Frunce los labios como culo de gallina: Yo nunca lo he irrespetado...

Al tiempo que dice que no lo irrespeta Capriles exclama: Pero dejen la lloradera que nadie se los va a devolver.

Capriles tiene la peregrina idea de que cuando él se muera lo llorarán más que a Chávez.

Se siente profundamente herido por el amor que el pueblo le expresa al Mico, y de allí su especiosa bajeza cuando expresa: nadie se los va a devolver o cuando asegura que no se sabe el día en que murió el Presidente.

Pero observen muy bien, cuando después de haber metido la pata trata de remendar el capote haciendo maromas ridiculísimas verbales; con qué melosidades procura convencer a sus locos de que él es muy educado, fino y decente, incapaz de proferir una ofensa a nadie, él que en sí es la representación más vulgar y escandalosa de todo lo contrario de nuestro amado Comandante.

Como un muchachito mimado, llorón, malcriado Capriles revolotea con sus memeces haciendo eses con las manos, mirando a los lados como un repartidor de cartas en un casino, y con una falsedad en sus ojos y sus gestos que dan náuseas. Hay algo en él que es puro cloqueo de irreverencia ridícula cuando salta a defenderse y a tratar de atacar; algo fofo y melifluo que en su lengua se traba con un pertinaz clo... clo... clo..., a la vez que sus labios se aguzan como flauta, que todo en él acaba en un fruncir de culo de gallina en su labios, de una miasma que procura soltar pero que no suelta. Todo un resoplar de palabras que acaban en meras pamplinas.

Yo no lo irrespeto, dice, pero aclara que apoya a los mayameros exiliados y que celebraron con fruición enloquecida la muerte del Comandante.

Yo no lo irrespeto, dice, pero exige la libertad del asesino Simonovis, de todos los comisarios que dispararon a mansalva contra el pueblo concentrado en Puente Llaguno.

Capriles defiende a los asesinos de Danilo Anderson.

Yo no lo irrespeto, dice, pero sigue con la cantaleta de que el gobierno recibe órdenes del tirano de Cuba, y que continuamos con la regaladera de petróleo.

Para que Capriles no sea capaz de irrespetar a Chávez tendría que cambiarse el sistema cerebro-espinal, y así y todo...

Dejémonos de pendejadas, pero la sola presencia de Capriles donde sea es el mayor irrespeto a la soberanía de Venezuela y a la memoria del Comandante.

Porque para Capriles, se ha cansado de decirlo, «Chávez fue un dictador hambriento de poder que despreció el estado de derecho y el proceso democrático», empeñado en «una carrera catastrófica hacia el control estatal de la economía, la militarización de la política, la destrucción de sus adversarios, el coqueteo con regímenes parias, el antiamericanismo y programas sociales equivocados que suponen un grave retroceso para Venezuela».

¿Como coño no podría irrespetar este guiñapo la memoria gloriosa y sublime de Chávez?

Capriles y su MUD ha proclamado a los cuatro vientos que Chávez fue «un autoritario cuya visión y cuya política fueron rotundos fracasos y una grave amenaza para su propio pueblo, sus vecinos latinoamericanos y los intereses de EEUU».

¿Cómo no va él a irrespetar al Comandante cuando siempre lo catalogó de ser autócrata, un megalómano y un tirano igual que Fidel o Gadafi, con la misma posición de todos los agusanados que viven Miami?

Porque la posición de Capriles es la misma de Patricia Poleo y de su padre Rafael Poleo quien dijo que a Chávez lo iban a colgar como Mussolini.

Porque Capriles aboga por todos los delincuentes que dieron el golpe del 11-A y montaron el paro petrolero.

Porque capriles adora a Globovisión el maldito canal que también tiene mucho que ver con la muerte del Comandante.

Porque Capriles llama parásito a los millones de venezolanos que acuden a la Academia Militar para honrarlo, y ahora el Majunche se arrecha cuando ve que lloran con pasión sincera a su adorado líder. Capriles dice que todas esas colas están formadas por delincuentes muertos de hambre.

Porque Capriles dice que todo lo que hizo Chávez fue por su propia vanidad. Un caudillo autoritario que secuestró el Estado y las instituciones.

Y así y todo Capriles sale a los medios a decir que él no ofendió a la familia del presidente, y con toda la careta de su alma, con el tufo de su manierismo insultante:Si hay alguna palabra que yo haya dicho que ofenda a la familia del Presidente o que lo ofenda a él, yo públicamente me retracto.

Su maldito y pertinaz jueguito de palabras.

Y encanalladamente vulgar le dice al Presidente Maduro: porque ahora te da por sentarte a verme... sal nuevamente a responderme- y trata de atacar como una rata-:Y te lo diré muchas veces Nicolás, el problema eres tu. Ya llevas cien días en el gobierno y metiste 50% de devaluación, un paquete pues, y todo lo que has hecho es esconderte en la imagen del Presidente.

Siendo todo en Capriles el resumen de la bajeza más infame y vil, siendo el más desesperado representante de toda la bazofia más repugnante de la ultra-derecha nacional e internacional, tiene el caradurismo de sostener que él en 14 años jamás ha dicho una mala palabra para ofender, pese a haber recibido todos los insultos pero no hay una palabra mía que ofenda a la familia del Presidente Chávez.

Y remata frunciendo sus labios: no hubo información para darle tranquilidad a los venezolanos.

El monumento más enorme y horrible de irrespeto al Comandante, chillando para proclamar que él nunca lo ha irrespetado. Qué cara. Pero así son todos ellos.

jsantroz@gmail.com



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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