No solo de los tiktoks vive la Comunicación Política

La semana pasada surgió una controversia por ciertos productos comunicacionales del alcalde de Cúa (estado Miranda). Yo vi dos. En uno, el jovencísimo alcalde «copiaba» la estética de una conocida telenovela mexicana: Pasión de Gavilanes. En el otro, bailaba al son de otra popular canción del mundo tiktokero. La primera crítica que leí provenía de William Castillo (Viceministro de Políticas Antibloqueo). Fue duro en su juicio y terminó llamándolo «cabezahueca». Otro comentario hizo Diosdado Cabello en su programa. Cabello aseguraba que el alcalde había sido llamado por el partido para que se pusiera «a derecho» en cuanto a su comunicación política. Para rematar, lo mandó a estudiar en la recién creada Universidad Internacional de las Comunicaciones (UICOM). Ahora bien, ¿fueron malas producciones ¿No eran más bien una muestra disruptivas (del inglés: ruptura brusca) en cuanto a comunicación política se refiere? Antes de seguir tirando piedras al joven alcalde, dejo aclarado que no hay mala o buena comunicación política, así, a priori. Un producto comunicacional funciona o no y depende de las intenciones y de su articulación dentro de una planificada y coherente comunicación política estratégica. Intentaré ser más transparente.

Lo primero que dejo sentado es que como Comunicación Política entiendo una vertiente híbrida y multidisciplinar de las Ciencias Políticas. Bebe, principalmente, de la Comunicación y de la Política, pero se alimenta de muchas más: Psicología, Filosofía, Sociología, Análisis del Discurso e Historia, como mínimo. A través de ella, los actores que participan de los sistemas políticos intercambian y se disputan sentidos, cada uno con propósitos específicos. Por ejemplo, el propósito de los gobernantes es ofrecer (imponer) sus sentidos en cuanto a su gobernanza. En los gobernados, el propósito es validar y hacer prevalecer la legitimidad de sus demandas. Por ahora baste esta simple definición. Por otra parte, lo que debe dar forma a la Comunicación Política (como área de interacción) es una trilogía de conceptos claves: enmarcados políticos, narrativas políticas y agendas políticas. Con los enmarcados imponemos un tipo de interpretación, con las narrativas construimos la(s) historia(s) a través de las cuales queremos ser estimados y con las agendas elegimos y excluimos los temas en disputa. Con esto afirmo que todo aquel que se dedique a incursionar en la producción de comunicación política debe (sí o sí) dominar estos conceptos y saber cómo operacionalizarlos, esto es, comprenderlos, armarlos, desarrollarlos y distribuirlos a través de productos. Sin este fondo (como malla articuladora) todos lo que se haga y las plataformas que se usen para difundirlos no son más que instrumentalización de la nada.

Volvamos con el alcalde de Cúa. Supongamos que con los tiktoks quiso llamar la atención. Entonces, cabe preguntarse: ¿con qué propósito?, ¿y qué hay después?, ¿con qué se tiene planificado articularlos para aprovechar esta atención, en cuanto a construcción de sentidos? Estas interrogantes (u otras) no parecen tener respuestas dentro de la dinámica comunicacional del gobernante. Es más, en una respuesta que él mismo da a algunos comentarios adversos se limita a argumentar su «derecho a divertirse». Su comunicación, como comunicación política, no funcionaría si esta es evaluada desde el marco que, por ejemplo, Diosdado Cabello da a su crítica: la comunicación política (de un gobernante chavista) es para mostrar el gobierno que se hace y para conectarse con el pueblo. Por el contrario, todo indica que el enmarcado que impone es revalorización de la cultura de masas (telenovelas), la historia que cuenta es soy un «papachochongo» y el tema en disputa es «la política es diversión banal». La comunicación política, por tanto, requiere estudio, reflexión, revisión y mucha mucha investigación. Sin embargo, los gobernantes le ceden a periodistas o a community manager esta ardua labor. Y ellos saben muy poco o nada de esto. Peor aún: seguramente este alcalde (como muchos políticos) considera que producir contenidos permanentes para las hipersaturadas redes sociales le garantiza una exitosa comunicación política. Así como se banaliza el mal, también se banaliza la política. ¡Qué les puedo decir!

Ciertamente, la comunicación política es un terreno complejo y arduo. El nivel de confrontación al que se llegó en nuestro país la convirtió en un arma de guerra y exterminio. Recuerdo su uso en la plataforma Zello durante las guarimbas del 2014. Recuperarla como terreno de disputa de sentidos cívicos requiere de preparación y creatividad. Explotarla para el reposicionamiento de lo político es un desafío. Reinventarla para evitar este lento y espeso depauperamiento ideológico es un compromiso. Porque se puede hacer comunicación política o comunicación política estratégica. Y no hablaré de la tan ambicionada comunicación política emancipatoria. La primera es cualquier cosa y puede llevar a cualquier sitio. La segunda planea perspectivas y pone la mirada en el horizonte para caminar hacia él. De la tercera no hay noticias todavía. Sin embargo, lograr que nuestros políticos comprendan esto, más allá de TikTok o de Instagram, parece la nueva tarea de Sísifo...

¡Qué les puedo decir!



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Steven Bermúdez Antúnez

Profesor de Comunicación Social de la Universidad del Zulia (LUZ)

 sbermudez37@gmail.com

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