España: la transición pendiente

Una ley de Amnistía en 1977 zanjaba en teoría el resentimiento profundo dejado por una guerra civil seguida por una dictadura de 40 años a cargo del general ganador de dicha guerra… Una Constitución, en 1978, daba forma de Reino a este país cuando el pueblo español consideraba amortizada la monarquía…, Y una ley electoral en 1985 aseguraba el bipartidismo, relegando a la irrelevancia las opciones de gobierno eurocomunistas. Con esas tres leyes redactadas más o menos por los mismos herederos del dictador, como si nadie hubiese roto un plato pues nadie se atrevió a enfrentarse a ellos, con una facilidad pasmosa se liquidó la Transición. En el proceso transicional no estuvo presente ni un solo representante del pueblo. El dictador ya se había ocupado a lo largo de las cuatro décadas hasta que murió, de transmitir a la población la idea de que en la sociedad española ya no había "pueblo"; de que la población se repartía entre adictos al Régimen y clases medias. Lo que no era obstáculo para que la aristocracia siguiese formando parte importante de la dinámica social, incrementada con nuevos títulos nobiliarios otorgados por el propio Caudillo, como si fuese un rey de los de antaño…

El caso es que en tan celebrada por algunos, luego y ahora, Transición, no hubo pacto social. Ni se intentó. Ni falta que hacía, se dijeron entre sí quienes dominaban la escena. Han transcurrido 45 años desde entonces y las muchas vicisitudes que van sobreviniendo, tanto dentro como fuera de España, contribuyen a olvidar la necesidad de una revisión profunda de aquel punto de partida impuesto por las circunstancias y por el miedo de la población a un nuevo golpe de Estado. Situación que dio lugar a la concentración de los franquistas en un partido político que, pasaba por "conservador", a lo "tory" británico, y alojaba a jóvenes franquistas redomados que, con el paso de los años, habrían de ir emergiendo del seno de ese partido hasta formar ellos mismos otro de carácter abiertamente franquista para irrumpir, ya sin tapujos, en la política de partidos. Fácil táctica, todo les era favorable, iniciada desde el mismo momento de la desaparición del dictador, en espera de su oportunidad institucional, pasado el tiempo. Oportunidad que ya está aquí. Se le va a presentar, en las próximas elecciones del año en curso...

De todos modos vivimos tiempos de rotura de moldes en todo. Y mucho más en España, un coto cerrado durante 40 años de dictadura. Un coto cerrado a los cambios que en los países europeos se iban produciendo, a los que hemos ido pasando, también a lo largo de otros 45 años, casi bruscamente en la mayoría de los casos, de una dictadura política, religiosa, social y moral, a un dudoso sistema de libertades con efectos traumáticos en esos cuatro planos. Efectos que serán más o menos significativos e hirientes en función de la personalidad del individuo. Incluso el rompimiento brusco con las limitaciones no sólo de las leyes penales sino también morales y religiosas, explican la facilidad con la que un gran número de políticos han usado esa fractura para enriquecerse a manos llenas durante años mediante la malversación y la apropiación indebida y para cambiar de pareja y hasta de sexo. El caso es que de una sociedad que perseguía a los homosexuales, se pasó a otra en la que en pocos años los homosexuales se casan y pueden adoptar, en la que los transexuales y demás variantes del sexo pueden vivir tranquilos; de una sociedad en la que el adúltero era habitual y la esposa agraviada por el adulterio tenía la obligación de soportarlo, a otra en la que el divorcio y los efectos consiguientes en la prole es ahora lo habitual. Todo ello lo suficientemente explosivo en términos comparativos, como para hacer tambalearse a los muros de Jericó. El ímpetu institucional, por otro lado, puesto en la igualdad de género, pese a que las leyes habían resuelto ya este asunto, sólo ha conseguido debilitar la causa general por la igualdad social que es el principal objetivo de la izquierda de todas partes en este modelo de mercado socialmente tan desigual.

Pero el atraso en general de la sociedad española respecto a sociedades que a su vez sufrieron el espanto de dos grandes guerras en menos de cuarenta años y ninguna civil como en España, aun encajada esta nación en una Europa Comunitaria, sigue siendo patente y perniciosa. Ese pertenecer a una Unidad Supranacional no ha sido suficiente para digerir con el mismo aplomo que las demás naciones europeas, el cambio global que se está produciendo y los cambios particulares de mentalidad. Lo que explica a su vez que ni la pertenencia a la Comunidad Europea ni el paso casi de medio siglo desde la dichosa Transición hayan producido efectos significativos en la política doméstica. Y mucho menos en el ámbito territorial porque los dominadores de clase y de judicatura no están dispuestos a la tolerancia, a la flexibilidad, a las consultas populares y referéndums que sí existe en el espíritu de esa Comunidad.

Claro que todo lo dicho puede resultar casi una ingenuidad. Y puede resultar una ingenuidad pues si el mundo no salta antes por los aires de una deflagración nuclear, por diversas vías de información se viene anunciando, si no un gobierno mundial sí al menos occidental, cuyo primer ensayo estuvo en la absurda declaración de la pandemia por la OMS, virtualmente en manos privadas, el 14 de marzo de 2019; primer asalto de la conquista de ese poder que, con los recursos tecnológicos y la inteligencia artificial de los que se habrá de servir ese supuesto supra-gobierno harán irrelevantes muchas cosas y poniendo en un primer plano otras. Desde luego la forma de estado de las naciones y tantas otras preocupaciones que han llenado siglos de historia, serán aspectos en las naciones que pasarán a mejor vida…



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Jaime Richart

Antropólogo y jurista.

 richart.jaime@gmail.com      @jjaimerichart

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