¿Juan Manuel Santos saltó la talanquera?

Su palabra de cachaco luce falsa cual moneda de tres pesos

“Estoy en disposición de mantener el mayor equilibrio y equidad en mis relaciones con el presidente Chávez”.

“Deseo con fervor que las cosas entre Venezuela y Colombia regresen a la normalidad”.

Así ha hablado Juan Manuel Santos, ya en campaña.

¿Quién cree semejante prédica? ¿Hay en eso buena fe?

La familia Santos no sólo es dueña del muy influyente diario “El Tiempo”, de Bogotá, desde donde “se quita y pone presidentes”, como dice el actual vicepresidente colombiano, Francisco Santos. Además lo es de la mayoría de los medios de comunicación de allá. Por lo que podría decirse, los “Santos”, son amos de la opinión.

Sus inversiones no sólo son cuantiosas sino que han permeado la economía toda de Colombia, lo que significa que están en áreas que a la oligarquía produce más dinero. Sus asociaciones con el capital gringo, son significativas. A la familia pertenecen grandes extensiones de tierra de buena calidad, secretos y caminos intrincados.

Al presidente Uribe, en el segundo mandato impusieron en cargos claves a Juan Manuel y Francisco. Por eso, uno ha visto a ministros y funcionarios de segunda contradecir a “Varito”. Su reciente defenestración es, en gran medida, obra de los “Santos”. Son proverbiales las ansias guerreristas de estos, especialmente de Juan Manuel y Francisco.

A quien fuese ministro de la defensa se le sabe fanático de la “guerra preventiva”, esperpento criminal, creación de Bush, para agredir a pueblos pacíficos e indefensos, valiéndose de excusas baladíes.

No olvidamos sus discursos acreditándose el derecho a invadir cualquier territorio desde dónde creyese amenazado su gobierno. En el plano colombiano, es principal responsable de la invasión a Ecuador y genocidio en Sucumbíos. Por eso, un juez ecuatoriano, le dictó auto de detención, suspendido por gestiones de Uribe y puesto como punto de honor para volver a la normalidad las relaciones.

Santos, hasta ahora, no ha hecho otra cosa que sabotear todo intento y humana aspiración de hacer que los colombianos se sienten a dialogar en busca de la paz. Es también conocida su actitud entorpecedora ante las gestiones humanitarias, como en los casos de los liberados por Villavicencio y el indebido uso de los símbolos de la Cruz Roja Internacional, en la oportunidad del retorno de Ingrid Betancourt.

Según cifras reveladas por órganos oficiales venezolanos, nuestras compras a Colombia pasaron de 800 millones en 1999 –cuando Chávez ascendió al poder – a seis mil ochocientos millones. Eso significó sin duda, un crecimiento significativo de aquella economía. Uribe, los Santos, por estar jugando a la caída de Chávez y sobredimensionar el interés gringo, no prestaron atención a todos los ángulos del juego.

La congelación de las relaciones entre los dos países, decidida por el presidente venezolano, pasado un tiempo y en vista de lo que ahora perciben del nuestro – es decir que “Chávez no se va” – y en el suyo, donde se sienten los estragos de aquella medida, ha empezado a generar allá señales nuevas y gestos inusitados.

Tanto es así, que ahora Juan Manuel Santos, siendo candidato presidencial y como si fuese manso cordero, ha empezado a manifestarse “deseoso de amistarse con Chávez”.

Nos subestima tanto en su grandeza que da por buenos sus cantos de cachaco. Se cree lince y a nosotros infeliz presa.

Bien que nuestras relaciones con el pueblo de Colombia, lo que implica el intercambio comercial, se manejen de la mejor manera; es maravilloso para ambos pueblos. Pero pareciera que los cachacos están acusando el golpe, desde Uribe y su tren ejecutivo hasta los Santos. Por eso, antes de mostrar de nuevo nuestra ingenuidad, deberíamos preguntarnos:

¿Qué sacamos de eso? ¿Qué de nuevo nos caigan a embustes, paguen con infamias y lo otro siga igual?

Que nuestra generosidad no lleve a borrón y cuenta nueva.


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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