¡Qué decepción, Eduardo!

Cuando el doctor Eduardo Fernández, como candidato de Copei se enfrentó a la candidatura adeca, cuyo abanderado era Carlos Andrés Pérez, se posicionó en el corazón de muchos venezolanos como la salvación del país de caer de nuevo en manos de un megalómano que ya había sido presidente con nefastas consecuencias políticas y económicas, que después de manejar los ingresos petroleros más altos del siglo, entregó el gobierno al sucesor, doctor Luís Herrera, en total bancarrota, y endeudado hasta límites alarmantes. En realidad no pudo ganarle a CAP, quien supo sacar provecho de los errores del gobierno del Dr. Herrera, a pesar de que fue mejor que el suyo en muchos aspectos, pero el electorado se inclinó por la insustancial oferta electoral adeca de “esas manos que ves” y “con los adecos se vive mejor.” No obstante, el caudal electoral que le dio respaldo al Dr. Fernández fue extraordinario, pero lo despreció, lo arrojó por la borda al manifestarse abiertamente en respaldo del ya caído en desgracia del megalómano, contra toda lógica, pues el pueblo, desde el 4-F y el premonitorio “por ahora” del comandante Chávez, hizo suya la promesa de patria y la esperanza que éste representaba.

Todos sabemos el papel de bajo perfil del Dr. Fernández a partir de 1993, cuando nuevamente fue electo presidente el Dr. Caldera. Es de notar que ni siquiera tuvo apoyo interno en copei para ser su abanderado; sin embargo, ese bajo perfil llegó a ser interpretado como un deslinde de la nueva manera de hacer política de quienes asumieron el rol de liderazgo opositor (Capriles, López, la amargada, Ledesma, Rosales, etc.) El mismo Chávez manifestó complacencia por haber tenido ocasión de hablar de manera franca y cordial e incluso referirse a esta entrevista como auspiciosa para la democracia venezolana y sin mezquindad alguna le pidió que encabezara una oposición critica, constructiva, pero el Dr. Fernández no quiso o no pudo liderar, ni siquiera en copei, una fuerza opositora que realmente se convirtiera en alternativa democrática, o por lo menos suficientemente apegada al espíritu democrático de la Venezuela de todos.

Esa confianza y credibilidad que estaba por recuperar tan solo por mantenerse callado, la boto de un puntapié en la entrevista que le hizo recientemente su tocayo Eduardo Rodríguez en el espacio que conduce por Venevisión, donde terca y obstinadamente machacó la matriz que tratan de posicionar los Violentos cabecillas del fascismo con apoyo mediático, que el que mata, hiere e insulta chavistas revolucionarios, el que destruye las obras de infraestructura construidas con cuantiosas inversiones, el que ataca la residencia de uno de los gobernadores de la revolución, el que criminaliza aviesamente los colectivos sociales y agrede a la Fiscal, destruyendo el edificio sede de la fiscalía y el resto de poderes públicos, es precisamente el chavismo, es decir, gobierno, porque este gobierno es chavista, revolucionario y antiimperialista a pecho descubierto, no como un dogma sino como cultura, porque ya tiene espacio propio en el folclore, en el arte, el deporte, la intelectualidad, los colectivos sociales, los consejos comunales y comunas, la afrodescendencia, la sexodiversidad, el periodismo ético, buena parte de la clase media, los trabajadores, buena parte del estudiantado, la juventud y adultos mayores y la gran mayoría de los sectores populares; es decir, la mitad pico de garza de los venezolanos que quiere estudiar, trabajar, desempeñarse libremente en la profesión u oficio de su preferencia sin limitación ni restricción alguna, con la máxima libertad e igualdad de oportunidades y condiciones para todos; así que es el menos interesado en la violencia y la desestabilización.

En definitiva, el Dr. Fernández abierta o ladinamente dejó claro de qué lado está, sin asomar siquiera un llamado a la paz a los violentos ni pronunciarse en contra de sus métodos de protesta, al contrario se solidarizó con ellos, a pesar de los muertos y heridos causados por las hordas de perfumados, bien montados y vestidos con ropa cara, propia de aquellos que juran que lucir ropaje y calzados de marca y oler a perfume francés es sinónimo de “clase alta, selecta", pero en cambio las cases populares son objeto de descargas de odio de diferentes formas y por los distintos medios a su disposición en todo el mundo, desde las redes sociales hasta los medios audiovisuales, auditivos o escritos, con repercusión mundial. Con todo esto se hizo solidario el Dr. Fernández, a quien por cierto apoyé, convencido que era la única opción para cerrarle acceso a un nuevo gobierno adeco, pero no tomó en este momento, a mi criterio, la decisión conveniente, tanto a su otrora liderazgo, como a la democracia vigente en Venezuela que tanto empeño por desestabilizar pone el fascismo.

Para finalizar, debo interpretar la intención implícita en la señalada entrevista de meter el neoliberalismo de contrabando, que no otra cosa es el llamado a la no intervención del estado en los asuntos de producción e industrias nacionales, así como el comercio de los insumos básicos de bienes y servicios. Lo que se traduce de su “receta”, es un llamado a dejar completamente en manos de la voracidad del mercado al noble y heroico pueblo venezolano. Rechazo categóricamente esas pretensiones e invito a los comunicadores de Zurda Conducta y al filósofo Pérez Pirela a mostrar en sus programas el video de parte de esa entrevista, debidamente comentada.

¡Ah! Dr. Fernández, en verdad las manifestaciones opositoras no son tal cosa, simplemente son bandas de criminales, en pequeños grupos focalizados, con tendencia a la destrucción, esas que Ud. llamó grandes movilizaciones de protestas pacíficas. Manifestaciones de paz son las chavistas, esas que Ud. alegremente descalifica y desprecia, sin mencionar los cientos de miles de.movilizados en respaldo entusiasta y alegre a la Revolución Bolivariana.

P.D. A solo minutos de haber enviado el correo contentivo del texto de este artículo, transmitieron la noticia de la muerte de una humilde trabajadora de una pequeña empresa textil comunitaria a manos de una horda de fascistas que disparó a mansalva contra los integrantes de la misma...



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Manuel Balza González


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