Sobre la Resistencia en Honduras y la Doctrina Bolivariana

El escenario se hace cada vez más confuso e incierto acerca del desenlace del Golpe de Estado en la hermana Honduras… ¿volverá el presidente constitucional, Manuel Zelaya, por una parte, o se consumará definitivamente el Golpe de Estado, por otra parte? A partir de esa pregunta, es de importancia revisar algunos aspectos del desarrollo de este peculiar Golpe de Estado, al que la presidenta argentina, Cristina Fernández, calificara como “Golpe Benévolo” en alusión a un intento de concepto de la nueva doctrina militar imperialista en nuestro continente.

En primer término, es importante resaltar como la resistencia popular se mantiene, e incluso aumenta, desde el pasado domingo 28 de junio de 2009, muy a pesar de la evidente intención del gobierno dictatorial de Roberto Micheletti y de la  ya evidente interlocutora del Imperialismo pro-golpista, Hillary Clinton, de ganar tiempo para jugar al desgaste del movimiento popular y la consumación definitiva del Golpe de Estado por desgaste y consecuente sumisión del pueblo hondureño. A partir del pasado  viernes 24 de julio, a 26 días del Golpe de Estado, salió la gente a la calle, a recibir en masas a Zelaya que entraba al territorio hondureño por tierra desde Nicaragua, y a demostrar que esa táctica del desgaste usada por el imperialismo yanqui y los golpistas locales no les está funcionando.

Asimismo, es importante resaltar cómo el servil “mediador” de Costa Rica, o mejor dicho de Estados Unidos, Oscar Arias, ha intentado incansablemente imponer una salida negociada entre “las partes” sin que ello dé resultado alguno. A este respecto es importante apuntar que reconocer a Zelaya y su gabinete legal y legítimo, por un lado, y a Micheletti y sus golpistas voceros, por el otro; como Las Partes del “conflicto” adolece de una estupidez extrema por cuanto, al evidenciar que lo que existe no es un “conflicto” sino un flagrante Golpe de Estado, es absolutamente improcedente, tanto desde el punto de vista del Derecho Internacional como del punto de vista político, otorgar ningún reconocimiento a los golpistas asesinos, en igualdad de condiciones y términos que los voceros del gobierno de Zelaya, quienes gozan de la legitimidad y de la legalidad suficiente para mantenerse aún en pie de lucha por su vuelta y por la reconstitución del orden legal en ese país.

También es importante resaltar que en el juego de la diplomacia mundial, el lobby del imperio y sus voceros estrellas, Hillary Clinton y Thomas Shannon, sólo ha logrado el reconocimiento al gobierno golpista por parte de los gobiernos de Israel y Taiwan. Su propio gobierno “demócrata”, así como, un poco más cerca, los del Perú y Colombia no han tenido el valor ni la osadía de reconocer al gobierno golpista, a pesar de no faltarles ganas de tal cosa, por causa del estupor que les causa toda la reacción de la comunidad internacional ante el hecho; no sólo por parte de los gobiernos de izquierda, sino incluso por gobiernos de centro derecha, constitucionalistas y algo nacionalistas, además de las demostraciones de solidaridad internacional de diversos pueblos de la América y otras latitudes. En ese sentido, recientemente el Mercosur emitió una nota de condena al golpe y una exigencia por la inmediata restitución de las autoridades legales y legítimas y la vuelta al orden legal en Honduras; condena que se suma a las del ALBA, el Grupo de Rio, El SICA, la UNASUR, La Unión Europea la Asamblea General de la ONU, hasta las empresas GAP, Nike y Adidas, sumadas a un sinfín de movimientos sociales; elementos que opacan tanto las presiones de Shannon por negociar una solución, como las críticas de Clinton a la vuelta por tierra de Zelaya.

Ahora bien ¿por qué a un mes de la expulsión de Zelaya, con una favorable reacción popular hondureña y de la comunidad internacional, Zelaya no ha vuelto a su país y el gobierno golpista sigue instalado en el poder?

Esta pregunta necesariamente genera reflexiones de orden general, más allá del caso específico hondureño, al demostrar que acciones de este corte no son acabadas por reacciones diplomáticas de los diversos gobiernos ni por movilizaciones pacíficas de la población local, sino que se requiere una Estrategia Militar de Resistencia para los procesos revolucionarios, emancipadores o de liberación nacional.

Está harto demostrado que este golpe de estado tiene como último fin el establecimiento de bases militares yanquis en ese territorio, las cuales, junto con las que se instalarán en Colombia, configuran un escenario de estado de sitio a los gobiernos de izquierda, sus pueblos y al ALBA en el continente. No es un hecho aislado sólo de Honduras, sino configura tan sólo una acción dentro del tablero de una completa Estrategia Militar del imperialismo yanqui en el continente, en un proyecto que recién comienza y que el imperialismo tiene previsto para algunas décadas.

Así, al conmemorar el pasado 26 de julio el 56 aniversario del asalto al cuartel Moncada en Cuba en lucha contra la Dictadura militar de Fulgencio Batista, debemos identificar que el escenario que hoy día vive Honduras no dista mucho del de la Cuba del Moncada en el 53 y que los diversos escenarios del golpismo militarista impulsado desde Washington para la América, están en permanente recreación y reinvención. Es decir, las insurrecciones populares jamás han perdido vigencia; más aún, con la actual dotación y especialización de las operaciones militares y sicológicas del imperio yanqui, cada vez cobran más vigencia y se hacen más necesarias las insurrecciones populares como una de las pocas formas de resistencia que aún nos quedan a los pueblos agredidos.

Y para los pueblos que retamos al capitalismo, con su lógica, ideología y aparatos de guerra global, desde una aparente “paz”, también nos corresponde la misión histórica de aprovechar la paz y formarnos para la guerra, con miras a aquellos días en que el imperialismo apunte sus agresiones hacia nosotros ó para los días en que nuestra solidaridad militar sea requerida.

La mayor enseñanza de lo que hoy vive la hermana Honduras es que los pueblos en proceso de revolución estamos en el deber histórico de construir una clara Estrategia Militar Continental, que le dispute la hegemonía al imperialismo también en el ámbito militar, entendiendo que las únicas guerras que puede ganar un pueblo contra la vorágine militar imperialista, son las guerras populares de largo aliento.

En síntesis, el planteamiento del visionario Bolívar en el Congreso de Panamá sobre la Liga de Repúblicas americanas en el ámbito militar y el pacto mutuo de defensa, cobra más vigencia que nunca, al ser ya imprescindible la constitución de una alianza militar continental que libre la cruenta batalla contra las arremetidas del imperio yanqui en su nueva estrategia militar, que recién comienza por Honduras y cuyos nuevos pasos con seguridad seguirán por el nuevo Caballo de Troya americano: Colombia, la neo-colonia yanqui entregada en bandeja de plata por la oligarquía más rancia de Suramérica.

Ante las agresiones del Imperialismo yanqui ¡Uno, Dos, Tres Vietnam es la consigna! Che

En la necesaria alianza militar de los pueblos de la América ¡Bolívar vive y vivirá por siempre!


alexandersuarezg@gmail.com

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"Una de mis más invulnerables certidumbres es la de saber que vale la pena morir por las cosas sin las cuales no vale la pena vivir" E.G.


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