Por Diosdado y Carola Chávez. El humorista privatizado se escualidiza

Lo de "escualidiza", en este caso, no tiene la connotación usual ahora en Venezuela, sino la real. A lo flaco o macilento y por extensión lo solo o poco. Ahora mismo nos referimos al humorista que, de manera expresa, pone barreras entre él y el público todo que siempre está abierto al humorismo. Cuando pudiera, siendo lo que es, porque es inevitable serlo, llegar hasta más allá donde están quienes supone no son exactamente como él es y no deben reír. Lo que luce mezquino.

Con frecuencia, de un tiempo para acá, como solemos decir los venezolanos, un par de amigos, amigos entre ellos y ambos amigos nuestros, intercambian opiniones sobre los humoristas venezolanos o para mejor decirlo sobre aquellos que hacen causa común con el gobierno. La conversación escrita casi siempre es la misma. Uno se dirige al otro haciendo referencia a algún trabajo o "chiste", de alguno de esos humoristas y recibe como respuesta la que recibió en la anterior oportunidad. Lo que a mí me llega. No sé cómo, porque todavía desconozco cosas de estos medios que no son secretas, sino que uno está como desfasado. Aunque para decirlo de mejor manera, recordando a Darcy Ribeiro, en "El Proceso civilizatorio", la entrada de ellos, es decir los medios modernos, a la avanzada edad de uno, fue como si el tren hubiese pasado a una velocidad imposible para que uno lo abordase con comodidad. ¿Cómo hace un viejo para abordar un tren en marcha?

Ayer, uno de mis amigos, que es siempre el mismo que hace esos como elogios, llamó la atención al otro, sobre un artículo supuestamente leído por Diosdado Cabello en su "Con el mazo dando", escrito por Carola Chávez.

No leí ese artículo y cuando Diosdado lo leyó ya estaba muy dormido, después de tomar mi infusión de hojas de aguacate, la que por cierto me ha dado grandes resultados. Pareciera ser tan buena que desde hace 15 días, un insomne "rodilla en tierra" como yo, firme y alerta, siempre listo, estoy durmiendo como un lirón.

El otro de mis amigos, el destinatario del comentario sobre dicho artículo, le respondió ni más ni menos, "Confieso que dejé de oír y leer esos humoristas venezolanos porque solo se ocupan por hacernos reír de adecos y copeyanos". Esta vez, como ya dije, quien le hizo el comentario que provocó esta respuesta, se refirió a Carola Chávez. En otras oportunidades, por casi la misma conversación, ha hecho referencia a otros nombres que no es nada difícil imaginar. El venezolano pudiera seguir siendo el mismo de antes, ese como decían nuestros abuelos, "se ríe hasta de su propia desgracia".

Pero el humorismo, ese de los medios, distinto al de la calle, como qué se ha privatizado o partidizado. ¡Son vainas del capitalismo!

El amigo que "no oye ni lee ahora a los humoristas venezolanos", de esos que sólo ven la escuálida paja en ojo ajeno, según él, agregó que en eso siempre anduvo Zapata, haciendo chistes contra adecos y copeyanos y llegado el momento de las definiciones, se puso como demasiado serio y se pasó para el bando al que de antes hacía chistes. Yo diría que, por estar tanto tiempo en "EL Nacional", no pudiendo Miguel Henrique haber logrado que Chávez le pagase los favores concedidos como quiso por haberle apoyado, cambió de rumbo, sentimientos y "pagos", dándole a esta palabra el sentido del lunfardo gaucho, el humorista y caricaturista que fue Pedro León Zapata también mutó, tanto que perdió hasta el contacto con su viejo público. Como "El Nacional" mismo. Algo así le pasó a Soledad Bravo, aunque esta no es humorista, pero si sería un chiste se pusiese a cantarle a Capriles, Borges y hasta a Ramos Allup, aquella canción, creo autoría de Silvio Rodríguez, dedicada al Che Guevara, en la cual se dice:

"entre el humo y la metralla,

contento y desnudo:

iba matando canallas

con su cañón de futuro:"

Pero ella prefirió, como Zapata, cambiar de público, corriendo éste los riesgos no le entendiesen los chistes y a ella, pese su excelente voz, la asociasen a lo que antes fue y sobre todo a quiénes les cantó. Y así mismito aconteció.

Chaplin, Cantinflas y hasta Cervantes en "El Quijote", se mofaron de medio mundo pero manteniendo el cuidado de no pisar o pasar determinada raya. Para ellos, el talento y hasta gusto de su público, debía entrar en juego para completar el chiste y hasta ajustarlo a su interés y tiempo. Que pusiese lo que le gustase más. Aunque siempre se corre el riesgo de topar la intolerancia, como la del general Gómez. Si mal no recuerdo, por una caricatura de Leoncio Martínez "Leo", en la que aparecen dos turcos – recordemos lo que para el venezolano es un turco - comiendo y donde uno de ellos dice a su acompañante, "Hasta cuándo Gómez"; su autor fue directo a la cárcel sin consideración alguna. ¡Hay que ver la carga de risa o dinamita que puede transportar un buen chiste! Por eso mismo hay que pasar la carga con cautela y vaselina.

Pero creo que mi amigo, este que se molesta cuando el otro le hace referencia a los chistes contados y hasta creados por los humoristas a favor del gobierno, exagera o muestra como demasiado sectario. Pues del otro lado sucede exactamente igual. El humorismo nacional ya no es aquel como el de Aquiles Nazoa capaz de hacer reír hasta a quienes tenían militancia distinta a la suya. O el de Andrés Eloy Blanco, quien en medio de los duros y hasta insultantes debates de la Asamblea Nacional Constituyente de 1945-46, apaciguaba los ánimos haciendo correr sus chistes en papelitos que iban de mano, como aquel de:

-Hay cosas que no son de ley

una vieja meando en frasco

y un negro inscrito en Copei?

Que pese lo irónico y hasta aparentemente racista, pues hacía referencia a un diputado que lo fue luego en 1959 en el Congreso Nacional, llamado José Camacho, afrodescendiente, como se dice ahora, siendo el partido Socialcristiano el de los blancos de orilla para arriba, hizo reír a diputados todos y a los venezolanos por décadas.

Los humoristas se nos voltearon porque eso ahora es trabajo serio. Tan serios que, abundan quienes escuchando o leyendo al "humorista", cogen arrecheras de padre y señor nuestro. Antes lograban que todos, sin importar partido, viviesen y pasasen ratos divertidos con sus ocurrencias. Pero también antes, los buenos chistes podían, como a "Leo", llevar a la cárcel. Y "Leo", cuando no estaba preso, lo andaban buscando. Porque los gobiernos, así fue a lo largo de la IV república, nunca han gustado de los humoristas; al contrario, los humoristas de antes gozaban siendo opositores. Porque el gobernar es una cosa como muy seria.



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Armando Lafragua


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