Recuerdos a través del diario "El Nacional"…, como trinar de rosas en el paso del tiempo…

En todos lados de mi casa, desde que puedo ver y leer, se me aparecen los cuerpos vivientes del diario "El Nacional", en la sala, sobre un sofá, en la mesa del comedor, a un lado de alacena, en el dormitorio donde está postrado algún enfermo. Mi hermano Adolfo lo coleccionaba como lo hacía, por ejemplo, Jesús Sanoja Hernández. Nuestra casa vivía llena de periódicos y de niño los recortaba y en cuadernos, con engrudo, iba pegando los recortes que más me interesaban. Recuerdo haber hecho un álbum con recortes de "El Nacional" sobre la época del 23 de enero de 1958 y destacando en él a la figura de Wolfgang Larrazábal.

Casi toda mi vida he estado ligado a los medios de comunicación, y en verdad que creo que uno nace con un destino, y ese ha sido el mío: entre el olor de la tinta, los tirajes, las correcciones, en ese bullir (a veces clandestino) de las mágicas máquinas con sus planchas escupiendo pliegos, para luego sumergirnos, maravillados, en el prodigiosa de la palabra impresa. Siendo casi un niño, habiendo caído la dictadura de Pérez Jiménez (tenía catorce años), yo era uno de los encargados de vender "Tribuna Popular" en San Juan de los Morros. Recuerdo que, durante todo ese año de 1958, en las páginas centrales de Tribuna, se desplegaban las fotografías de unos cuarentas personajes que habían sido torturadores de la Seguridad Nacional (la policía política de la dictadura). Yo salía a vender Tribuna, recorriendo cada rincón de la ciudad y voceando: "¡Aquí, Tribuna Popular, cuarenta esbirros por un real!"

Casi todos mis hermanos estaban cuadrados con las ideas comunistas, y ser comunista es leer y escribir, debatir y sufrir. Mi hermano Adolfo era de los más radicales comunista en San Juan, y estuvo preso en la Seguridad Nacional por ponerle un candado al Liceo Roscio y así impedir que se dieran clases el 2 de diciembre de 1955; él se había convertido en el líder de una huelga estudiantil contra Pérez Jiménez. Mi pobre madre sufrió horrores por Adolfo quien, al salir de la cárcel, fue expulsado de todos los liceos de Venezuela, y tuvo luego que emigrar a Caracas, a tratar de sobrevivir trabajando en una gasolinera. (Debo agregar, que Adolfo se llevaba todos los premios como el mejor estudiante del liceo Roscio, y a muy corta edad llegó a escribir una novela que se ganó un segundo premio en Caracas).

Mi casa ("Villa Delia", en la avenida Los Puentes) se convirtió a raíz de la caída de Pérez Jiménez, en una central de energía poderosa, a favor de las ideas marxistas, y asistían a nuestros permanentes debates personajes como el poeta Ángel Eduardo Acevedo, Simón García (quien saltó…, y luego fue secretario privado de Caldera en su último gobierno), Celestino Ledezma (el famoso "Mocho" asesor de muchos gobernantes, y sobre todo de Caldera, y el que fue a México con una delegación para traer a Venezuela a Lázaro Cárdenas), el ingeniero y luego Comandante guerrillero Juan Vicente Cabezas…

A mis catorce años, por los Pioneros Rojos (una organización que fundé con el apoyo de Juan Vicente Cabezas), fui uno de los oradores en el primer acto del Partido Comunista con presencia de Gustavo Machado en la Plaza Samanes de San Juan de Los Morros. Ese discurso que pronuncié me lo ayudó a escribir el Mocho Ledezma…

Yo era un obcecado lector del diario "El Nacional", y se lo leía a mi padre de cabo a rabo. Mi padre (Javier), dice mi hermano Adolfo, que había sido adeco por la época en que Betancourt organizó la Constituyente del año 1947, y cuando se promocionó a la presidencia a Rómulo Gallegos. Pero en 1958, mi padre sentía una simpatía con serias reservas hacia el Partido Comunista. Como persona muy cristiana se le hacía difícil tragar a quienes habían sido definidos por los poderosos gringos como terribles demonios encapillados: los comunistas, digo.

Mi hermano Argenis, durante un tiempo fue destacado articulista del diario "El Nacional", pero debo referir algunos acontecimientos que se dieron entre 1958 y 1959, para que se conozca cómo a todos los medios suelen los poderosos torcerles de alguna manera, sin chistar, el brazo (como dijo Obama). Y durante un tiempo algunos artículos míos y cartas también fueron publicados en este famoso periódico. Algunas notas que enviaba no me las publicaban, sobre todo cuando criticaba a personajes santanderistas como aquel personaje llamado Germán Arciniegas (enemigo acérrimo de la obra de Bolívar).

A veces me publicaban en "El Nacional", algún que otro trabajo dependiendo del tema que le conviniera a la política de la Dirección de este medio, y a eso se le llama el libre criterio del dueño del medio, no el de la libre expresión. ¡Pero si se toma en cuenta que el diario "El Nacional" se vendía como de izquierda y uno que lo era, a veces lo bloqueaban precisamente por sus ideas, díganme cómo se llama eso… A la hora de la verdad, "El Nacional" se fue embanderando con la burguesía, sin tapujos! Pero es que estaban entrando con mucho empuje en grandes negocios del capital y eso no se puede hacer impunemente. Hubo un momento en que Miguel Otero Silva, MOS, fue arrinconado por el más grande hampón mediático que tuvo Venezuela: don Miguel Ángel Capriles, MAC, muy amigo de la gusanera cubana; y también fue arrinconado por la gente de RCTV y los cubanos agusanados de los Cisneros (de Venevisión). Después Rafael Poleo (hijo mediático de MAC) entró en estas mafias para darle pelea a "El Nacional" también, y creó su propia taguara hamponil para imponerse con sus medios en Venezuela. Rafael Poleo decía que se iba a convertir en el William Randolph Hearst de nuestro país, y cuando fue "El Nuevo País", lo hace para defender a la barragana Blanca Ibáñez a quien "El Nacional" estaba atacando desde sus páginas… ("El Nuevo País" lo pagó íntegramente Lusinchi para que le defendieran a su amante).

Los cambios en MOS, temiendo que fuera destruido por la derecha, comenzaron a ser muy lamentables, aunque seguía diciendo que era de izquierda, recibiendo a granel premios, honores y reconocimientos de la Unión Soviética. Fueron numerosas la veces que le dieron el Premio Stalin y Lenin. Siendo amigo declarado de Pablo Neruda y de Fidel Castro. Pero MOS, por ejemplo, llegó a vetar, durante un largo tiempo en su diario al marxista Ludovico Silva por haber escrito una nota crítica a la obra de Andrés Eloy Blanco. Multitud de artículos le fueron censurados al escritor Argenis Rodríguez, al tiempo que se le daba buena acogida a Alexis Márquez Rodríguez, Adriano González León, Pedro León Zapata, Ignacio Cabrujas y a todos los "seudo- comunistas" cobijados bajo el ala canalla y traicionera de los Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez.

Recuerdo en particular, cómo humillaron a José Pulido, un escritor que mostraba cierto fuelle personal en sus trabajos literarios, pero entonces cometió la audacia de criticar a Alexis Márquez Rodríguez porque según Pulido éste purista del lenguaje había escrito una bazofia (un cuento) más "pesado que una vaca". Eso no se podía escribir libremente en el diario "El Nacional": Alexis Márquez Rodríguez con su columna "Con la lengua" era no una pesada res de muchas ubres, sino además una soberbia Vaca Sagrada. Al pobre José Pulido entonces los dueños de "El Nacional" lo sacaron de la sección Cultura y lo encallejonaron en la de Deportes. Sin anestesia. Y José Pulido aceptó aquella humillación, aunque después sus propios amigos de "El Nacional" le hicieran un acto de desagravio.

Sorprendentemente, a finales del siglo XX, el diario "El Nacional" adquirió fuertes lazos con la familia Santos de Colombia y se unieron a sus medios con una tendencia cada vez más santanderista. Y aquí cuento una historia que pocos conocen en nuestro país y que desvela el destino de medios poderosos como "El Nacional", lamentablemente: a Miguel Otero Silva lo pusieron a temblar los gringos poco después de la caída de Pérez Jiménez, y esta fue una herida que él nunca pudo superar. MOS como un guerrero a los Simón Bolívar, quiso denunciar a través de "El Nacional" a los torturadores de la dictadura que usaba la transnacional SEARS para aterrorizar aquellos clientes morosos que fueron llevados a la Seguridad Nacional. En la SN, los morosos de SEARS, eran torturados. Al ver los dueños de SEARS que en "El Nacional" (a donde ellos colocaban sus anuncios), se les estaba DESCUBRIENDO un montón de crímenes, reaccionaron como saben muy bien hacerlo los capitalistas y le quitaron toda la propaganda. Aquello fue un golpe brutal a las finanzas del diario y entonces MOS sufrió un pasmo mortal; ofreció disculpas a SEARS, los llegó a indemnizar y les prometió que dejaría de publicar cualquier cosa que atentara contra esta honorable empresa. Fue así como de la noche a la mañana, aquella serie de denuncias sobre Sears desaparecieron, y hasta el diario se vio obligado a dar un cambió hasta en su línea editorial. Fue un vuelco que se sintió en todas las noticias, en la opinión de los colaboradores, en el matiz de los titulares y en la relación en general con el gobierno adeco que nos desgobernaba. No fue, pues, por una presión por parte de los adecos por lo que MOS dio un giro tan grande. ¡NO!, rotundamente NO: fue la presión poderosa de los dólares que le estaba entrando a "El Nacional" por parte de los inversionistas gringos sin los cuales no podía moverse el personal, las planchas, las refiladoras, la adquisición del papel, los rodillos y las mismas pautas que le llegaban….

Temas recientes y eternamente dolorosos de nuestra historia…



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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