La democracia no importa en el fútbol: lo que nació en Argentina 1978 sigue con Qatar 2022

18 de noviembre de 2022.-

Qatar no será el primer Mundial sin democracia: un espejo al que se puede mirar es la Argentina de hace 44 años, la Argentina dictatorial de Jorge Videla

El de Qatar 2022 no será el primer mundial sin democracia. Esta es una realidad que es más fácil de asimilar si tenemos en cuenta las palabras de Jerome Volcke, exsecretario de FIFA ya suspendido, que relacionó hace años la falta de derechos democráticos como un aspecto favorable para que una candidatura fuese elegida como sede de un gran torneo.

¿Te imaginas que a apenas kilómetros del estadio que acoge el partido inaugural de un Mundial se concentren miles de presos calificados como 'enemigos del régimen'? ¿Te imaginas que multitud de madres se manifiesten en una plaza cercana al campo pidiendo a gritos que encuentren a sus hijos? En el terreno futbolístico, ¿acaso imaginas que un joven Diego Armando Maradona se quede fuera de un Mundial? Tan surrealista como cierto, tan bochornoso como evidente, tan descorazonador como inútil. Así fue el Mundial de Argentina 1978, marcado por un contexto político e histórico oscuro: la dictadura militar de Jorge Videla.

Un Mundial sin democracia plena lo hemos visto varias veces a lo largo de la historia y Qatar, por supuesto, no será una excepción. Un espejo al que se puede mirar es la Argentina de hace 44 años, la Argentina dictatorial de Jorge Videla, que llegó al poder tras un golpe de estado en el año 1976. Justamente 4 meses y 4 días después del 20 de noviembre de 1975, día en que Francisco Franco falleció en nuestro país.

Protestas en París contra el Mundial organizado por Argentina en 1978. / MICHEL CLEMENT

La vergüenza comenzó en Argentina

Aquel fue el Mundial de la paz. Solo en palabras de Videla, claro. Al menos así fue como, paradójicamente, lo apodó en el discurso inaugural que pronunció en el Monumental de Buenos Aires el 1 de junio, delante de más de 70.000 almas que habían acudido al estadio.

Otras decenas de miles también escucharon el partido inaugural en vivo, pero no estaban en las gradas del Monumental, sino en la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada). Fue el principal campo de concentración de la dictadura y estaba ubicada a escasos 1.000 metros del terreno de juego. Más de 5.000 personas fueron asesinadas entre sus muros. FIFA miraba a otro lado. Un comportamiento similar que ha adoptado FIFA con este Mundial en Qatar.

Uno de los hechos más destacados de aquel Mundial fue la manifestación de las Madres de la Plaza de Mayo gritando socorro al mundo y buscando respuestas para que le devolviesen a los familiares desaparecidos. En aquellas marchas también hubo algunos jugadores de la selección sueca. Fue el combinado nacional que más hizo en contra de la celebración del campeonato del mundo en Argentina y hasta vivió el secuestro de uno de sus jugadores: Ralf Ëdstrom. Así lo contó él mismo tiempo después. "Tomé un café en un bar cercano al hotel y hablé con el hombre que me había dicho que era un abogado, lloró cuando le dije que era de Suecia. 'Un país libre', según me dijo él. La noche siguiente dos hombres vinieron a las afueras del hotel, me agarraron por el brazo y me dijeron que fuera con ellos. Me asusté mucho, me llevaron por los corredores hasta una habitación debajo del hotel. Me sentaron en una silla, donde un hombre vestido de militar con anteojos de sol estaba al otro lado de la mesa. Le mostré mi identificación como jugador de la Copa del Mundo, me dieron una taza de café y después de eso me liberaron", cuenta el jugador sobre lo ocurrido a un periódico argentino vía mail.

El dolor de la victoria

El final de la Copa del Mundo supuso una alegría para los argentinos: conquistaron su primer Mundial. A día de hoy, disimulan esa estrella con una luz más oscura que la que un cuerpo celeste de esta magnitud pueda tener. La humillación a aquellos hombres y mujeres concentrados en la ESMA no acabó con el pitido final de un Mundial que jamás se debió disputar. Los comandantes encargados de su vigilancia acordaron, con motivo de la felicidad, por supuesto, sacarlos en coche por el centro de la ciudad de Buenos Aires para que se diesen cuenta de que todo un país celebraba un Mundial y no se acordaba de sus presos.

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