Apuntes sobre Colombia y sobre las FARC-EP

Como dato previo al lector, le informamos que el insulto que se nos pueda endosar por lo que escribimos, cualquiera que sea su naturaleza, genera en nosotros únicamente lástima, además de explicarnos con ello, nítidamente, las motivaciones por las cuales todavía hay quienes apoyan al asesino y narcotraficante que gobierna ese país tan querido para nosotros como nos lo es Colombia.

 Nos están indicando que vamos bien cuando no recibimos razones que contradigan lo que exponemos sino denuestos. Agradecemos entonces el insulto deseando a quién lo profiere que por algo que solo puede ser casi sobrenatural, lea, se instruya y procure todos los días que le queden de vida, ser un poco más ignorante que el día anterior. Hará muy feliz a su familia y también lo será más él.

 Una muy breve introducción

 En Colombia, muchos de los que hoy son guerrilleros, lo asumieron como lo hicieron sus fundadores, en principio solo para salvar la vida. Otros, en distinta condición, lo hicieron sublevados por la injusticia asentada por décadas en el país.

 El Comandante Raúl Reyes es un ejemplo vivo de ello. Dirigente sindical de Nestlé fue reiteradamente amenazado de muerte hasta que no le quedó otro recurso que enrolarse en las FARC-EP. Casi todos sus compañeros sindicalistas de aquella época, fueron asesinados, que es el destino casi seguro que le espera a cualquier dirigente sindical colombiano digno. Esto no es una afirmación arbitraria del que escribe, sino una conclusión extraída de la verificación de la distinta documentación existente que a ello se refiere. 

 Hoy las FARC-EP están esparcidas por toda la geografía colombiana. En el lugar más alejado del país, existe un comando de la organización. No es sólo con las armas que ejerce su influencia, sino que realiza actividades comunitarias ahí donde su ayuda pueda resolver los problemas que afectan a distintas colectividades rurales.

 Los recientes hechos le han dado un gran sacudón. Ha recibido un duro revés, uno más en su ya larga marcha, golpe muy importante políticamente pues fortalece al procónsul que revierte con esto en parte, el desprestigio creciente que le afecta. Pero, como con los otros contratiempos sufridos, no es todavía el fin para las FARC-EP.

 Los meses de mayo y junio fueron de intensos enfrentamientos en distintos puntos del país, con más bajas en el ejército que la guerrilla. Esa sangre derramada, no solo la de la guerrilla, sino también la de los soldados, merecen el respeto de todos aquellos que con toda buena fe deseen colaborar para terminar de una buena vez con la violencia. Las conminaciones deben ser para todos los actores de ese ya largo drama, y no solamente para una parte de él. Hablaremos a continuación, de algunos tópicos relacionados con la actividad sindical y sobre el paramilitarismo, para acercar lo más que se pueda al lector a lo que es la cotidianeidad colombiana.  

 El acoso contra los sindicalistas

 Un breve repaso de la historia colombiana reciente, y sin referir nada relacionado con las FARC-EP nos dará aún así, la explicación de la razón de su existencia.

 En el año 2000, de cada 5 sindicalistas asesinados en el mundo, 3 lo eran en Colombia. En el año 2002, le correspondió a esta nación el horrible mérito de contar con el 85 por ciento de los sindicalistas asesinados en todo el mundo. En el año 2003 se produjeron ahí el 73 por ciento de los homicidios de sindicalistas. En el 2004 el 66 por ciento y en el 2005, el 61 por ciento.

 Las amenazas contra los sindicalistas se cuentan por miles, y producto de ello se provoca el abandono del trabajo, incluso el alejamiento de la región. Ha habido casos en los que la persecución siguió incluso más allá produciendo el exilio del afectado. A veces, el solo hecho de ser familiar de un sindicalista fue razón suficiente para ser secuestrado.

  Investigaciones de la Fiscalía en el lapso comprendido entre el año 2001 y marzo pasado, permitieron que de 533 homicidios se produjeran 98 sentencias condenatorias contra 13 miembros de la Fuerza Pública, 73 de paramilitares y 53 de delincuentes comunes. Los tribunales de justicia colombianos han determinado, como resultado de sus investigaciones, que ¡Oh, milagro!, la mayoría de los crímenes fueron consumados por paramilitares.

 En los cuatro primeros meses del año en curso, se superó las cifras de homicidios de sindicalistas de todo el año anterior, lo que claramente indica el pavoroso panorama del trabajador agremiado. Ningún trabajador está a salvo en Colombia. Se puede morir por los auspicios o la insinuación de un jefe, por un chisme, o simplemente por error.

 El encargado del otro computador famoso -este sí contentivo de verdades y no mentiras-, el de Jorge 40, un teniente retirado del ejército conocido entre sus colegas asesinos como don Antonio, cuyo verdadero nombre es Edgar Ignacio Torres Fierro Flórez, admitió ante la Fiscalía que sin verificar un “informe de inteligencia”, operación que solo consistía en abrir un sobre y ver si en unas fotografías del Frente 37 de las FARC-EP, una persona señalada de estar en ella era o no la que se indicaba, dio, este criminal aberrado, la orden de asesinar a quien resultó ser el inocente portero del hospital de Barranquilla, Ángel Gabriel Castellón de la Hoz que si bien estaba afiliado al sindicato de la salud, no tenía ninguna relación con la guerrilla. 

 Confesamos que nos supera el asco haber reseñado lo anterior, pero estamos obligados a continuar y seguir para que se vea en las propias palabras del criminal, hasta dónde llega la perversión de estos sujetos, verdaderas escorias de la sociedad, por muy degradada que esa pudiera estar. Dijo: “Abrí el paquete con las fotos y vi que ahí no aparecía la persona señalada como objetivo militar. Por eso, señora fiscal, acepto plenamente mi responsabilidad”. Un error que generó posiblemente, una viuda y huérfanos. Nada importante para esas lacras. Para esa gente, no existe arrepentimiento.

 Uno de los promotores de la muerte de Ëmerson José Pinzón Pertuz, ex dirigente sindical, el 11 de noviembre de 2003, fue sin duda, el director del Hospital de Ciénaga, Jaime Sánchez Maldonado, que le persiguió sin mengua y sin tregua. Fue el representante de los trabajadores en la presentación de un pliego negociador de peticiones. Su cargo era el de Jefe de Servicios Generales. Sánchez Maldonado le descendió hasta el cargo de camillero. ¿Dónde sino allí donde impera la arbitrariedad y el despotismo se pueden ver estas injusticias?

 Es ese mismo 11 de noviembre que, según declarara otro criminal, Hernán Giraldo, en ese momento jefe del bloque paramilitar Tayrona, sus “hombres” ejecutaron a Zully Esther Codina Pérez, vecina de Pinzón Pertuz, comunicadora social y dirigente sindical. La Fiscalía General de la Nación sospecha que Codina Pérez pudiera haber estado en una lista que, según Rafael García, ex jefe de Informática del DAS, entregó a los paramilitares el en aquel momento director del organismo Jorge Noguera, para que aquellos llevaran a cabo una limpieza de dirigentes sindicales. Los funcionarios estos del DAS fueron enjuiciados por concierto para delinquir y condenados a penas de cárcel que, vistos quienes son y cuáles sus delitos, ya deben de estar libres. 

 Los Paramilitares, sus contactos y algunos de sus financistas

 Salvatore Mancuso, tal vez uno de los hombres más diabólicos que pisó tierra colombiana, ha sido un ducho declarante. Ha dicho que son una parte de la estructura del Estado encargada del trabajo sucio, léase asesinatos extrajudiciales. No dejó de mencionar que políticos y militares les crearon como fuerzas de exterminio y que, luego de haber realizado la tarea asignada, pretenden hacerlos salir de la escena por la puerta trasera. No aceptan eso. Por eso se pusieron a hablar.

 Esa es la razón de las extradiciones. Fueron extraditados todos aquellos que por sus declaraciones podían ser un peligro para el estamento político y financiero. Se los vinculan estrictamente con el factor político, pero nunca lo hacen con los que fueron sus nexos financieros que debieron de tener, necesarios para manejarles las cuantiosas fortunas que acumularon.

 Quién podría creer que iban a callar cuando se veían segregados y olvidados por quienes les usaron. Iban a llegar en sus “confidencias” a involucrar políticos para seguir con militares y posiblemente terminarían con los financistas. Atiborrarían las cárceles. Eso era inadmisible. Mejor era extraditarlos.

 De lo que habló Mancuso, quedó establecida la relación con el hoy ministro de la Defensa, Manuel Santos que, según dijo, le propuso un plan para desestabilizar al gobierno de Ernesto Samper cuyo período fue desde año 1994 hasta 1998. Es también por sus declaraciones que se sabe que sostuvo reuniones con miembros del gobierno de Uribe, con parlamentarios –muchos, pero no todos los que fueron, ya están en la cárcel-, y militares.

 En declaraciones ante el juez, en actas judiciales donde lo corrobora, señaló que el ahora vicepresidente Francisco Santos, asistió a reuniones donde propuso la creación de un frente de autodefensa en la provincia de Cundinamarca.

 En sus declaraciones señala que entre 1992 y 1995 fue entrenado por el ejército con manuales del gobierno. De sus relacionados mencionó a los generales Martín Carreño, Rito Alejo del Río e Iván Ramírez, con los cuales coordinó acciones militares que significaba, en buen romance, asesinar a quienes consideraran opositores.

 Entre tantas cosas de las que dijo Mancuso, y que causó gran sorpresa, una de ellas fue cuando habló del súper policía y ex jefe de esa institución, general Rosso José Serrano. Nos cuenta Mancuso que este personaje se alió con el narcotraficante conocido por el remoquete de “El hombre del overol”, para lograr a través de él la liberación del hermano del ex presidente Gaviria. 

 No conocemos, ni suponemos ni nos interesa saberlo, los motivos que indujeron a este paramilitar a dar por primera vez, los nombres de políticos y militares involucrados con esa banda asesina, pero seguramente pese a ser tantos, probablemente no se haya acercado a la mayoría de los que se relacionaron con ellos. Se deduce esto cuando advirtió que diría toda la verdad sobre los nexos que la AUC sostuvo con todos los sectores de la sociedad. Esperaba así este personaje, obtener una sentencia blanda.

 En el tercer interrogatorio al que le sometió la Fiscalía, Mancuso habló sobre sus financistas. Mencionó a las multinacionales estadounidenses Chiquita Brands, Del Monte y Dole Food Company que, según él les financiaron durante varios años. También nombró a la refresquera Postobón y a la cervecera Bavaria. No se salvan los sectores de transporte y tampoco el automotriz.

 También financiaron la actividad paramilitar, Coca Cola, Drummond y Nestlé. Como compensación, los paramilitares eliminaron y expulsaron sindicalistas, sobre todo de Coca Cola, con acciones que dejaron varios muertos.

 Dio detalles “íntimos” de esa relación, indicando que Chiquita Brands y Del Monte les cancelaban de soborno un centavo de dólar por cada caja de fruta exportada. Esto se investiga en el Departamento de Justicia de EEUU que ya ha obtenido el reconocimiento de ese hecho por alguna de las transnacionales. Postobón les pagaba 7 mil dólares mensuales por cada departamento donde distribuía sus mercancías. Bavaria entretanto, les vertía a las AUC, 70 centavos de dólar por cada 30 cervezas que vendía en la Costa Atlántica del país.

 Mancuso mencionó a la empresa automovilística coreana Hyundai contribuyendo con las AUC con 4 automóviles por año. Carlos Castaño les exigió a los coreanos que le suministraran un helicóptero. 

 José Félix Lafaurie, presidente de la Federación Colombiana de Ganaderos, reconoció que cientos de ellos, pero a título personal, brindaron asistencia económica a los paramilitares. Puede ser que por desarrollar tanto los ganaderos como las AUC su actividad en el campo, hayan sido aquellos los primeros que se conectaron con los paramilitares, para beneficio común. Los paramilitares recibiendo donativos de los ganaderos, que los retribuía asesinando y ahuyentando al campesino de las tierras que eran de interés de los ganaderos. Recordemos que los migrantes internos suman millones de personas, encontrándose su cifra entre las mayores del mundo.

 En junio de 2002 la Fiscalía allanó la sede de la Federación de Ganaderos de Córdoba, que es donde nace el paramilitarismo. Computadoras, libros y documentos fue requisado por la Institución. Habían interceptado las comunicaciones entre el paramilitarismo y los ganaderos, registradas en 200 horas de grabaciones. No era tontería. En Córdoba posee una hacienda Uribe Vélez, presidente de Colombia que linda con una de las que tiene ahí el señor Salvatore Mancuso. Como se ve, son vecinos íntimos, cumpliéndose aquel famoso “Dios lo cría y ellos se juntan”.

 El año pasado el senador Gustavo Petro dio a conocer una fotografía de Santiago Uribe Vélez, junto a narcotraficantes y paramilitares en el departamento de Antioquia. La presentó en una sesión plenaria del Congreso en una exposición cercana a las dos horas, donde demostró con documentos judiciales en su mano, la relación profunda de los políticos con paramilitares, ganaderos, comerciantes y agentes del estado.

 El senador también presentó testimonios que indicaban que los paramilitares protegían una hacienda de la familia Uribe. Es la finca “Las Guacharacas”, que es propiedad de la familia Uribe, y es allí donde se ejecutaron guerrilleros. En otra también de la misma familia, de nombre “La Carolina”, tuvieron una base los paramilitares.

 Como se puede calibrar pese a lo escaso de la información manejada, la complejidad es la dominante en Colombia. Pero, las enormes reservas morales del país le permitirían superarlas. Sólo deben procurar superar las dificultades que les impiden intentarlo.

roosbar@cantv.net



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Roosevelt Barboza


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