I. Registro de productores y productoras, y la agricultura campesina

Misión Agro Venezuela

Ante el lanzamiento de la Misión Agro Venezuela y su aplicación inmediata, optaré por postergar la necesaria reflexión sobre la misma en el marco del proceso de cambio del modelo de producción agrícola venezolano, y abordaré la actividad del registro de productores en el ánimo de contribuir con la actuación inicial de dicha Misión. Las preguntas que generaron tal pragmatismo fueron: ¿el instrumento que usaran para el registro de productores y productoras el próximo sábado 29 del mes en curso, será una simple data de ubicación y censo?  ¿O contemplará alguno de los aspectos del riquísimo referencial campesino que ayudarían a caracterizar su multiplicidad de formas de organización social de la producción (FOSP)?  Información esencial para hacer letra viva la, Ley de Seguridad y Soberanía Alimentaria en su Artículo 2 que reza: “desarrollar políticas agrarias y alimentarias apropiadas a sus circunstancias específicas, a partir de la producción local y nacional, respetando la conservación de la biodiversidad productividad y cultural”.  Y el Artículo 12, que precisa: “Las políticas agrarias, además de promover la recuperación de las prácticas y tecnologías tradicionales, que aseguren la conservación de la biodiversidad, garanticen el acceso al agua, la tierra y los recursos genéticos.

En ese sentido, la agricultura campesina en sus prácticas y tecnologías, además de cuidar la naturaleza, se constituye en un referencial socioeconómico cultural, históricamente en resistencia contra el capitalismo, ya que confrontan las leyes del mercado:

  1. Cada vez que intercambia su semilla local, la conservan y la mejoran con prácticas autóctonas;
  2. Cuando intercambia sus insumos biológicos, y servicios colectivos;
  3. Cuando se organizan colectivamente y se apropian del proceso de producción, comercialización, distribución equitativa, y consumen y procesan lo local;
  4. Cuando adoptan policultivos y sistemas asociativos, orgánicos, heterogéneos;
  5. Cuando comparten en colectivo y cuidadosamente ‘los bienes comunes’ (tierra, agua, aire, semillas, otro). De esta manera, protege la naturaleza, diversidad, semillas, agua, alimentos y su procesamiento, y respeta los complejos y holísticos ciclos de los ecosistemas.  Rescata y protege los conocimientos ancestrales (cultura, etnobotánica, transformación, gastronomía, otros).
  6. Lo confronta cuando sus valores, significados y creencias, no obedecen a personeros que persiguen racionalmente solo sus intereses.

De lo anterior, se desprende nuestro interés porque el instrumento a utilizar en el registro de productores, por lo menos contemple una pregunta que consideramos VITAL, y que abonaría el proceso de construcción de ‘otra agricultura’ en nuestro país,  –más allá de la coyuntura-: el tipo de semilla que está usando el productor o productora.  La semilla local es la fuente de la biodiversidad, seguridad (adaptación a territorio), garantiza la no dependencia (primer insumo del proceso de producción agrícola), y la cultura que subyace en cada semilla. Información que también podría oxigenar el menguado programa nacional de semillas.

“La semilla es la fuente fundamental del poder político que los gobiernos no deben olvidar y los agricultores deben proteger” (ETC. 2008. ¿De  quién  es la naturaleza? Noviembre 2008. Nº 100 p. 8. Disponible en: www.etcgroup.org

Finalmente, nos atrevemos a lanzar para el debate, que las diferentes FOSP campesina sean consideradas patrimonio nacional de conservación de la biosfera (1), lo que implicaría cuidarla, fortalecerla, y promoverlas como defensa ante la amenaza climática, el patrón productivo agrícola hegemónico, y las leyes del Mercado. Conocemos que su actividad agrícola provee un sistema altamente resilente a diferencia de cultivos bajo el ‘paquete de la revolución verde’.  En ese sentido, el Estado debería:

  1. Rescatar, almacenar, proteger y compartir las semillas autóctonas (alimento, medicinas y/o forestales), en los territorios, y crear más biodiversidad sin violentar la existente.    Preservación de su diversidad de saberes y quehaceres.  Bancos de germoplasma locales
  2. Respetar y fortalecer su economía natural, cuyos excedentes se intercambian por bienes y servicios y/o dinero para satisfacer necesidades básicas reales (no artificiales), exentas de la racionalidad de acumulación creciente del capital.
  3. Garantizarles, salud, educación, viviendas, vestido (, protección social, y protección en aquellos eventos fuera de su control (climáticos, por ejemplo, y/o depredadores, como el capital).
  4. Defender la biodiversidad, y cultura de la agricultura por la vida, lo que implica no legalizar patentes de la biodiversidad, semillas, alimentos y/quehaceres ancestrales.
  5. Protección contra la biopiratería, contaminación con especies transgénicas, patentes, de su gastronomía, en general de su etnobotánica
  6. Promover y apoyar centros de  Investigación  municipales donde se impulsa la agricultura ecológica y se estudia la biodiversidad.
 
 
 

    NOTA 

  1. Ya el conuco es reconocido como fuente histórica de la biodiversidad en el Artículo 19 de la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario


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Delia Polanco-Loaiza*

Militante de CARIACO (Colectivo Ampliado para la Retoma e Investigación de la Agricultura Campesina y Originaria. Docente Fagro-UCV

  polanco.delia@yahoo.es      @deliapolanco

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