Entre el chingo y el sin nariz

La gente no puede aguantar tantos cambios de seña sin sentirse confundida. Primero, le decían vota NO contra la Constitución, ahora aférrate a ella porque ese es el rumbo.

Vistas las cosas, los seguidores de la oposición no tienen de dónde agarrarse. Es que seguir una causa que se fundamenta “ideológicamente” en el hecho simple de estar en contra de algo y no a favor de un proyecto determinado, necesariamente tiene que generar contradicciones entre los distintos matices que allí conviven.

Hemos presenciado las consecuencias: los radicales, los ultrosos de la derecha, llaman a tomar la calle, a retornar al camino de los recovecos que permitan salidas rápidas, en lugar de las constitucionalmente establecidas. Por el otro lado, cada día más solo, está Capriles y su Primero Justicia, asegurando que no está de acuerdo con los “atajos”. Él no tuvo escrúpulos en 2002, no una sino varias veces, en escoger los retorcidos senderos del golpe, del sabotaje, de la violación de territorios diplomáticos y un largo etcétera que pasa por la privación de la libertad de un ministro y de un diputado. Pues, ahora, visto el fracaso de entonces, se acoge al libro azul de Chávez y toma distancia de los guarimberos.

La gente no puede aguantar tantos cambios de seña sin sentirse confundida. Primero, le decían vota NO contra la Constitución, ahora aférrate a ella porque ese es el rumbo. Antes los arengaban a tomar las calles y no abandonar sus espacios y acto seguido los mandaban a votar, ante un organismo al que por lo demás calificaron, en incontables ocasiones, como amañado, vendido, ineficiente y otro etcétera, tan largo como el anterior.

Quienes fueron a la plaza Brion de Chacaíto, ¿cuánto mide ese espacio, por cierto, y cuánta gente alberga?, volvieron con el discurso de la candelita, del “calentamiento” de asfalto y ese montón de frases que, de tan usadas, dejaron hace rato de tener sentido frente a ese mar de gente desorientada a la que lo único que identifica es el antichavismo radical, como a nosotros el antioposicionismo militante del que cada día estamos más convencidos. Si no fuera porque el chavismo existe y sigue vivito y coleando, entre ellos se habrían producido sonoras rupturas, muchas lunas atrás. Ese matrimonio obligado está condenado a disolverse.


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Mariadela Linares


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