Trump es terrorista. A Irán le conviene el "ojo por ojo, diente por diente"

Donald Trump traicionó al gobierno de Irak. Le violó su soberanía, el acuerdo de seguridad bilateral Bagdad-Washington y los tratados internacionales. Condujo ataques ocultos en Irak. Mandó a matar de una forma vil al segundo hombre más fuerte de Irán: al comandante de la fuerza iraní Quds, Qassem Soleimani, después de que su avión aterrizara en un aeropuerto en Bagdad. Lo hizo sin una autorización del uso de la fuerza en el extranjero que aprueba el Congreso estadounidense.

A su vez, mató al principal líder de la organización chiíta de Irak Abu Mahdi al Muhandis y a diez personas más en ese mismo ataque. Aún no le pide perdón al gobierno aliado de Irak ni a su pueblo.

Trump sin pudor dice en un Twitter que Soleimani, "¡Debió haber sido aniquilado hace muchos años!".

Mike Pompeo, declaró que el presidente Trump fue informado sobre el bombardeo y destacó que la Casa Blanca "no tolerará" que Irán "tome medidas que pongan en peligro a hombres y mujeres estadounidenses".

Trump es un terrorista convicto y confeso y hay que buscar la forma de detenerlo. "No a la guerra con Irán" gritan muchos en varias ciudades importantes de EEUU.

Irán a jurado venganza. Una venganza que pudiera no ser contra infraestructuras, bases militares o civiles estadounidenses, porque caerían en el juego que quieren los "perros de guerra" del Pentágono.

La venganza tiene que ser del mismo nivel de intensidad. Irán no tiene porqué precipitarse y poner en riesgo la estabilidad de la región, afectar su infraestructura económica, militar y generar muertes masivas e impredecibles que es lo que realmente quiere Donald Trump para cumplir su compromiso con los poderes que realmente mandan en EEUU.

En otro Twitter Trump advierte a Teherán: "Si atacan de nuevo, les golpearemos más fuerte de lo que nunca antes hayamos hecho!". También ha insistido, que Washington "acaba de gastar dos billones de dólares en equipo militar". "¡Somos los más grandes y los mejores del mundo!", ha aseverado.

Realmente, ellos quieren guerra. Trump sabe que no va a ganar una reelección. Pero al igual que ocurrió con sus antecesores: Clinton, Bush y Obama, a pocos meses de su salida, generaron un conflicto mayor para que la industria bélica estadounidense se beneficie, la economía se reactive, y a su vez, afecte a sus principales enemigos en el mundo. En los actuales momentos los enemigos son Irán, China, Rusia, Turquía y Venezuela, entre otros.

La estrategia gringa siempre ha sido: el presidente saliente genera el conflicto o la guerra y el que viene que lo arree.

¿Trump actuó por venganza? Veamos. Ha manifestado: "que esto sirva como una ADVERTENCIA de que si Irán ataca a cualquier estadounidense o activos estadounidenses tenemos como blanco 52 puntos iraníes (que representan los 52 rehenes que tomó hace muchos años)", escribió Trump en un Twitter haciendo referencia a cuando, en 1979, un grupo de estudiantes iraníes tomaron la embajada estadounidense en Teherán y retuvo a su personal.

Es claro, una escalada bélica en el Medio Oriente donde participe Irán afectaría a su principal aliado y cliente energético que es China, la primera potencia económica mundial, y así EE.UU. conseguiría desarticular el bloque geopolítico y estratégico económico internacional, fuerte y antiimperialista que está venciéndolo en un escenario de relativa paz mundial como el actual.

El Pentágono ha sacado sus cuentas. Le conviene un escenario de guerra y de caos donde pueden sacar algunas ventajas y calmar ansiedades con fines electorales. Además, tienen la máquina para financiar todas las guerras que quieran: la impresión de dólares sin respaldo, tienen más de 850 bases militares y marines no estadounidenses para mandarlos a sacrificar por "USA" y tienen el petróleo de esquisto suficiente para aguantar una guerra de alta intensidad en el Medio Oriente.

Una guerra abierta podría afectar la circulación por el estrecho de Ormuz, ubicado en la frontera del norte de Irán, la única conexión del Golfo Pérsico con el Mar Arábigo, en el Océano Índico, por donde sale el 30% del petróleo que se transporta al mundo vía marítima (unos 15 millones de barriles diarios) y cientos de millones de dólares en otras mercancías.

Con el inicio de un conflicto en esa región, al igual que ocurrió en 1973, con la guerra de Yonki Pur, los precios del petróleo se dispararon y los grandes perdedores fueron Japón y algunos países europeos que venían con un crecimiento económico elevado, porque eran altamente dependientes del petróleo de los países árabes e islámicos. En contraste, en ese momento Estados Unidos sufría de una recesión económica y crisis social fuerte. Provocaron la guerra y salieron airosos.

De igual forma, ocurrió durante la guerra Irán-Irak que duró 10 años, la guerra del golfo en 1990, y la guerra en Libia en 2014: los precios de los hidrocarburos se dispararon y afectaron mayormente a las economías altamente dependientes de las importaciones de crudo.

En la actualidad, gracias al petróleo de esquisto, EE.UU. puede garantizarse una gran parte del suministro petrolero que deje de fluir hacia su país provenientes del Medio Oriente.

Es por lo anterior, que la venganza iraní más inteligente podría ser "un ojo por ojo, diente por diente". Le causaría mayor dolor a las cúpulas del poder estadounidense, en vez de actuar contra sus embajadas, infraestructuras militares, entre otros, y crearles el escenario para la muerte, la destrucción y el negocio que los jefes del capital financiero y los perros de guerra estadounidense quieren.

El "ojo por ojo, diente por diente", puede esperar su momento estratégico.



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Andrés Giussepe

Doctor en Gerencia, Especialista en Política y Comercio Petrolero Internacional y Economista de la Universidad Central de Venezuela. Secretario Nacional del Movimiento Profesionales de Venezuela.

 agiussepe@gmail.com

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