La ONU, inútil organización, ya fue desmontada en Davos 2026

Al Foro Económico Mundial de Davos no asiste cualquiera. Harto conocido es que se trata de una reunión de la “élite global”, conformada por las personas más poderosas del mundo, entre políticos, empresarios, académicos y gente influyente. Presuntamente, hay que pagar cuotas de membresías que oscilan entre 50 mil y 500 mil dólares anuales.

Dado su poder, no es de extrañar que asuman que su misión sea hacer avanzar el mundo mediante alianzas y la compartición de ideas. De modo que tampoco es de extrañar que se le acuse de mantener en “cautiverio” a las grandes instituciones globales y democráticas.

Así, siendo un evento que congrega a la plutocracia global, no es descabellado afirmar que dicho foro constituya una instancia para determinar la dirección de los asuntos mundiales. De hecho, como los hashtags de las redes sociales, allí se generan tendencias en materia económica, tecnológica, empresarial y cooperativa que luego los estados adoptan en su línea política y comercial.

En el foro no se toman decisiones con votos ni nada parecido, pero posee el don poderoso del susurro que manda y que los poderosos del mundo acatan como una clave para sincronizar sus intereses.

Allí llevó Donald Trump la propuesta de desmantelamiento de la ONU a través del relato de sus aventuras. Por supuesto, de modo subliminal, si es que cabe imaginar esa astucia en temperamento tan incontenido. Narrar la “gracia” con que agredió a Venezuela utilizando un sofisticado armamento, secuestrando a su presidente; y exponer la necesidad que tiene su país de tomar Groenlandia para protegerse de algunos fantasmas constituye la propuesta de muerte del derecho internacional, paso previo a la crucifixión del ente regulador mundial.

El golpe de gracia formal contra la ONU es la presentación de la Junta de Paz para “remediar” los problemas de la Franja de Gaza, además de cualquier otro que se presente en el mundo. Tal junta ya cuenta con la suscripción de veinte países y se perfila como la extremaunción de la ONU, dado que la socava como árbitro moderador de conflictos internacionales. Como el Foro de Davos, esta junta pide a sus suscriptores $1000 millones, pero tendrá la diferencia de que sus cófrades podrán votar destinos, lo más seguro contra países dueños de riquezas y militarmente vulnerables.

Como dijo el primer ministro canadiense en el mismo foro: el orden mundial llegó a su fin con el tema Groenlandia y comienza “una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no está sujeta a ninguna restricción”. Se privatiza, pues, el derecho internacional y se convierte en hecho la afirmación de Trump de que su límite es su propia moralidad personal.

 


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Oscar J. Camero

Escritor e investigador. Estudió Literatura en la UCV. Activista de izquierda. Apasionado por la filosofía, fotografía, viajes, ciudad, salud, música llanera y la investigación documental. Animal Político https://zoopolitico.blogspot.com/ https://www.tiktok.com/@comentario_politico?_t=ZM-8tvLQcVBhNX&_r=1

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