Los mulás iraníes les tienen miedo a las mujeres

Las protestas masivas provocadas por la muerte de una joven sacuden Irán. Las mujeres iraníes están asumiendo un gran riesgo y necesitan más que expresiones de solidaridad.

Mujeres iraníes se cortan públicamente el cabello para protestar por la muerte de Mahsa Amini.

Han estado protestando en todo el país por días. Decididas, molestas y, sobre todo, valientes. Las mujeres en Irán están al frente de las manifestaciones, en un fenómeno que no es nuevo.

Las mujeres han jugado un papel clave en todos los movimientos de protesta de los últimos 40 años, incluido el Movimiento Verde de 2009 y las últimas protestas importantes a escala nacional, en noviembre de 2019, que se extendieron varias semanas antes de ser brutalmente reprimidas.

Inmediatamente después de la revolución islámica de 1979, las mujeres se manifestaron contra el requisito de cubrirse la cabeza, el cual se introdujo en la nueva constitución islámica. No tuvieron éxito y fueron obligadas a someterse al código islámico de vestimenta. Su cumplimiento ha sido impuesto desde entonces por la llamada policía moral de Irán.

Lucha diaria por la piel y el cabello

Pero las mujeres siguieron luchando a diario por cada centímetro de piel y cabello. A pesar de las detenciones y las humillaciones, con el paso de los años los velos se deslizaron cada vez más hacia atrás, la ropa se volvió más ajustada, los rostros se maquillaron más: en resumen, las mujeres volvieron a ser más visibles.

Este derecho mínimo a la autodeterminación es un logro de las mujeres iraníes y una amenaza para los gobernantes islámicos. Esto es porque desafía algo en lo que se basa todo el sistema de la república islámica: el control del cuerpo femenino.

Entonces, incluso las jóvenes inocentes como la completamente apolítica Mahsa Amini parecen asustar a la policía moral. Y esta es también la razón por la que la indignación por la muerte de la joven de 22 años ha unido a personas de todos los estratos sociales, que tienen puntos de vista diferentes. Amini se ha convertido en un símbolo del movimiento de protesta. Todo el mundo puede identificarse con ella, porque le podría haber pasado lo mismo a cualquier otra mujer. Casi no hay una sola mujer en Irán que no haya tenido un encuentro humillante y violento con la policía moral.

Las protestas adquieren nuevas dimensiones

Sin embargo, las escenas que estamos viendo esta vez son bastante nuevas en forma. Las mujeres protestan completamente sin hijabs o queman sus velos en público. Se cortan efusivante el cabello y gritan «¡abajo la república islámica» o «¡muerte al dictador!»

El enfado y la determinación de las manifestantes es mayor que en las protestas de años anteriores. Se enfrentan a las fuerzas de seguridad y en ocasiones incluso logran ahuyentar a los policías que las atacan. La gente en Irán tiene cada vez menos que perder. En 2009, las protestas fueron más por libertad y reformas dentro del sistema. En 2018 y 2019 fueron en respuesta a la sombría situación económica, la inflación galopante y los terriblemente altos precios de la gasolina. Algunas consignas en ese momento ya estaban dirigidas contra el liderazgo clerical y la república islámica.

Pero hay una dimensión completamente nueva en lo que estamos viendo ahora. Los manifestantes están derribando carteles de los líderes revolucionarios Jamenei y Jomeini, los queman y exigen en voz alta la caída de todo el sistema político. Cada vez más personas les dan la espalda al régimen, a su ideología e incluso al islam en su conjunto. Y esto ahora incluso sucede con las personas de las clases más tradicionales de la sociedad.

Además,los reportes iniciales indican que el régimen de Teherán ya ha restringido severamente el acceso a internet. La experiencia de la última gran ola de protestas en 2019 nos dice que esto no augura nada bueno. En ese entonces también bloquearon internet. En estas nuevas manifestaciones más de 35 personas, incluyendo niños y adolescentes, han sido asesinadas. Los manifestantes están siendo golpeados y arrestados en sus casas.

Punto de inflexión o represión sangrienta

El velo de las mujeres es uno de los fundamentos más importantes de Irán. Los gobernantes no pueden hacer y no harán ninguna concesión al respecto, porque abolir la obligación de usar el hiyab equivaldría al principio del fin de la república islámica.

A menos que Occidente y la comunidad internacional ejerzan presión sobre el gobierno iraní, este tendrá rienda suelta para reprimir brutal y sangrientamente estas protestas. Las meras expresiones de solidaridad no serán suficientes. Incluso si se trata de revivir el tema del acuerdo nuclear, Irán debe rendir cuentas sobre estos asuntos.

Estados Unidos está liderando el camino. Ya sancionó a la policía moral. El gobierno alemán tiene el deber de hacer lo mismo.

Las gente en Irán, sobre todo las mujeres, están asumiendo un gran riesgo en este momento. Su valentía debe ser reconocida por nosotros. Sus voces deben ser escuchadas. Y el riesgo debe rendir frutos.

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*Yalda Zarbakhch es la jefa de la redacción persa de Deutsche Welle

 

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