Venenovisión, revolución de abril, Ucrania y ministerio de propaganda de EEUU

Escribimos estas reflexiones, pasados ya veinte años del golpe fascista sangriento de abril 2002 (24 compatriotas o más, fueron asesinados por francotiradores apostados en las alturas de edificios próximos a Puente Llaguno). En horas de la tarde del día 12, en Miraflores, se auto proclamaba el entonces presidente de la patronal Fedecámaras, Pedro Carmona Estanga, quien desde entonces pasaría a la historia como Pedro «el brevísimo»; esto, motivado a la duración del triunfante golpe de Estado con factura Made in USA. Apenas 47 horas, bastaron para que el pueblo venezolano tomara conciencia de lo ocurrido y le depusiera del cargo que usurpó, siendo reconocido -de inmediato- por la mal llamada «comunidad internacional», léase: EEUU y sus súbditos de la Unión Europea, autoproclamados como Occidente. En nuestro continente americano, destacó el reconocimiento, el primero en la lista, del presidente Ricardo Lagos, Chile, como parte de esa izquierda «exquisita», pinochetista, que tanto gusta en Washington, tipo Gabriel Boric, en tiempo presente. En el amanecer de ese funesto día, los canales privados de incomunicación festejaban a rabiar por la victoria obtenida. En Venenovisión, canal de televisión de la familia Cisneros, Napoleón Bravo –connotado golpista- en su programa: «24 horas», se jactaba de la victoria y celebraba: «¡Tenemos nuevo Presidente!». Eran apenas, las 7 a.m. y se hacía acompañar en el estudio del perenne golpista, corrupto y delincuente internacional, entonces alcalde del Municipio Chacao, Leopoldo López, el presidente de la encuestadora Ceca, Víctor Manuel García; entre otros protagonistas del golpe de Estado fascista que se iban incorporando al programa durante su transmisión. «Debo decirlo, gracias Venevisión, gracias RCTV», expresaba García, y lo interrumpe Napoleón Bravo: «Yo voy a decir una cosa, y nosotros tenemos que decir, tanto Venevisión como RCTV: gracias Televen, gracias CMT, gracias Globovisión», retomaba la palabra –nuevamente- García, para expresar con algarabía: «¡Gracias medios de comunicación!». Le correspondió a Venenovisión, liderar al conjunto de los medios privados de incomunicación al transmitir la falsa noticia o fake news, como se le denomina hoy en día, que había sido un grupo de cuatro compatriotas, «pistoleros de Llaguno» les llamaron, quienes en la realidad repelían la agresión a plomo de la Policía de Alfredo Peña, entonces Alcalde Metropolitano, contra la concentración bolivariana que se había ubicado sobre el Puente Llaguno, en una especie de muro humano de contención ante la tentativa de los golpistas de asaltar Miraflores, y desalojar a Chávez violentamente. Desde las alturas de los edificios, francotiradores disparaban a un lado y otro, asesinando compatriotas de uno u otro bando político, llámese oposición o patriotas. Dicha fuerza de choque, fue dirigida –personalmente- por el embajador de los EEUU en Venezuela, Charles Shapiro, quien en los hechos, se convirtió en el articulador, organizador y supervisor de las acciones violentas que conllevaron al asesinato de los y las compatriotas para justificar dicho golpe de Estado fascista. Así debemos denunciarlo, como un criminal de guerra que es, y debe ser enjuiciado ante la historia por sus crímenes cometidos.

La matriz de «los pistoleros de Llaguno» -creada por Venenovisión- permitió a la contrarrevolución fascista tomar la ofensiva. Era, la propia analogía de lo ocurrido en febrero de 1933, donde tras el incendio del tejado del edificio del parlamento alemán o Reichstag y aunque el pirómano de aquel entonces, fue detenido por los guardias del edificio, el hecho sirvió de excusa a Hitler, quien bramó: «A partir de ahora no vamos a mostrar ninguna misericordia. Quien se interponga en nuestro camino será sacrificado». Y, así fue como el Presidente de Estado, Von Hindenburg, a la mañana siguiente, anunció la suspensión de todos los derechos y garantías constitucionales, imponiendo –de facto- una dictadura en que la policía detuvo –arbitrariamente- a las personas y allanó sus viviendas, declarando fuera de la ley a los partidos políticos opositores al régimen nazi. Igualmente, el gobierno -de facto- de Pedro Carmona Estanga, antes de su autoproclamación, ya arremetía –ferozmente- contra todos aquellos venezolanos y venezolanas que denunciaran lo que estaba ocurriendo. Mientras, en los medios de incomunicación de las familias Cisneros, Phelps, Camero, De Armas, Zuloaga-Mezherhane-Ravell, prohibían a sus empleados que se les diera espacio para expresarse a los líderes y lideresas chavistas. ¡Cero chavismo! Fue la orden. ¡Censura total! Lo único que transmitían esas televisoras, además de comiquitas, fueron las notificaciones para que sus televidentes les proveyeran de información sobre la posible ubicación del liderazgo chavista, a fin de que los cuerpos represivos del Estado pudieran cazarlos, apresarlos y hasta asesinarlos. Decían: «Si usted cree saber del paradero de algunos de ellos, colabore con las autoridades y ayúdenos a encontrarlos», solicitaba por Venenovisión, Eduardo Rodríguez, como si se tratase de un «servicio público». El mal que habita en lo humano, valga decir: la barbarie, mostró su rostro ese día y desde ese entonces, nunca más debemos olvidarlos. El fascismo, al igual que fueran los campos de concentración en Auschwitz, son la expresión mayor de la barbarie imperialista de los EEUU.

Los canales privados: Venevisión, Globovisión, RCTV, Televen, La Tele y televisoras internacionales como CNN, formaron parte del «primer golpe de Estado mediático» que registra la historia, y los venezolanos y venezolanas, pueden contarles al resto del mundo en qué consiste la supuesta «democracia» en la que creen los dueños de los medios de comunicación privados. Nada que ver con lo que es una verdadera Democracia, y mucho que ver, sí, con lo que es una autocracia o dictadura. El plan ideado por la CIA, consistió en crear odio y fobia contra el supuesto «autócrata»: Hugo Chávez, su supuesta dictadura, el supuesto terror de los Círculos Bolivarianos, lo que justificaba el derrocamiento del supuesto «autócrata» y su «dictadura». Tal como lo explica, el Dr. Erick Rodríguez: «Los medios de comunicación social asumieron el rol de oposición, utilizando a los periodistas, comunicólogos, artistas y narradores de noticias como sustitutos de los políticos tradicionales en su papel de opositores. (…) Sometieron a las audiencias a la invasión de símbolos asociados al miedo persistente, irracional, exagerado e invariablemente patológico, produciendo una ruptura de factores que unen a la sociedad y, con ello, aparece la intolerancia. Esto, indujo a la agresión verbal y física, a la destrucción, sin importarles si eran adultos o niños, a quienes causaban daño y hasta el autocastigo. Es, a partir de este estado psicológico, que se incita al uso de símbolos como el de la cacerola de manera intensiva contra los seguidores del proceso Bolivariano, a quienes estigmatizaron como lumpen, turbas, chusma, hordas, en fin: violentos…». En horas de la noche del día 12, ya autoproclamado Pedro «el brevísimo», los fascistas continuaban en su borrachera de victoria. Venenovisión, transmite entonces, una entrevista al autoascendido a Almirante de la República, el vicealmirante Héctor Ramírez Pérez, quien ratificó lo dicho por Napoleón Bravo en horas de la mañana, dijo el impostor autoproclamado como almirante, quien después de darles las gracias a los dueños de los medios de incomunicación, afirmó: «Tuvimos un arma fundamental: los medios de comunicación. ¡Gracias!» y por ese mecate se fue, jalándolo hasta más no poder.

Mientras pasaban las horas, los medios -siguiendo instrucciones desde Washington- cambiaron de matriz de opinión, ahora hablaban de «vacío de poder» y supuestamente que: «Chávez, había renunciado». El pueblo venezolano, al verles su verdadero rostro se horrorizó tanto que, la contraofensiva popular ya comenzaba a gestarse en las barriadas, en las propias catacumbas del pueblo digno, bolivariano y patriota. La Revolución de Abril, se gestó allí, en los cerros, barrios y urbanizaciones populares. También, en los cuarteles, las tropas y oficialidad media de la Fuerza Armada Bolivariana. La eliminación de la Constitución de 1999, la única en toda la historia de la República aprobada en referéndum nacional, la disolución de todos los poderes públicos, la llegada a aguas territoriales de naves de guerra del gobierno imperialista de los EEUU con la clara intención de secuestrar a Chávez y sacarlo del país, además de la indignación de todo un pueblo signado por su espíritu antiimperialista, propició las condiciones perfectas para que ese pueblo tomara las calles, sin miedo y con Constitución en sus manos solicitara a los fascistas que le devolvieran a su Presidente, Hugo Rafael Chávez Frías, el supuesto «autócrata» por la gracia divina de los EEUU, y sus medios de incomunicación. El pueblo, se movilizó –masivamente- a rodear los cuarteles militares para exigir la libertad de Chávez y la devolución del Gobierno por el cual habían votado. El día 13, ya Pedro «el brevísimo» estaba en huida, al igual que los complotados en el golpe: Fedecámaras, la CTV, la jerarquía eclesiástica: Ignacio Velazco y Baltazar Porras, los generales y almirantes comprometidos en el golpe fascista, los dueños de los medios de incomunicación, los partidos políticos de la derecha: AD, Copei, Primero Justicia y hasta el mismísimo embajador de los EEUU, Charles Shapiro, quien dirigía –personalmente- la brutal represión desatada para intentar acallar la protesta popular antifascista. La recuperación de la señal del canal del Estado: Venezolana de Televisión, se convirtió en el punto culminante que marcó la derrota definitiva del golpe fascista y permitió que los venezolanos y venezolanas – en la madrugada del día 14- pudieran observar la llegada, en helicóptero, del Presidente Chávez, y escucharlo perdonar a quienes horas y días antes, habían hecho de la perversidad y criminalidad su razón de ser. Gesto magnánimo, que obtuvo como respuesta la pequeñez y soberbia de quienes han hecho del odio, su modo de vida en democracia. Apenas, transcurridos unos meses después, ya el pueblo venezolano estaba enfrentando un nuevo intento de golpe de Estado mediante el Paro-sabotaje petrolero de diciembre de 2002. En total, fueron 62 días de huelga golpista y patronal, liderada por la nómina mayor de Pdvsa, Fedecámaras y la CTV, todos ellos responsables del segundo intento de golpe de Estado en un mismo año.

La CIA, sacó conclusiones de la derrota histórica que le propinara el pueblo venezolano en abril 2002, y no fue sino hasta 2014, que se aventuró a propiciar un nuevo golpe de Estado, esta vez en Ucrania. Ya para entonces, iniciaban operaciones las mal llamadas redes sociales que jugaron un rol estelar. El protagonismo de los canales de televisión, la actuación de francotiradores y como novedad, la importación masiva -desde territorio europeo- de ultranacionalistas o nazis, llevados como mercenarios a territorio ucraniano para actuar en el propio terreno de operaciones, tal cual se tratara de una guerra convencional. En Ucrania, el gobierno imperialista de los EEUU, pudo lograr su objetivo golpista con la finalidad de imponer un régimen nazifascista que solo tuvo resistencia en las regiones de Donetsk, Lugansk y Crimea, territorios ruso parlantes que, desde entonces, fueron objeto de exterminio por parte del gobierno de Kiev, devenido en gobierno nazifascista ante el silencio cómplice de la mal llamada «comunidad internacional», autoproclamada como Occidente, acostumbrada a reivindicar los derechos humanos a su conveniencia, intereses económicos y geopolíticos en juego. Hoy, el gobierno de EEUU, dirigido por el autócrata -senil y demente- Joseph Biden, empleado del Complejo Tecnológico-Industrial-Financiero y Militar, alias Pentágono, consumado guerrerista, uno de los presidentes más belicistas de la historia reciente, quien está utilizando los acontecimientos de Ucrania con la finalidad de propiciar un «cambio de régimen», así lo ha expresado abiertamente, en la poderosa Federación Rusa. Biden, se ha auto proclamando como «Emperador» de Europa. Y tan igual, como Bonaparte vio en Inglaterra su principal contrincante y ordenó su bloqueo. El Bonaparte de los nuevos tiempos ha ordenado a sus súbditos europeos, bloquear el comercio, las comunicaciones con Rusia, secuestrar sus activos depositados en bancos europeos, tal cual hicieron con Venezuela. Pero, has llegado tarde a tu cita con la historia Joseph Biden, al autoproclamarte como el Napoleón Bonaparte de los tiempos presentes. Para tu fatalidad, apenas emerges como Luis Napoleón, Napoleón III o Napoleón «el Pequeño», como le llamó Víctor Hugo. «Napoleoncito» Biden, muy tarde tas llegando a la historia, te quedaste dormido.

Postscriptum: Le Grande Armée, la fuerza militar más poderosa conformada -en su tiempo- por el Emperador Napoleón Bonaparte, con más de 700 mil soldados y el armamento más poderoso de su tiempo, se propuso someter a Rusia a los dictámenes del imperio francés en 1812. La razón formal para la agresión, fue la negativa de Rusia a participar en el bloqueo continental contra Gran Bretaña, en contradicción al Tratado de Tilsit. Rusia, desde siempre, ha honrado sus compromisos diplomáticos, así lo confirma la historia. El 24 de junio de 1812, llegan a Moscú las fuerzas invasoras napoleónicas y se encuentran con una ciudad desolada. La estrategia militar del General Kutúzov, consistió en tácticas de guerrillas para hostigar y atacar –constantemente- a los franceses donde éstos fueran más débiles, evitando la batalla frontal contra el poderoso invasor. Las fuerzas rusas, representaban cuando mucho unos 500 mil soldados. El periódico: «Le Monitor Universel», fue la principal arma de propaganda de Napoleón, su Ministerio de Propaganda durante la campaña militar. Los boletines, hacían hincapié en las hazañas de los soldados de Napoleón y guardaban silencio ante las victorias del ejército ruso. Asimismo, insistían en el mal tiempo en Rusia, en un intento fallido para deslegitimar las acertadas estrategias de guerra implementadas por la oficialidad rusa. Durante las siguientes semanas, los remanentes de la Grande Armée, fueron diezmadas y el 14 de diciembre de 1812, fueron –definitivamente- expulsados del territorio ruso. La poderosa fuerza militar de la Grande Armée, se redujo apenas a 58 mil soldados. La victoria rusa sobre el ejército francés, significó el mayor obstáculo a la ambición de Napoleón por dominar Europa, y marcó el destino de las guerras napoleónicas, que condujeran al ambicioso Emperador a su derrota y al exilio en la Isla de Santa Helena. La historia, Mr. Biden, cuánto pesa la historia. ¡Rusia, no solo es grande sino poderosa!

130 años después, Rusia, devenida en Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, le tocó enfrentar al nazismo que amenazaba con apoderarse de toda la vieja Europa. Los Estados Unidos de entonces, mantenían una política exterior casi que neutral; el presidente Harry Truman, así lo expresaba en uno de sus discursos de la época: «Si vemos que Alemania está ganando la guerra, deberemos ayudar a Rusia; si va ganando Rusia deberemos ayudar a Alemania y así dejarlos que se maten entre ellos, lo más posible» (Discurso ante el Senado, 5 de junio de 1941). Truman, tenía la esperanza que ambos Estados se destruyeran mutuamente, y una vez que ello ocurriera, aparecer como gran triunfador de la Segunda Guerra Mundial. El 22 de junio de 1941, Alemania lanzó una feroz ofensiva sorpresa sobre la Unión Soviética, atacándola -en simultáneo- en diferentes frentes de combate. El ejército invasor nazi, contaba con 5,5 millones de efectivos, 3700 tanques y 5000 aviones (prácticamente el doble que la URSS en cada rubro). Confiado en su táctica de «guerra relámpago», con la que había conquistado gran parte de Europa, Adolf Hitler se había propuesto tomar Moscú antes del 7 de noviembre, fecha aniversario de la Revolución de Octubre. A finales de 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbor, EEUU se vio forzado a entrar en la contienda. En octubre de ese año, los nazis estaban a las puertas de Leningrado y Moscú. En diciembre, fue detenido el avance nazi y el ejército alemán fue repelido a 400 Kms de Moscú. Era, la primera derrota importante de Hitler en la guerra y el primer fracaso de su táctica de «guerra relámpago». Los cruentos combates, se prolongaron hasta febrero de 1943. Más de 4 millones de soldados en combate, y un total de más de 2 millones de muertos hacen de Stalingrado una de las batallas más grandes en la historia de la humanidad. Fue, sin lugar a dudas, el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial. Entre marzo y abril de 1945, el Ejército Rojo entró en territorio alemán, la batalla por la toma de la capital alemana duró 15 días, con 3 millones de soldados en combate y 200 mil muertos. Cuando el resultado se tornó irreversible en victoria para el poderoso e invencible Ejército Rojo, Hitler se suicidó. Finalmente, el 2 de mayo de 1945, las tropas alemanas se rindieron. Por orden expresa de Stalin, la capitulación se hizo en el Cuartel General soviético en Berlín-Karlshorst, en la noche del 9 de mayo. La bandera roja, flameando sobre el Reichtag o parlamento alemán, fue el símbolo de la derrota definitiva del nazismo, tras seis años de guerra. La URSS, había salvado –nuevamente- a Europa de ser engullida por la barbarie nazifascista, esa la verdad verdadera histórica que ha intentado pervertir Hollywood. Los resultados de la guerra contra el nazifascismo, hablan por sí mismos: EEUU, perdió un estimado de 400 mil soldados; Gran Bretaña, un estimado de 260 mil soldados; finalmente, las muertes soviéticas, dan fe de un estimado que llega a los 14 millones de soldados o quizás más, con cálculos de víctimas civiles que se estiman entre los 7 y 20 millones. Con sobrada razón, ha afirmado el Presidente Vladimir Putin: «El triunfo sobre ese poder terrible totalitario permanecerá para siempre en la historia de la Humanidad como la mayor victoria de la vida y de la razón, sobre la muerte y la barbarie. Tenemos que recordar, que esa victoria se logró al precio de pérdidas enormes e irreparables». Rusia, está venciendo y vencerá al eje del mal nazifascista de Occidente.

Pero, aquel 9 de mayo, hacen ya 77 años, no murió el nazifascismo como expresión de la barbarie capitalista. En Ucrania, sembró el gobierno imperialista de los EEUU, semillas suficientes para que crecieran y se desarrollaran como una amenaza permanente contra la paz de Rusia y el mundo todo. La «Operación Militar Especial», OME, puesta en ejecución por el Presidente Vladimir Putin, no persigue otro fin sino extirpar de suelo de la Europa del Este, esas semillas del mal que sembraron con mucho odio, los gobiernos imperialistas de los EEUU, tal cual se tratara de células durmientes. La OME, es una causa justa, profundamente humanitaria y democrática, que tanto molesta al nuevo Emperador, «Napoleoncito», de la vieja Europa. Al final, Rusia –nuevamente- vencerá y liberará, no solo a Europa sino a la Humanidad toda, de la barbarie nazifacista…

Caracas, 18-04-2022



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Henry Escalante


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