Hablemos de dictaduras en Cuba y en el mundo ¿quieren?

La verdad no sólo debe serlo, es necesario que se la pueda ver y defender

Mucho se ha hablado y escrito de las dictaduras como fenómeno histórico en circunstancias dadas y bajo determinados condicionamientos de los regímenes políticos que son capaces de engendrar tal forma tiránica del ejercicio del poder.

Así, por ejemplo, Aristóteles, nacido en el año 384 antes de nuestra era -¡cómo ha pasado tiempo desde entonces!-, en su libro Política, abordó el análisis de los distintos regímenes políticos y , dentro de éstos, en último lugar, la tiranía, caracterizada según él por el ejercicio del poder despóticamente y al arbitrio del monarca. Por cierto, ¡oh, perdurabilidad divina y milagrosa!, aunque escasos, aún quedan reyes y reinas en este mundo.

En resumen, retomando el tema sobre la tiranía, Aristóteles se refiere a la que más propiamente parece serlo, en que se ejerce el poder de un modo irresponsable sobre todos, iguales o mejores, en vista de su propio interés y no de los súbditos; por tanto, contra la voluntad de estos, ningún libre soporta de grado un poder de esta naturaleza.

Se trata, pues de un problema antiquísimo que por su evolución histórica cabe considerar como un paleoproblema, y que en los siglos más recientes ha tenido ejemplos terribles por su naturaleza cruel y sangrienta, aunque se puede hablar también de tiranías o dictaduras opresoras que se han disfrazado con ropajes de cordero. Pero han sido tan silenciosamente mortíferas como las más escandalosamente violentas. Por sus cosechas de muertes físicas y espirituales se pueden reconocer.

En la Cuba neocolonial el pueblo sufrió matices de estas formas de gobiernos desconocedores de la voluntad y de los legítimos intereses populares, aunque los casos más renombrados fueron las dictaduras de Gerardo Machado y de Fulgencio Batista. Ambas fueron derribadas por el pueblo cubano, un pueblo heroico y rebelde cuya resistencia frente a los poderes opresores, no importa lo que haya costado su anhelo libertario, se sustenta en una larga trayectoria de lucha por su independencia, autodeterminación y supervivencia.

Contra la dictadura de Batista se rebeló la juventud y todo el pueblo cubano, liderado por Fidel Castro, quien inició sus acciones revolucionarias más trascendentes con el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.

Frank País, incorporado al movimiento 26 de julio fundado por Fidel después de aquel acontecimiento histórico, cuando contaba sólo 22 años, expresó con una elocuencia genial el 17 de mayo de 1957, lo siguiente:

”Mientras la pseudo oposición busca arreglos y entendimientos que logren salvar sus enmohecidos partidos y sus apetitos de siempre, surge en el movimiento 26 de julio un nuevo concepto, una nueva idea, que recoge las frustraciones cubanas desde 1902 hasta la fecha y trata de aprovechar las experiencias históricas, para unirlas a las necesidades económicas, políticas y sociales de nuestra Patria, darles las verdaderas soluciones; pero hay más, no sólo aspiramos a derrocar una dictadura que mancha nuestra historia de pueblo amante de la libertad; no sólo aspiramos a poner fin a la bancarrota económica, no sólo a administrar y vivir honradamente; no sólo aspiramos a devolver la libertad y la seguridad al pueblo de Cuba; aspiramos, y esto debe quedar bien claro (…) a encauzar a Cuba dentro de las corrientes políticas, económicas y sociales de nuestro siglo; aspiramos a conmover profundamente a todos los sectores del país; (…) extraer los verdaderos valores e implantar de acuerdo con las particularidades de nuestra idiosincrasia, las modernas corrientes filosóficas que imperan actualmente en el mundo; aspiramos no a poner parches para salir del paso, sino a planear concienzuda y responsablemente la construcción de la patria nueva (…)”

He ahí la visión de este joven, de religión y tradición bautistas arraigadas, que fue asesinado, como muchos otros revolucionarios de otras religiones o ateos, por la dictadura de Batista el 30 de Julio de 1957, y que al comienzo del curso escolar de 1956, se dirigió al Colegio El Salvador, donde trabajaba como profesor y comunicó al Director que dispusiera de su cargo de maestro. Cuando aquel inquirió sobre su actitud, Frank País le respondió: “Porque Cuba me necesita”. Era el mismo joven que afirmó, en el proceso de distribución del alegato de Fidel La Historia me Absolverá: ”Fidel es el único hombre capaz de transformar a Cuba”., Y el mismo que un día expresara: “Cuando quede un solo cubano que crea en la Revolución, ese cubano seré yo”.

De modo que la Revolución Cubana libró una lucha frontal contra la última dictadura en Cuba y la derrotó el primero de enero de 1959 a un precio que se estima en 20 000 muertos. A partir de entonces surgió y se implantó una política revolucionaria capaz de producir la extinción en Cuba de las semillas que fueron capaces de germinar y dar cosechas de dictaduras en otras tierras de América Latina durante este lapso de cincuenta años.

En la época del triunfo de la Revolución quedaban, entre las más renombradas, la de Trujillo en Santo Domingo, la de Somoza en Nicaragua y la de Strossner en Paraguay. Pero antes se habían sucedido otras en América Latina y luego renacieron con fuerza otras en todo el continente, y todas se caracterizaban por un sello distintivo: eran prohijadas y predilectas de los gobiernos de los Estados Unidos, ¡tenía que ser!, y eran enemigas acérrimas del gobierno revolucionario cubano, ¡también tenía que ser!, y todas eran amigas una de las otras y colaboraban entre sí, ¡también tenía que ser! Fue así que tales dictaduras se coligaron para cometer barbaries que aún permanecen en la impunidad, para desplegar la tristemente llamada Operación Cóndor o red internacional del terrorismo de Estado. La cosecha de muertes de un confín a otro, con énfasis especial en los desaparecidos, aún es un dato impreciso. Pero así como surgieron, en un enfrentamiento de guerra a muerte con sus respectivos pueblos, dichas dictaduras fueron cayendo al paso de los años, aunque mal les pesara a su aliado mayor: el gobierno norteamericano de turno.

También en otras partes del mundo surgieron tales tiranías, las mayorías de derecha, pero también las hubo, ¡vaya aberración!, de izquierda.

Pero existen muchas otras dictaduras, las silenciadas o silenciosas, las innombrables por la gran prensa de occidente. Digamos, por ejemplo, la dictadura del dinero, esa que generalmente ha estado amparada o ha formado parte de modo directo de los gobiernos de la llamada y tan cacareada democracia representativa. Porque a fin de cuentas lo prevaleciente en la realidad, en la mayor parte de los casos, es una plutocracia que se viste con distintos ropajes de tipos de gobiernos según quienes ocupen los cargos de mandatarios. Esta es una dictadura que provoca sufrimientos infinitos y mata en forma despiadada a millones de seres humanos en este mundo partiendo de una lógica cierta que según una cita recogida por José Saramago, Premio Nobel de Literatura, se expresa de la forma siguiente:

“Y yo pregunto a los economistas, y a los moralistas, el número de individuos que es forzoso condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmovilización, a la orfandad, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico”.

Esta pregunta puede incluir cuantos seres humanos se matan física y espiritualmente. Por tanto, existe la dictadura de la insalubridad que es responsable de muertes evitables y con ello se atenta al derecho humano a la vida.

Existe la dictadura del hambre extrema o no que también mata, y puede ir lentamente matando en vida, e ir debilitando el cuerpo hasta sucumbir tempranamente. En tales casos la esperanza de vida de cada ser humano queda reducida en un número significativo de años.

Existe la dictadura del analfabetismo, de la falta de enseñanza, de cultura y ciencia, que atenta contra el derecho humano a la libertad plena y, por lo tanto, de poder orientarse, descubrir, conocer y vivir el mundo compartido que nos ha tocado en cada época histórica.

Existe la desigualdad apabullante, a pesar del derecho humano tan reconocido de la igualdad, que considera como normal la existencia del pordiosero y del magnate poseedor de mil millones de dólares, es un decir y las cantidades pueden variar, que pasa en su automóvil de último modelo por la misma avenida dónde el pordiosero siente en su estómago los aguijones del hambre y por eso mendiga.

En fin, en Cuba se puso término para siempre a las semillas de las discordias y al suelo abonado para el resurgimiento de cualquier tipo de dictadura o tiranía. No hay cabida en el territorio de un pueblo enteramente libre ni a tiranías nacionales como las citadas ni a las tiranías mundiales que, teniendo a la cabeza a los Estados Unidos, pretenden concebir el mundo como un territorio totalmente usurpado y a la humanidad entera como su súbdita servil.

Esta es la verdad que no sólo lo es, sino que también es necesario que se vea y sea conocida, a pesar de tantas brumas, nebulosas y oscuridades desperdigadas a los cuatro vientos por esa gran dictadura mediática de la prensa occidental y que es a la vez esclava de la Dictadura Mayor que representan planetariamente Estados Unidos y la Constelación Mayor de estrellas europeas y algunas otras partes del mundo.

(1) Profesor de Mérito

wilkie@sierra.scu.sld.cu


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Wilkie Delgado Correa(*)


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