Consideraciones sobre las razones de una marcha para este 27 y de una consigna que a muchos molesta

La crisis del chavismo y el 27 F

La rebelión del 27 de Febrero del 89 no solo constituyó un acontecimiento político que dejó inválida de legitimidad que gozaba el régimen bipartidario instaurado por AD Y COPEI. Su fuerza, su expansión nacional en menos de 24 horas, la capacidad combativa que allí emerge, el despliegue de defensa que se instaura en los días posteriores, dicen mucho mas de ese acontecimiento. En ese momento se inaugura en este país un nuevo momento político de pueblo, un nuevo código de lucha, de muy largo alcance en la verdad que el mismo dejó sembrada: sembró en definitiva una nueva cultura y un nuevo sujeto político. El 27 F es el comienzo del desarrollo de una nueva subjetividad, particularmente asentada dentro de los movimientos populares, que rompe radicalmente con la premisa representativa y superestructural de la política. El 27F es un levantamiento contra toda la clase gobernante, contra su proyecto de sociedad y contra la idea en sí de una “sociedad gobernada” por ella. O para ser mas sencillos, de una sociedad donde unos gobiernan y otros obedecen, bajo los paliativos normativos de la “representatividad”. Es una crítica gigantesca a todos los postulados de legitimación del estado burgués, y por añadidura, una crítica a las visiones instrumentales del mismo (quien lo tiene en sus manos lo utiliza a sus intereses de clase) que el mismo marxismo, o gran parte de sus corrientes internas, había ayudado a fortalecer. Una aproximación casi inexplicable a lo que será ya en la década de los 90 el hilo invisible que va a conectar todas las grandes rebeliones populares en el mundo: la de los indígenas ecuatorianos desde el 91, la caída de la URSS, las intifadas Palestinas, la de los zapatistas en el 94, la de Seattle, Génova, hasta llegar a la rebelión argentina del 2001, inaugurando todas ellas una nueva fase abismalmente distinta del ser y el quehacer del movimiento revolucionario mundial. Jamás en nuestra historia republicana la masa popular había actuado “sola” rompiendo la normal continuidad histórica, es decir, sin un centro de dirección política que conduzca sus acciones. Lo que no quiere decir que ello sea una virtud en sí, mucho menos una justificación de la ausencia de dirección, quiere decir simplemente que allí nace una nueva era en la relación dirección-masa donde se despiden las viejas distancias centralistas y se funden en una fuerza colectiva del común, del pueblo como colectividad política, inteligente y autoorganizada. La “Asamblea de Barrios” organizada en Caracas entre el año 91 y 93, y la consigna estratégica que la cohesionó: “No queremos ser gobierno, queremos gobernar”; ella y el espacio de la asamblea fueron posiblemente la consagración literaria y organizativa, de la nueva verdad política naciente. La fuerza y trascendencia de ese movimiento del 89, está precisamente en su capacidad de producir un fenómeno político inaudito entre nosotros que además no pudo ser rescatado en lo inmediato por vanguardia o populismo alguno, por el contrario, fue la génesis de una nueva vanguardia mucha mas difusa y fragmentada para entonces que puso las bases del proceso revolucionario bolivariano.

Por supuesto la verdad que allí se inaugura no esta ausente de vacíos y ausencias de camino, de política. Por el contrario, ese mismo fenómeno en los años noventa progresivamente se convierte en una máquina colectiva que produce desde ella un liderazgo unificante en Hugo Chávez y posteriormente lo que hemos denominado “chavismo”. En otras palabras no se desarrolla como movimiento de clase, movimiento de los comunes que produce su propia fuerza y vanguardia colectiva; en definitiva, que se hace poder con fuerza, organicidad y movilidad propia. El movimiento en sus vacíos termina por acudir a un liderazgo externo el cual intenta hacerse idéntico a él y conducirlo (no puede ser distinto ni distante, mucho menos representativo, porque eso sería ir en contra de la propia verdad del 27F). La lealtad a la rebelión del pueblo se resignifica en la lealtad al líder quien, en principio, servirá de vocero e instrumento político de esa verdad del 27 de febrero. Todo esto nos explica el espíritu archidemocrático, horizontalista, autogobernante, y paradójicamente muy caudillista, del movimiento bolivariano ya extendido popularmente y su derrotero desde el 98 convertido en “gobierno constituyente”.

Pasemos por alto los detalles, pero es evidente que la conspiraciones de derecha y las agresiones imperiales que se inauguran en el 2001 y duran hasta hoy, por lógica de negación y cohesión frente al enemigo mayor, no hicieron otra cosa que solidificar este fenómeno. Es una solidificación que verticaliza el movimiento popular, prácticamente lo militariza, sobre el mando único del líder atacado, y que no es otra cosa que un ataque directo no a la persona sino a la revolución popular y democrática que él simboliza. Pero ya a partir del 2004 se empiezan a abrir las primeras grietas. Era obvio, el líder no es un líder de un ejército revolucionario que insurge, es el presidente de una república cuyo estado, cuya maquinaria de orden, independientemente de la tensión constituyente que presiona por transformarlo radicalmente, al no ser resquebrajado en sus estructuras propias y básicas: el capitalismo rentista, monopólico, dependiente, burocrático y corrupto que heredamos de todo el siglo XX, evidentemente que sigue reproduciéndose en incluso agigantándose producto de la solvencia fiscal y financiera que le genera la misma explosión de los precios petroleros. Esto lleva al “chavismo”, y junto con él a todo el movimiento popular y revolucionario que en un 90% se ha mimentizado con él, a una crisis que el 2 de Diciembre del 2007 termina por reventar.

Se devela una crisis que puede sintetizarse en algunos puntos básicos: la imposibilidad de hacer congruente el proceso popular que pulsa por quebrar el orden impuesto con el estado, y más allá aún, con el orden constituido en sus caras institucionales, económicas, militares, representativas, etc. Por el contrario las relaciones entre uno y otro se hacen cada vez mas antagónicas y “odiosas”, y a la final debilitan el propio liderazgo personal de Chávez. Luego, y por consecuencia lógica, la imposibilidad de transparentar las situaciones, de decir las verdades que es necesario decir, de abrir a fondo cualquier orden de discusión, quedándose todo esto en una abstracción teórica permanente, un juego simbólico izquierdista sin materialización en las relaciones productivas y en una bestial manipulación mediática oficilista. El “chavismo” y en contra de sí mismo si quiere, se va convirtiendo así en un despotismo desde sus fronteras hacia el interno, mediado por el chantaje del unitarismo, el enemigo mayor y la debilidad del pueblo. Y luego, por orden lógico igualmente, la imposibilidad de desarrollar ninguna política que sea hecha desde la inmediatez, es decir, hecha de manera lisa, transparente, no mediada por una infinidad de vericuetos burocráticos y de mandos absurdos y desgastantes, que a la final se han convertido en un verdadero “aparato contrarrevolucionario”. Esto tiende a desmoronar toda la filosofía autogobernate original y a instrumentalizar ya no solo el estado sino el movimiento popular mismo. Hace imposible cualquier política de control popular directo, cualquier propuesta productiva transformadora y de fondo, desmorona toda misión social, y a la final convierte en un absurdo cualquier cosa que se parezca a socialismo, emancipación social, democracia revolucionaria, o lo que sea. Así el estado y el orden constituido, sostenido en sus estructuras históricas ya no solo lleva al chavismo a la crisis que hay, sino que destroza la revolución misma. Mientras tanto siguen y siguen poniéndose más mediaciones y allí aparece el PSUV como la mediación mas desgastante, despótica e improductiva; el caso de Luis Tascón independientemente como termine, ya lo dice todo.

¿Qué pasa entonces este 27 de Febrero?. Pues bien que podemos hablar de todo sobre historia, sobre chavismo, sobre rebeliones, pero el hecho es que al desatarse la crisis política igualmente se desatan los problemas, las inmensas demandas sociales y nuevas expectativas políticas, que ya la línea institucionalizante del proceso es incapaz de responder. Hablan trabajadores, campesinos, mineros, barrios, indígenas, enfermeras, maestros, pero eso sí, hablan de su frustración pero nunca de su rendición. Reaparece entonces una verdad que ha sido pisoteada pero que ha sobrevivido en el tiempo gracias a otro tipo de lealtad que no es hacia el hombre sino hacia los sencillos principios que sellaron un momento histórico y que hoy se reactualizan en base a otros horizontes, que no chocan con el liderazgo, simplemente tienden a superarlo. Como es regla desde el 27 F, el pueblo alzado siempre superó a sus dirigencias, o incluso las salvó como fue el caso del 13A. Si hay tiempo para ello, si el enemigo no es más rápido que nosotros, el vacío que ha dejado el chavismo, su propia impotencia para producir las transformaciones necesarias y deseadas, será respondido con la misma verdad pero potenciada. En este caso por toda una experiencia histórica fabulosa que han sido estos últimos 19 años, que en síntesis ha convertido en concientes y militantes de esa verdad que dejó el 27F a millones de compatriotas. Todos estamos invitando al compañero Hugo Chávez a sumarse a esta nueva gesta que apenas despierta desde la campanada del 2D. Los afectos y reconocimiento con él son multitudinarios; a él la decisión de romper o no con una agenda estratégica absurda de fundir antagonismos insalvables, de lo contrario ya sabemos lo que va a pasar. En todo caso y allí nuestra reflexión final, lo que viene es realmente muy difícil y nadie tiene la luz de los tiempos. Aquí no valen ni anarquismos, ni trostkismos, ni maoímos, ni leninismos, ni cristianismos, ni utopismos, ni autonomismos, ni bolivarianismos luminosos, aquí lo único que vale es la ley del pueblo alzado, es él el que pondrá la última palabra, y si no la pone nos jodimos. Pero eso hay que facilitarlo, hay que ayudarlo, hay que provocarlo, hay que organizarlo. Eso también es parte de la verdad del 27F, porque él no nació de la nada, mucho camino, aprendizaje y sacrificio se recorrió antes que él. Hay que crear, inventar Otra Política, pero también hay que movilizarse y luchar de frente. Por eso compañer@s, pueblo que somos, la Asamblea Popular Revolucionaria de Caracas (la misma que nació semanas antes del 11 de Abril del 2002) y como una partícula más de un renacer muy vasto, nos invita a la movilización de este 27 de Febrero. Por eso también, e independientemente de cuanta paja por televisión (gracias Mario por la cuña) y entre pasillos se hable de la consigna: “No queremos ser gobernados, queremos gobernar”, esta es una consigna histórica que vuelve a nacer y a valer como nunca con los retoques propios del hoy. Nuestra verdad no se rinde….o gobernamos entre todos los alzados esta vaina o el fascismo, el mismo miserable que empezó la matanza desde las 4pm del 28 de Febrero del 89 tomará otra vez su espacio genocida.

…¡No hay Pueblo Vencido!.




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Roland Denis

Luchador popular revolucionario de larga trayectoria en la izquierda venezolana. Graduado en Filosofía en la UCV. Fue viceministro de Planificación y Desarrollo entre 2002 y 2003. En lo 80s militó en el movimiento La Desobediencia y luego en el Proyecto Nuestramerica / Movimiento 13 de Abril. Es autor de los libros Los Fabricantes de la Rebelión (2001) y Las Tres Repúblicas (2012).

 jansamcar@gmail.com

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