Lo que hay detrás de las barricadas, guarimbas, guayas y la amenaza de guerra civil

Nicolás Maduro atraviesa el momento más peligroso e inestable de su mandato presidencial. Si en abril de 2013, Capriles y sus seguidores enfurecidos hicieron temblar las instituciones del país con hechos de violencia, ahora en febrero de 2014 la amenaza es que esa violencia instigada por Leopoldo López permanezca por tiempo más largo y obligue a cualquier grupo poderoso, dentro o fuera de Venezuela, a exigir un gobierno que garantice paz, vale decir, un bien valioso que perdimos por culpa de elites perversas.

Tres sucesos han hecho de López en un personaje famoso. El primero nace de las acusaciones de Diosdado Cabello por los presuntos cheques que la madre de López, para entonces gerente de PDVSA, otorgó a favor de la organización Primero Justicia dirigida por su propio hijo, en asociación con Capriles, Julio Borges y otros amigos. Ello le permitió llegar a consolidar su partido político.

El segundo gran suceso en la vida de López, fue su participación en el golpe de Estado de 2002, donde fue protagonista de las imágenes televisivas más grotescas que nuestro pueblo ha conocido, tales fueron las detenciones ilegales del gobernador Tarek William Saab y el ministro Ramón Rodríguez Chacín, así como el brutal linchamiento de este último.

El tercer evento, es su turbulenta relación con Capriles, pues empezaron como grandes amigos, luego se distanciaron, para más tarde volver a juntarse hasta la llegada de una nueva ruptura. La amistad parece no ser un sentimiento arraigado en López, quien se ha autoproclamado descendiente de Simón Bolívar y como buen hijo de familia burguesa millonaria, se graduó en las universidades de Harvard y Ohio, donde no tenemos acceso los hijos del proletariado.

Pero el éxito no se compra, así que cuando López jugaba a ser candidato presidencial en 2012 y repetía como un loro que iba a construir "la mejor Venezuela", (porque así se lo recomendaban sus asesores agringados de marketing político) fue Capriles (cuando era fuerte) quien se impuso y fue candidato contra un Hugo Chávez pero físicamente destruido.

La campaña de López nunca levantó vuelo y terminó anexándose a la candidatura de “Hay un camino”. Entonces nació un burlesco juego de palabras con montajes fotográficos en internet, fueron fusionados López y Capriles, y se fabricó el personaje “Capoldo”, una suerte de zombi al estilo Frankenstein, que según Henry Ramos Allup, tenía aptitudes de lechuguino, sifrino, petimetre y ultramontano. La reconciliación de Capriles y López duró muy poco. Hoy López protagoniza su revancha, pero no tendrá gasolina para llegar al 2019 como hipotético candidato presidencial, porque hay zamuros (y zamuras) que esperan verlo caer.

Aunque se ha entregado a la policía, López no pasará mucho tiempo preso, el alto mando revolucionario sabe que López dentro de la jaula hace mucho más daño que libre, ya que como mártir o víctima influye más en sus juveniles seguidores.

Respecto a la responsabilidad de López como actor político, esta luce clara a partir de sus reiterados y sucesivos llamados a concentraciones públicas que rápidamente degeneraron en violencia fatal. Entonces, en el plano político, López, por su poder de convocatoria, su notoriedad, su presencia en poderosos medios de comunicación, realmente hizo uso premeditado de herramientas que terminaron causando violentas protestas.

Se agregan como circunstancias agravantes, el conocimiento de López sobre los peligros inherentes a tales manifestaciones callejeras. Sobre todo, una vez ocurridas las primeras calamidades con estudiantes universitarios, López prosiguió su llamado a manifestar, lo que revela una acción continuada y reiterada que lo ratifica como notorio propiciador de tales eventos con resultados trágicos que eran previsibles, pero que sin embargo no persuadieron al agente (López) a desistir o postergar su enfurecido llamado a más marchas.

Finalmente, con su entrega a las autoridades venezolanas, López ha pretendido parecerse a Chávez durante el 4 de febrero de 1992, es decir, realiza un acto heroico para ser visto por todo el país y consolidarse como nuevo redentor y fuente de esperanza para los ciudadanos. Hasta el momento, la estrategia de extrema derecha triunfa en la opinión pública. La Revolución Bolivariana no debería subestimar a López, mucho menos a sus aliados gringos que exigen que su liberación.


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Jesús Silva R.

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

 jesussilva2001@gmail.com      @Jesus_Silva_R

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