La parte sensible

En estos momentos, cuando el ritmo de violencia verbal de los “comunicadores” de la oposición está alcanzando un nuevo clímax y junto con algunos hechos que no son de ninguna manera aislados busca producir un efecto similar al del abril o el diciembre-febrero de hace cinco años, todo ello exacerbado por el cercano fenecimiento sin renovación de la concesión otorgada a RCTV, se evidencia una vez más la miseria moral en que un sector socialmente privilegiado puede caer cuando es tocado en la parte sensible (material) de su privilegio. Por supuesto, eso lo hemos venido viendo desde que la Revolución Bolivariana desafió al bloque de poder oligárquico-imperialista históricamente dominante en nuestro país, pero se torna nítido en los momentos críticos. Son así inolvidables los dos tipos de rostros que vimos en aquel abril en Miraflores: el de la arrogancia infinita –e ilimitada y comprobadamente dispuesta al “castigo” sangriento (vae victis!)-- cuando los conjurados creían haber recuperado “lo suyo”, y el de la cobardía tétrica cuando el mundo se les vino abajo y presumían que la revolución triunfante poseía la misma catadura de ellos y les devolvería la saña y la crueldad. Más bien se pecó de exceso de bondad y humanitarismo, pues no se aplicó y sigue sin aplicarse el castigo legítima y legalmente merecido. Del cual, no se equivoquen, el pueblo y su gobierno no les permitirán ahora escapar si osaren desatar un nuevo intento.

En torno a este asunto es oportuno traer a la memoria una afirmación certera e irónica de Carlos Marx --cumpleañero en estos días, vaya nuestro afecto y reconocimiento agradecido--, al referirse al efecto que la investigación científica reveladora de la verdad social produce en los sectores puestos al desnudo: “(…) levanta contra ella y lleva al campo de batalla las pasiones más violentas, más mezquinas y más odiosas que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado. La alta Iglesia de Inglaterra, por ejemplo, perdona antes un ataque contra 38 de sus 39 artículos de fe que contra 1/39 de sus ingresos monetarios”. Y no sólo la alta Iglesia de Inglaterra.

Desde luego, antes de las furias ese interés privado se presenta siempre en una envoltura conveniente, apropiada para el engaño, un típico “paquete chileno”. A lo largo de la historia el capitalismo --para no referirnos a los sistemas de explotación anteriores--, en todas sus fases y modalidades ha intentado ocultar la búsqueda ansiosa de la ganancia, centro vital y verdadero dios de su culto, con las más hermosas frases adormecedoras y cautivantes: la libertad, la democracia, la fraternidad, etcétera. Todas las empresas de robo, saqueo, depredación y crimen acometidas por los colonialistas e imperialistas fueron siempre en nombre de “principios”, y sabemos también cómo la acumulación originaria del capital se da en una inmensa charca de lodo y sangre, pero se disfraza como acción de “espíritus emprendedores” y otras ficciones. Nuestros pueblos latinoamericanos conocen y han padecido en carne propia las “ayudas” saqueadoras del imperialismo yanqui, sus “doctrinas” del enemigo interno (¡los propios pueblos!) y sus manotazos sembradores de cadáveres contra los gobiernos indóciles, con el fin de imponernos la “democracia”. Democracia que sus aviones, tanques y cañones llevan hoy también a Irak y Afganistán y sus encomenderos israelíes difunden a los palestinos mientras ladran a todos los revoltosos del Medio Oriente.

Aquí, en estos momentos, los bautizados por el bravo humor del pueblo como RCTvas mezclan su inocultable furia crematística con la envoltura tradicional de la “libertad de expresión”, el latiguillo con el que mañosamente han violado en más de medio siglo todos y cada uno de los artículos del código de ética de la profesión, han mentido, calumniado, tergiversado, desinformado y negado de verdad la libertad de expresión al pueblo dueño del espectro radioeléctrico. Aquel abril es un poema al respecto. ¿No podrá entender el señorito de Bárcenas que ya el tiempo del privilegio caducó, y que sólo le corresponde ser un ciudadano más?

freddyjmelo@yahoo.es


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Freddy J. Melo


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