citado registro contiene no uno (1) sino dos (2) ciudadanos venezolanos que llevan el sugestivo nombre de Superman.

Según certifican los archivos, el primero se llama Superman Ramón Valor Pérez.

El segundo se llama Superman Quintero Velásquez.

Apenas difundida la noticia, nutridos grupos de chavistas, neo-chavistas y bolivarianos se han venido agrupando en plazas, municipios y cuarteles de todo el territorio nacional para certificar que el “Superman Valor” es “el propio”, “el compatriota”, “el camarada”, el “antiescuálido por excelencia”.

El otro no.

El Superman Quintero Velásquez presuntamente sería un escuálido redomado.

Un abierto y campechano amante de golpismos, tumultos, bochinches y asonadas.

Por otro lado, cables internacionales reportan que no faltan opositores que le estén saliendo al paso a estos murmullosos rumores, argumentando que “Superman Valor” no ha sido (ni podría ser jamás) oficialista o gobiernero, independientemente de sus ya célebres conexiones con el fachendoso cuartel de policía de Metrópolis.

Luego de puntuales pesquisas la Sociedad Interamericana de Prensa acaba de puntualizar que Superman Valor no es un nombre de pila sino un habilidoso pseudónimo que el susodicho por lo común usa para encubrir su real y verdadero nombre.

Directivos de esta acreditada organización internacional acaban de revelar que Superman no es sino el nombre de combate de un señor cuya partida de nacimiento claramente reza Clark Kent.

Al punto, varios de los directivos de la Sociedad acaban de certificar que podría tratarse de un conocido y destacado periodista alternativo asociado con la villa turística de Regalotrópolis.

La organización Súmate termina de agenciar hace pocos minutos que este señor Clark se viene escudando tras la discreta identidad de Superman Valor para socorrer (sin ser identificado) a mendicantes del centro de Caracas; e instigarlos luego a asediar respetables casas de familia en el este de la ciudad.

Clark Valor se escuda tras la identidad de Superman para “hacer cosillas y rubieras” sin ser identificado, reportaron hace minutos altos personeros de Primero Justicia.

Temeroso de salir de actualidad, el acreditado politólogo adeco Carlos Delgado Chapellín también acaba de declarar sobre el caso.

Utilizando listas secretas que guarda desde tiempos del nacimiento de la cabra mocha de Josefita Camacho, el mítico personero electoral acaba de facilitar el tubazo según el cual se podría descifrar el misterio:

“Clark Valor es hijo natural de los llaneros Jonathan y Martha Clark, y no hijo adoptivo proveniente del cantón barinense de Kripton”, han recientemente asegurado el líder en compañía de ex-autoridades del Instituto Nacional del Menor.

Según Chapellín, la apacible población barinense de Kripton peligraba con ser destruida en su núcleo por una pírrica pero pornografiquísima asonada guerrillera.

Y aun cuando sus habitantes sabían del peligro, nada podían hacer puesto que abandonar el cantón les habría significado seguramente la muerte.

Los pobladores de Kripton contrataron entonces a un afamado científico llamado Kem-L (a la postre conocido como Carlos Andrés Pérez) para evitar que los kriptonianos abandonaran el caserío en un quinquenio en que el autoexilio en Miami se decía que iba a solucionar muchos (sino gran parte) de los principales problemas que cierta clase media reputaba que padecía el país.

Entonces Carlos Andrés Pérez, o para nombrarlo con su verdadero y muy castizo nombre de pila, Kem-L, al parecer creó un poderoso artefacto conocido con el nombre de El Erradicador.

A pesar de que sus propósitos eran otros-muy-inconmensurablemente-diferentes, con este artefacto presuntamente confeccionado en la ciudadela de Washington, Kem-L (es decir CAP) extirpó sin quererlo la estructura genética indolente adeco-copeyana de buena parte de los venezolanos.

El resto es historia conocida.

Superman Valor, también luego conocido como Superman–Pueblo se negó a aterrizar como atemperaba Washington en la postmoderna y post-social villa de Small-Ville.

De cara a unas nuevas elecciones presidenciales en Metrópolis falta todavía saber quienes serán ahora los nuevos y leales super-amigos de Superman–Pueblo.

Analistas en relaciones fraternales dudan que sus nombres se asemejen a los ya clásicos: Jimie Olsen o Perrie White.

Lo que sí sigue claro es que el enemigo a vencer mañosa y camaleónicamente como de costumbre va mutar y variar de nombre.

Pero las mayorías distinguen que tras tantos cambios, manejos, trapicheos y complots no está sino el verdadero patrón del circo:

Lex Luthor.



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Luis Delgado Arria


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