Base de operaciones

**** La polémica, como ataque y defensa entre partes en conflicto, abunda en nuestro medio, lo que es inexistente es el debate como confrontación de ideas.

Elías Pino Iturrieta, un historiador que ha enriquecido el conocimiento de la relación entre el pasado y el presente venezolano, se queja, en artículo publicado el 13/5/06, de la ausencia de polémica en la actualidad nacional. Su pieza periodística es un mentís a su clamor. Quizás no ha habido otra etapa en nuestra historia en la cual las acciones de ataque y defensa, típicas de la polémica, hayan sido más abundantes que la que vivimos hoy. Lo único que no se ha concretado, como pasó el siglo XIX, es la guerra civil abierta. Tal vez el lamento de Pino señale su frustración por que no se volviese a esos tiempos, cuando la oligarquía nacional hizo pingues negocios con las matanzas entre compatriotas, así como hoy ocurre en Colombia. Pero sería injusto atribuirle al distinguido académico esa perversa intención. Probablemente tuvo una digresión lingüística. Confundió la palabra polémica con el fonema debate. Y sí esa desorientación ocurrió, habría que estar de acuerdo con su queja. En nuestra actualidad no hay una discusión razonablemente conducida sobre la política que impulsa el gobierno nacional.
Pero esta situación no es culpa del gobierno, y de quienes apoyamos semejante política, como lo acusa Pino. Son bastantes los argumentos teóricos y prácticos que los voceros oficiales, empezando por el Presidente, y los de analistas, estudiosos y comentaristas comprometidos, para soportar las decisiones que informan las políticas públicas. Y frente a ellos no hay respuestas sustentadas en demostraciones apoyadas por especulaciones o conocimientos universalmente validados. Ni las propias glosas de Pino, de los cuales soy un asiduo lector, llenan los extremos exigidos para un planteamiento serio en un debate, tal como lo aprendí cuando practicaba la apologética, durante la primaria, en el marco de los estudios de religión conducidos por los hermanos de La Salle. Son meras descalificaciones personales dirigidas a desprestigiar al oponente y no a rebatir sus argumentos.
Nadie presenta razones para desechar el socialismo como orientación de la política gubernamental que proyecta una reorganización de la sociedad sobre bases colectivistas. Tampoco se presentan consideraciones adversas a la idea de la multipolaridad con fines al balance del sistema internacional, como mecanismo para reducir la conflictividad. Ni siquiera hay opiniones sobre la desconcentración del poder, adelantada para modificar la tendencia previa a la descentralización, conducente a aglutinaciones regionales y locales de poder con el fomento de los cacicazgos. Eso sin entrar en temas concretos como la cuestión del petróleo, las drogas, el terrorismo, etc. Es una carencia de crítica que contribuye a mantener el error, si está presente en las políticas públicas, sólo explicable sí el fin de esa conducta es la destrucción del Estado. Una posición igualmente compartida por el comunismo y el capitalismo neoliberal.

alberto_muller2003@yahoo.com


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Alberto Müller Rojas*


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