El Triángulo de Poder en Honduras; del poder de las élites, al poder de los pueblos

Siempre desde mi infancia, he sido un aficionado por la geometría y sus representaciones. Triángulos, cuadrados, rectángulos, marcaron el desarrollo de mi comprensión espacial, sin saber que más adelante, serian el instrumento perfecto de análisis para los procesos políticos e internacionales.

Hoy Honduras y el mundo, se debaten en un profundo proceso de cambio y transformación mundial, una verdadera revolución recorre el mundo, una revolución a favor de los más desposeídos, de los silentes del mundo, de las mayorías del mundo. Fuerzas oscuras intentan derrotar los profundos cambios que, con su dinámicas propias, en cada uno de los países se vivencian; la histórica revolución cubana, la revolución bolivariana en Venezuela, la revolución ciudadana en Ecuador, la revolución indígena en Bolivia; son sólo expresiones de que, el mundo está en revolución y falta mucho camino por recorrer.

Como lo he señalado en muchas ocasiones cuando analizo la dinámica internacional desde el triángulo de poder internacional, el poder político en el mundo lo han ejercido las naciones poderosas y su expresión en la institucionalidad internacional, es la Organización de las Naciones Unidas, con esa aberración antidemocrática del Consejo de Seguridad. Sin embargo, no les bastó a las naciones poderosas vencedoras constituir un espacio de poder como la ONU para justificar en muchos casos, intervenciones, invasiones y otras atrocidades históricas, constituyeron en la dimensión económica el Banco Mundial con su brazo ejecutor de control, dominación y saqueo, como lo es la Organización Mundial del Comercio y para cerrar con broche de oro este ejercicio geométrico del control internacional, del dominio del orden internacional, los poderosos del mundo constituyeron el Fondo Monetario Internacional, como espacio institucional el control financiero del mundo.

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Qué pasa entonces cuando países que habían servido a esta estructura de poder y de control de los poderosos del mundo, comienzan a generar su propia dinámica, con procesos independientes y soberanos, que fomentan el control y manejo de sus recursos estratégicos como el petróleo, el gas y recursos minerales.

Qué pasa entonces, cuando se comienza a generar institucionalidad como el ALBA, espacio político que incide y rompe con esta estructura internacional de poder y dominación, tal y como quedo demostrado en la última Cumbre de las Américas y en la Reunión de la Organización de la OEA en San Pedro Sula.

Qué pasa, cuando se comienza a generar institucionalidad en lo económico, como el nacimiento del Banco del ALBA o el Banco del Sur, que rompen con el esquema de dominación económica y comercial en nuestra región o con iniciativas como el SUCRE, estrategia que resquebraja el control financiero y monetario impuesto y que fomenta el comercio entre nuestros países y su independencia monetaria.

Ante este escenario, la derecha internacional y la oligarquía internacional, fomentan el uso de la violencia y dan golpes de estado brutales y genocidas a los pueblos, y eso es lo que Honduras sufre al día de hoy.

El golpe de estado en Honduras, que fue un golpe a nuestros pueblos en su renacer de patria, fue ejecutado por las Fuerzas Armadas Hondureñas, como actor militar y operativo de las acciones, secuestrando a un presidente y sacándolo del país a punta de bayoneta. Fue justificado con sortilegios legales por parte del Congreso hondureño y de la Corte Suprema de Justicia y está validado por las élites empresariales y comunicacionales de Honduras, todo ello, con la complicidad de este orden internacional impuesto, salvo casos excepcionales, porque a pesar de la condena del mundo entero a este golpe de estado, hay un juego subterráneo, sigiloso, por dejar transcurrir el tiempo y seguir esgrimiendo estrategias de negociación, que estos mismos sectores utilizan cuando les convienen y desconocen según los interlocutores.

La llegada del presidente legítimo a la capital de Honduras, ha desatado la represión más brutal a la vista de la comunidad internacional, donde se asedia a un presidente legitimo, donde se violenta la convención de Viena sobre Derecho Diplomático, tal y como hicieron aquí los “demócratas” de la oposición venezolana, cortando la luz y el agua a la Embajada de Cuba durante el golpe de abril 2002, de la misma manera están ellos agrediendo a los miembros de una sede diplomática que dispone de inmunidad, como lo es la embajada del Brasil.

Los verdaderos demócratas somos amantes de la libertad y de la solución de las controversias y conflictos por la vía pacífica, pero ¿es posible una solución pacifica a este conflicto, cuando uno de los actores; los gorilas de Honduras; no pretenden ni demuestran ni un ápice de querer negociar, sino de imponer sus criterios y perspectivas del conflicto?, aparte, dejemos de ser ingenuos, ¿cómo negociar con quien te ha agredido, quien usurpó el poder y secuestró un presidente, quien reprime a un pueblo y ha ignorado a la comunidad internacional?

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. Es allí, donde luego de reflexionar, construyo el triángulo del poder de los pueblos, como ejercicio analítico que puede aportar soluciones al conflicto. Sin lugar a dudas e insisto en ello, a pesar de que organismos y actores de la comunidad internacional han desarrollado una estrategia para ganar tiempo en Honduras, validando ipsofacto el golpe de estado, la comunidad internacional ha ejercido una presión permanente sobre el gobierno de facto, sobre todo el ALBA y es allí, donde el poder político internacional está desarrollando múltiples estrategias para que los golpistas desistan de su posición, identificando entonces, un vértice de poder del triángulo de los pueblos.

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Sin embargo, dos vértices del triángulo del poder de los pueblos son elementos claves para poder quebrar ese triángulo del poder mundial, político, económico y militar. Por un lado, los pueblos en sí mismos, los movimientos sociales, que en el caso de honduras y de América toda, están combatiendo y resistiendo este vil golpe militar. Por otro lado, el elemento militar como un vértice, una vertiente clave para la solución definitiva a este conflicto.

La presión internacional no ha dado los resultados esperados y el pueblo es reprimido a mansalva por este régimen troglodita, es allí donde el vértice militar cobra vigencia y se pueden avizorar tres escenarios, desde mi perspectiva, aunque muchos pudieran estar de acuerdo o no. En primer lugar, ese golpe se quebrará por dentro, cuando la sensatez y la acción de un grupo de militares hondureños decidan hacerlo. La sumatoria de la presión internacional, la social y la militar, es la triada de poder para quebrar ese golpe. Ahora está, ¿existen en la Fuerza Armada de Honduras actores que asuman este compromiso histórico? Me cuesta creerlo, porque la Fuerza Armada hondureña es un brazo, una extensión de la doctrina militar estadounidense, y desde el corazón lo expreso, ojalá me equivoque y surjan en Honduras oficiales con la suficiente conciencia popular e inteligencia que les impulse a actuar y terminar con esta triste historia.

El segundo escenario, válido desde la dimensión histórica y política, aunque muchos estén o no de acuerdo, es que los movimientos sociales, en un derecho legítimo a su defensa y a la defensa de la democracia y la libertad, luchen en un escenario distinto, con estas fuerzas militares, para derrotarlos militarmente. Espero que esta propuesta no genere escalofríos, pero la historia política tiene innumerables situaciones que ejemplifican esta acción, ¿o acaso los gringos no armaron, y siguen armando, fuerzas paramilitares para quebrar y asesinar a los líderes populares y a los pueblos rebeldes del mundo? Un ejemplo allí mismo, bajo ese suelo y ese mismo aire, son los contras, financiados y entrenados por los norteamericanos, para destruir por la vía de las armas a la revolución sandinista. Claro está, el costo humano seria inmedible y el desarrollo de esta estrategia va en contra de nuestros valores de paz, pero la historia suele ser lapidaria y este golpe militar debe ser derrotado por cualquier vía, de lo contrario, se abrirán las puertas para que los “goriletis” de América intenten este tipo de aventuras en otros países.

El tercer escenario, una opción que aunque remota, es válida desde la perspectiva del análisis político; que una fuerza militar de coalición internacional neutralice y derrote este golpe militar. Si se han justificado invasiones ilegales, por presunciones como la de Irak, ¿por qué no se puede ejercer la presión internacional suficiente, para activar una fuerza que restablezca el orden y la democracia verdadera en Honduras?

La política no es cosa de juegos, se debe tener coraje, entereza y responsabilidad para tomar decisiones y en este caso, se está decidiendo la democracia en América Latina y el mundo. Es necesario trasmitirles el mensaje a los aventureros y golpistas del continente, que la libertad no se negocia, la libertad se conquista y nuestra gesta de independencia, fue una expresión histórica combativa de múltiples razas, colores y destinos con un solo fin, la libertad y la independencia. Incluso me atrevo a plantear que si el ALBA; de manera consciente, analizada con minuciosidad, evaluando los diversos instrumentos del Derecho Internacional Público; decide tomar una decisión de este tipo, que necesita voluntad y firmeza, sentaría un precedente para que nunca más sobre la faz de la tierra, ningún imperio ni actor político pretenda romper con la libertad y la democracia, con el desarrollo y el derecho de los pueblos a ser libres.

Por supuesto, estas son elucubraciones y análisis, pero no me queda la menor duda, que a pesar de la presión internacional y la presión de los movimientos sociales, estos gorilas no respetarán ni acatarán propuestas de negociación, razón por la cual debe surgir la sensatez dentro de las Fuerzas Armadas hondureñas y entender, que es el momento histórico de reivindicarse ante su pueblo y sentar las bases para una democracia popular en Honduras, para revertir el triángulo del poder de las élites, por el triángulo del poder de los pueblos, expresado en sus Fuerzas Armadas, sus movimientos populares y el ejercicio del poder político al servicio de los intereses supremos de la democracia, la paz y la libertad.


(*)Lic.

lsaucenavarro@gmail.com


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