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La prensa colombiana augura futuro sombrío a Venezuela

Los principales diarios colombianos, haciéndose eco de los grandes rotativos yanquis, han presagiado un “futuro sombrío” para Venezuela, dado el rumbo escogido hacia el comunismo. No puede extrañar esta conducta de una prensa controlada por una oligarquía cipaya. En principio, el futuro venezolano, nunca será tan oscuro como el que se le plantea al pueblo del vecino país, cuya elite ha sido incapaz de resolver la guerra civil que ya dura más de medio siglo. En segundo lugar, no hay ninguna perturbación predecible que permite augurar una reversión del crecimiento hasta ahora sostenido de la economía nacional. Y al revés de lo que ocurre con la economía colombiana, encadenada por el TLC a la usamericana, nuestro comercio internacional se diversifica, y la producción interna se fortalece, por la ausencia de una competencia ilegitima de unas importaciones de bienes y servicios subsidiados.

Desgraciadamente, no ocurre lo mismo en aquel país, convertido en un protectorado del Imperio, y sometido a las prácticas excluyentes de un capitalismo salvaje. Un hecho, que junto con el conflicto armado presente, produce un desplazamiento masivo de población, que expulsa hacia el exterior una importante masa humana, con el empobrecimiento de uno de los principales factores de producción. No es Cuba el país que produce el mayor éxodo de población. Es Colombia, quien compitiendo con los estados centroamericanos y México, la que presenta el mayor número de desplazados hacia espacios externos, siendo Venezuela uno de los destinos preferidos. No coinciden las apreciaciones de este enorme grupo de refugiados neogranadinos, sometido a inhumanas condiciones de vida, con los negros presagios que sugiere esa prensa escudera para Venezuela.

Obviamente, nadie cae en la ingenuidad de pensar sobre un porvenir venezolano exento de dificultades. El camino escogido esta lleno de trampas, obstáculos y desvíos engañosos, que pueden implicar retrasos y retrocesos. Pero ya se sienten avances que permiten un optimismo sano, que desafortunadamente no pueden exhibir nuestros vecinos. En primer lugar, y por sobre todo, esta la conciencia adquirida por las mayorías populares de su poder. Un hecho que les ha permitido organizar sus espacios para resistir el dominio del país por cualquier minoría por calificada que sea. En segundo lugar está el reconocimiento –aun cuando a regañadientes- de las minorías privilegiadas del derecho de la mayoría a orientar la gestión del gobierno del Estado, en el marco de una democracia participativa. Todos comprendieron que la paz, como un derecho, es un bien necesario para el ascenso humano del conjunto. En particular, los sectores privilegiados sintieron en carne propia que el apoyo externo esta condicionado por los intereses geopolíticos del imperio, por lo que no es confiable para el logro de sus fines. Por ello, están reiniciándose, no sin algún éxito, en la tarea de recuperar la influencia y la autoritas perdidas por el ejercicio abusivo del poder realizado durante los últimos 50 años


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Alberto Müller Rojas


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