Geografía y gramática de la hipocresía episcopal

Cada surco del rostro humano es la sedimentación lenta de un sinnúmero de emociones sentidas: alegrías, penas, frustraciones y miserias. El rostro es la fachada o la pantalla de la personalidad del individuo. Los surcos constituyen su accidente geográfico más acentuado y su gramática la conforman sus expresiones faciales. Estamos realizando un pormenorizado estudio de los rostros de conocidos miembros de la IGLESIA CATÓLICA venezolana, como los Cardenales Lebrún, Castillo Lara, Velasco y Urosa Savino, al igual que los obispos Baltasar Porras, Ubaldo Santana y los sacerdotes Luís Ugalde, Armando Janssens, entre  muchos otros. Se trata de un análisis científico de los RICTUS, CEÑOS, MUECAS, MOHINES y GESTOS de los altos prelados de la Conferencia Episcopal y del alto clero católico venezolano.

Desconocemos si la semiología, ciencia que estudia los diversos sistemas de signos de comunicación en los individuos, tendrá alguna rama que estudie los signos faciales. Existe la  grafología que estudia la personalidad de las personas a través del examen de su escritura. Y también existe, aunque poco conocida, una ROSTROLOGÍA, cuyo tema de investigación es el análisis social del rostro humano, como parte de la sociología del cuerpo. Pensamos escribir un libro, en varios volúmenes, sobre este tema, un tomo dedicado al período 1958 – 1998, donde el Cardenal Lebrún será el centro del estudio, un segundo tomo, que se iniciará en el año 1998, con los Cardenales Castillo Lara y Velasco, un tercero, que se llamará “Arquetipos y estereotipos del rostro clerical venezolano” y un cuarto, síntesis de los tres anteriores, que identificaremos como: “Geografía y gramática eclesiástica: una semántica de la decadencia”. Una tarea que nos llevará varios años y a la cual nos dedicaremos con pasión.

Si bien, haremos algunas referencias históricas, como la conocida alcahuetería del Cardenal Lebrún con Blanquita Ibáñez o la firma pública del Acta de Carmona por parte del Cardenal Velasco, nuestra investigación se circunscribirá al análisis de ROSTROS. La leve inclinación de la cabeza, siempre “agachada” (a diferencia de la cabeza “alzada”, propia de la autosuficiencia burguesa), sus giros ligeros, la tenue oclusión ocular, la casi imperceptible sonrisa, el uso pausado de los labios, el ceño parpadeante. El rostro clerical tiene una evolución morfológica limitada, si analizamos su desarrollo en los últimos 100 años, que pudiéramos caracterizar como propia del fenotipo “obispo”. Muy distinta al fenotipo “cura de barrio”. Algunas morfologías ya han sido estudiadas (Breton, 1989) y han sido calificadas como las morfologías del “yo no fui”, del “mosquita muerta” y del “pisa pasito”. Describen un rostro inerte, de expresividad escasa o nula, y de semblante neutro.

Todas estas morfologías que aquí detallamos, en estrecho resumen, nos llevan a descartar el estereotipo “santidad” que, interesadamente, ha querido atribuírsele al rostro clerical. Los arquetipos más frecuentes se asemejan, más bien, a modelos característicos de la soberbia, la hipocresía, la mentira, la mezquindad  y la falsa conciencia. Signo de esto lo encontramos en las recientes declaraciones del Cardenal Urosa Savino. Sus alusiones al “socialismo marxista totalitario” contrastan con su incapacidad absoluta de reconocerle al gobierno actual logro alguno y la ausencia total de valoración crítica de la IV República.

Todo esto se expresa, morfológicamente, en su rostro y conforma, tesis central de nuestra investigación, lo que hemos denominado como una SEMÁNTICA DE LA DECADENCIA.


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Reinaldo Quijada


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