Sin tetas no hay paraíso

Cuando damos un paseo por la televisión privada venezolana desde una perspectiva de imparcialidad, nos damos cuenta que el cierre de varias emisoras de televisión y radio es casi una necesidad urgente. No hay una disposición de ética o autocensura en los que dirigen a estas empresas de desinformación.

La colombianización de la sociedad venezolana es más peligrosa que la supuesta cubanización impulsada por el gobierno nacional. Estamos ante un hecho criminal de apología al delito, al transmitir por Televen, una novela en la cual se presentan hechos que pueden tener una influencia negativa en la juventud venezolana.

El surgimiento de grupos paramilitares y de sicarios para combatir a sangre y fuego a la dirigencia campesina y a los lideres sociales en nuestras ciudades, se ven reflejados, justificados y quizás potenciados en estas producciones disfrazadas de telenovelas, que se convierten en apologías al delito y al terrorismo.

Muchachas prepagadas que venden su cuerpo a narcos traficantes y mafiosos, en busca de superar la marginalidad del barrio y la miseria, a punta de sexo y prostitución. Sobre todo presentan a mujeres jóvenes prostituidas que celebran con alegría la llegada de los mensajeros de los mafiosos que les indican que estén preparadas y limpias para las orgías en las cuales los mafiosos se reparten a las muchachas, como si fueran mercancías. Supuestamente ellas lo gozan.

Este es el Colombian way, que nos quieren imponer desde las televisoras privadas venezolanas, sin medir las consecuencias que esto puede tener para el país y para nuestra juventud. Las autoridades nacionales deben ejercer control sobre este tipo de programación que erosiona la moral y la educación de manera impune y con clara alevosía.

¿Que hubiera pasado en Venezuela si desde la televisora del gobierno se presentara un programa o una novela que se llamara, Sin tetas no hay paraíso?

Me imagino que muchas asociaciones de padres y representantes, jerarquías eclesiales y los mismos partidos políticos, estuvieran en la discusión de la inmoralidad de un gobierno que utiliza un lenguaje escatológico y poco ético.

¿Será verdad que sin teta no hay paraíso? entonces, ¿Sin pene no habrá gloria?

¿Sin orgasmo no habrá liberación? ¿La masturbación es nuestra primera necesidad?

Estas interrogantes las propongo gratuitamente, a los escritores y guionistas de nuestras televisoras, para futuros títulos de novelas o programaciones infantiles y juveniles.

¿Será que el verdadero valor de la vida de una persona no son sus valores humanos y religiosos que nos han enseñado en nuestros hogares y escuelas, sino cincuenta millones de pesos colombianos?, tal como se ha presentado en los capítulos de esta novela.

¿Por donde marcha la enseñanza de valores de nuestra televisión venezolana?

¿Será que nuestros curas, pastores, monjas, maestros, maestras, padres y representantes no se han dado cuenta de la transmisión de esta producción colombiana?

¿Será verdad que la felicidad de un país y de sus habitantes está en el goce puramente sexual?

Epa William, ¿Qué pasa? ¿ acaso no te has dado cuenta de este programa transmitido por Televen? ¿Será que la excusa del horario nocturno le da impunidad a las televisoras para transmitir cualquier porquería que se importe de otras partes?

Es triste ver que nuestras niñas y niños en nuestras escuelas venezolanas, están hablando de la novela y hasta jugando a sus personajes con lenguaje, jerga y todo lo demás. Nuestros niños hablaran de cuanto cuesta matar a un político venezolano o a un campesino. Hasta tenemos que tomar en cuenta que se acercan los carnavales y muchos de nuestros niños se disfrazaran quizás de sicaritos y nuestras niñas de chicas prepagadas. Alerta MINCI, alerta William.

¿Qué pensará la presidenta del Tribunal Supremo de Justicia de esta telenovela importada de Colombia? ¿Que piensa Nora Castañeda? ¿Que piensan las mujeres que trabajan en Televen? ¿Cuál será la opinión de María León? ¿Tiene algo que decir Flor Ríos? ¿Cómo ven esto Migdaleder Mazuera y Elida Quevedo? ¿Habrán visto esta novela Miriam Bracho y Elida Aponte? ¿Tendrá algo que decir Vanesa Davies?

¿Acaso la Sociedad Interamericana de Prensa no tiene algo que decir en este caso?

¿Qué puede decir al respecto el Consejo Evangélico de Venezuela?

¿Tendrá alguna opinión el Conferencia Episcopal Venezolana?

¿La Asociación Venezolana de Colegios Privados de Venezuela dará algún punto de vista sobre este tema?

¿Qué dicen los sindicatos de los diferentes medios de comunicación?

¿Nos dará su opinión la AVEC?

Voy a adelantar el fin de esta novela diciendo que unos implantes afectarán por una mala praxis a la protagonista de esta historia, quien morirá supuestamente acosada por un extraño cáncer. A lo mejor el gremio medico y las Asociaciones de Cirugías Plásticas en nuestro país salgan a protestar esta novela, cuando transmitan los últimos capítulos, o a lo mejor ese mismo canal prepare unos programas que le aclare a las muchachas destetadas, que una cirugía de implante no es peligrosa en nuestro país, porque aquí se aplica la mas reciente tecnología gringa.

El hermano de la misma morirá sin que se castigue a los verdaderos cerebros del sicariato y del paramilitarismo y nuestra juventud seguirá viendo esta basura y trataran de sacar provecho, como producto de la viveza criolla, a estas enseñanzas que muestran el Colombian Way.

¿Quién aclarará lo del sicariato?

¿Hasta cuando permitiremos que se enseñe irresponsablemente a nuestra juventud a tomar la justicia por sus propias manos?

Ya en las grandes ciudades de nuestro país están vendiendo los videos que revelan el final de esta novela colombiana, demostrando así que el fin de esta producción no es el de entretener, educar o divertir. Es un vulgar negocio de promoción de la delincuencia, la prostitución y el terrorismo que hace apología de los antivalores de esta sociedad capitalista.

Como ciudadano venezolano protesto la transmisión de esta novela, por considerarla promotora del terrorismo, de la delincuencia y de la prostitución juvenil.

Pido el cierre inmediato de esta producción colombiana.


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Obed Juan Vizcaíno Nájera


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