¿Cuánto vale un periodista?

En enero del año 2202, a las Cuatro Jineteras se les dio la orden de que en las transmisiones sobre las protestas contra el gobierno se enfocase, con todo la crudeza posible, coágulos, los charcos de sangre que incluso eran llevados en bolsas plásticas y se regaban en las calles para hacer ver el inmenso caos de muerte y destrucción que estaba creando el gobierno de Chávez. Esta técnica fue utilizada por la CIA para desprestigiar al gobierno de Antonio Noriega, en Panamá.

Con qué sadismo Globovisión, RCTV y Venevisión fijaban los focos de sus cámaras sobre los moretones, sobre la sangre de actores previamente pagados, que se echaban en el piso gimiendo como si los hubiesen abaleados para inmediatamente hablar de luto, hacer resaltar cintas negras y crespones, hablar de dolor, y repartir estas imágenes por el mundo con exclamaciones que titulaban: “¡Oh, Dios, Venezuela arde!, ¡Venezuela estalla!, ¡Venezuela gime!, ¡Venezuela tiembla!, ¡Venezuela muere”.

Pobres periodistas sin cultura y sin patria. Periodistas mercenarios. Periodistas como el mandril en cuatro manos que nacieron en la época magra de la venta de almas y de la fétida palangre. Van en cuatro manos ante Marcel Granier o ante Federico Alberto Ravell, buscando una palmadita en el hombro.

Cómo aman a la gusanera radicada en Miami; esa peste que no deja de mover piezas para desajustar la economía nacional, y ejercer influencia para que mercenarios y lacayos lleven a cabo una criminal actividad de sabotaje internacional contra nuestras finanzas.

La lucha será larga, cruel y dolorosa. Pero estamos bregando por primera vez en décadas por la dignidad de nuestro país. Los sacrificios que estamos haciendo tienen un hondo valor histórico. Es una guerra contra el mundo, porque el mundo gime bajo la hedionda bota de los marines yanquis; esos yanquis que ayer dieron protección al dictador Lilis “La Pantera” de República Dominicana, que hoy acogen como héroe al cerdo terrorista de Carlos Ortega; los yanquis que recibieron con honores a Somoza en West Point y que han hecho lo mismo con el dictadorcito de Pedro Carmona, que condecoraron a Rafael Leonidas Trujillo y vitorearon el golpe petrolero contra Venezuela en diciembre del 2002.

Son los guarecidos bajo las patas del imperio que se echan a devorar con gula la carroña más inmunda. Y sus aspectos bastardos e inmundos les delatan:

Miguel Salazar, ahora pregona que anda arrecho; cobra, sabe de pasta, sabe dónde se bate la mejor manteca, no en vano se gasta lo que se gasta.

1) Roberto Giusti, eterno mozo de cámara de Carlos Andrés Pérez. Calvo, corvo, curvo y anculado.

2) Ángela Zago, que cacofónica pide a los marines que pongan sus botas de mierda en Venezuela.

3) Patricia Poleo, moza de luenga cola cuya vida en videos pornos se cotizaban bien alto en los restaurantes finos de Las Mercedes.

4) Marianela Salazar, se enamoró de Fernando Báez, aquel concejal de Petare, de brumosos mostachos, joven, muy educado. Fernando tenía como se dice “demasiada clase” para hundirse en aquella rica carne plebeya y no le paró. Entonces Marianela supo buscarle la vuelta y demandarle, y lo metió en la cárcel. Su sangre clamaba por vicios nada frugales y le sobraba con qué y cómo exprimir a medio mundo. Ha sido la mujer que en el medio de la sorda, sucia y más vil política venezolana, sin un escrúpulo, ha conseguido todo lo que ha querido y algunas cosas que no quería también. Si Marianela se propusiera escribir sus memorias, ¡ah!, cuántas estremecedoras sorpresas. Marianela, escribe sobre tu vida, hazte eterna recogiendo todo lo que has visto, lo que has conocido, todos los hombres que has tenido y despreciado.

5) Rafael Poleo, alumno predilecto de Miguel Ángel Capriles, MAC, de los sirvientes de la CIA desde el primer mandato de CAP.

6) Oscar Yánez: también alumno de MAC, súbdito igualmente de Armando de Armas, joya de la meritocracia librepensadora de nuestra sociedad civil.

7) Armando de Armas fue durante mucho tiempo el jefe la Distribuidora Continental, encargada de traer todas las cochinas revistas pornográficas. De Armas reputaba como libros escolares, importados a dólares 3,35, bazofias como “La Deseada”, “Apretando el Gatillo”, “Morirán Todos”.

8) MAC, como don Diego Cisneros, consiguió hacerle ver a los gobiernos que cualquier ataque a sus poderes y monopolios era ir contra los valores democráticos, contra las libertades fundamentales. La Cadena Capriles era una bestial red de corrupción mediática sin control ninguno, que distribuía el arsenal pornográfico más asqueroso de la Distribuidora Occidente, digo, de Armando De Armas, amen del fuego cerrado para hacerse de todos los gordos negocios que movían al país desde los diario La Esfera, Últimas Noticias y El Mundo, con las revistas Élite, Venezuela Gráfica, Páginas; las empresas “Grabados Nacionales”, “Telares Capriles”, las “Distribuidoras Escolar” y “Continental”. Por cierto que luego se demostraría que a estas distribuidoras de cochinas revistas pornográficas se les entregaban divisas a precio preferencial. Si no hubiese sido porque Capriles era bocón y medio trastornado, estas cosas jamás se le hubieran descubierto; se puso a “molestar” y por codiciar los huesos de otros editores adecos pesados como Carlos Ramírez Mac Gregor, y entonces se le investigaron algunos delitos, como el contrabando, a través de una comisión de la Cámara de Diputados. Don Diego Cisneros no era hombre de andar en esos pleitos, porque su madeja de poder era mucho más gorda y delicada, y sabía cuidarse de no provocar escándalos.

En estos trazos vive, bulle y delira gran parte de la historia del periodismo en Venezuela. Para vomitar.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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