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Evo, no percibió que la izquierda es la esencia de la oligarquía boliviana y venezolana (2)

Estados Unidos está profundamente dividido. A pesar de los «buenos números», mucha gente manifiesta insatisfacción. Se ha expandido un clima de miedo. En tal contexto, Donald Trump aparece como un candidato que no solo es sinónimo del costado más odioso y nativista del Partido Republicano, sino que manifiesta, además, una visión tribal de Estados Unidos. La sociedad estadounidense es para Trump como una típica high school, donde no solamente hay claras divisiones entre los diversos grupos sino también, y, sobre todo, una clara jerarquía. A nadie sorprende, pues, que su papel sea el de un «bravucón» exitoso y seguro de sí mismo, pues desde su punto de vista (y también según la experiencia escolar de los estadounidenses), el lugar de alguien así está en lo más elevado de la cadena alimentaria. Pero no solamente los patios de las escuelas estadounidenses están marcados por un cierto tribalismo, sino también, y especialmente, los patios de las cárceles. En numerosas series de televisión, desde Sons of Anarchy hasta Orange is the New Black, puede observarse cómo se han corrido los límites entre los grupos: con desprecio y violencia.

Por el contrario, Hillary Clinton es –como lo fue Barack Obama antes de ella– la candidata genuinamente «americana». Encarna la aspiración estadounidense a la «unidad en la diversidad», el americanismo sin clases, unos Estados Unidos que no tengan ideología, sino que sean ellos mismos una ideología. «Esto no es Dinamarca, esto es Estados Unidos», le gritó a Bernie Sanders. Hillary Clinton es en cierta medida la encarnación de la visión idealista de la legendaria película El Club de los Cinco de 1985, donde los castigados, pertenecientes a distintos grupos («atleta», «nerd», «princesa», «freak», «paria»), superan finalmente sus diferencias y llegan a respetarse mutuamente. El discurso de Michelle Obama durante la Convención Demócrata fue el guión para esta «candidatura americana» de Hillary Clinton: «¡No dejes que nadie te haga creer que América no es grandiosa!».

Y Evo Morales se dedico a reconstruir su país y darle al indígena su posición política y social, pero le fallaron los peritajes de la izquierda, olvido que el verdadero izquierdista en el Continente Sureño es miembro de la oligarquía y que en casa de sus padres, los servicios son ejercidos por indígenas. El egoísmo no permitirá un crecimiento social de estas comunidades que viven en las serranías y cuyas hijas van a trabajar como domésticas en la casa de los ricos.

Las peroratas de Donald Trump, siguen quebrantando a la sociedad y esto, esta influyendo en sus seguidores, por no hablar de su partido. El sabe mucho de negocios, pero su campo político es muy limitado. La sociedad se encuentra demasiado dividida, inmersa en la incomprensión, la estupefacción, en el odio que reina entre los grupos y en la escasa disposición al compromiso.

El Partido Demócrata no es más que una mezcolanza de intereses especiales, una coalición de grupos marcados por una política de identidad y unida especialmente debido a su lucha contra los adversarios y por el poder. Está dominado por círculos neoliberales del mundo de los negocios y la política. Este es el resultado del viraje a la derecha de la década de 1980 y del rechazo posmoderno al último resto de política de cuño socialdemócrata en la década de 1990. A Sanders se le echó en cara haber hecho «reduccionismo económico» porque se refirió a la desigualdad económica en Estados Unidos de forma general en lugar de haber diferenciado por grupos. El Partido Demócrata hace mucho tiempo ya que no se interesa por los varones blancos sin título de college, a los que corteja electoralmente Trump, ni por los obreros especializados de la industria manufacturera, que miran con preocupación a la globalización (y a la inmigración).

Evo, creyó mucho en Nicolás Maduro Moros y lanzo un lenguaje tenaz contra Estados Unidos de Norteamérica en vez de mantener su tono con los empresarios norteamericanos y venderle a buen precio el Litio, que tanto necesitan para sus baterías y lograr un avance más en su economía hasta llegar a la plenitud.

Las elites económicas e intelectuales que dominan el partido, y también los funcionarios, no pocas veces los han tratado con un claro desdén, siguiendo el lema: es culpa de ustedes si no prestaron más atención en la escuela. La educación o los cambios de escuela deben ser la solución. Peo, a su vez, la oligarquía siempre visualizo las tierras vírgenes de la serranía andina, quizás Evo no analizo porque Ernesto Guevara De La Serna fue traicionado por el francés Regis Debray y, porque el partido comunista boliviano no le presto ningún apoyo, además fue traicionado por algunos indígenas que le trabajaban a la oligarquía.

Hace tiempo que las encuestas parecen decir que Donald Trump logra movilizar a grandes sectores de este grupo de electores. Pero esto obedecía simplemente a una distorsión: es que se contabilizaban solo los electores que probablemente quisieran participar de las primarias republicanas. Lo que ha quedado claro es que las personas sin estudios, en su mayoría, no votarán, como de costumbre. Quizás presientan que detrás de la retórica hostil a los inmigrantes y al libre comercio está la ostensible marca del darwinismo social: quien no triunfa, tiene la culpa.

Ni el americanismo liberal de Hillary Clinton ni el tribalismo nativista de Donald Trump podrá unir a la desgarrada población estadounidense. Es por ello que la «revolución política» de Bernie Sanders sigue siendo tan importante en la fase caliente de la campaña electoral por venir y está por comenzar. Precisamente porque su concepción de un «socialismo democrático» no se basa en una simple mecánica de clases y lucha de clases, su orientación a los intereses comunes de grandes sectores de la población es apropiada para unir con fuerza y agrandar la coalición electoral demócrata.

Si Sanders, sus seguidores y la organización Our Revolution hacen un aporte notorio a una victoria electoral de Hillary Clinton, el gobierno de Clinton estaría obligado a tomar más en cuenta las demandas de esta clientela electoral y muchos tienen sus parientes en Bolivia y Ecuador. Que de ello realmente surjan medidas políticas significativas que puedan en el mediano plazo unir más fuertemente a la población estadounidense, dependerá de la resistencia al lobby económico, pero también de que el Partido Republicano retome con decisión su proceso de renovación. Después de la derrota de John McCain frente a Barack Obama –y en vista de los procesos demográficos–, hubo un debate interno sobre un programa más orientado al bien común para sondear nuevos grupos de electores, que fue súbitamente interrumpido por el éxito del Tea Party y de Donald Trump. Ahora ese debate vuelve a comenzar ante el nuevo acontecer electoral. Al igual que Empower America, de Obama, la organización de Sanders está casi fuera del Partido Demócrata y tampoco lo renovará en su estructura, pero mientras que en el caso de Obama de lo que se trataba finalmente era simplemente de su reelección, la nueva organización estará al servicio del país en este 2019- 20. Sin embargo, ¿será esto realmente posible cuando la nueva organización ya está implicada en controversias?

Pero el sistema capitalista estadounidense necesita una renovación profunda para poder hacer frente a la crisis climática y a niveles de desigualdad inaceptablemente altos. Necesita ver más al Sur. Los países europeos han demostrado que una provisión amplia de programas estatales, la prosperidad económica y la libertad son inseparables y poco tienen que compartir con los estadounidenses.

En tal sentido, ya hay propuestas para el futuro, un fanático religioso al estilo Bolsonaro con Biblia en mano y serbio como añadidura, se atrevió a dinamitar la presidencia de Evo, quien no tomo las precauciones contra esta militancia religiosa obtusa y domesticaron a la FANB bolivianas para llegar al indígena que les dio un rango social a estos hombres criados en las faldas de la montaña.

Todos los candidatos presidenciales estadounidenses deberían presentar sus plataformas económicas, para que los votantes puedan evaluar de qué manera las alternativas afectarán su calidad de vida. La gente necesita saber si tendrá acceso a atención médica, educación superior y servicios de cuidado infantil, además de un empleo seguro con salario digno y tiempo libre suficiente para una vida equilibrada con la familia, los amigos y la comunidad.

No son aspiraciones y demandas excesivas para la ciudadanía de un país rico. Estados Unidos tiene recursos para crear una economía capitalista mejor, y sabemos qué políticas pueden aumentar el bienestar actual y el de las generaciones futuras. Ahora depende del país elegir autoridades ejecutivas y legislativas capaces de crear este nuevo sistema.

Larry Cohen sostuvo que Clinton, una ex primera dama que fue senadora y secretaria de estado, "dedicó su vida al Partido Demócrata y merece ser escuchada", pero como veterana de la política debería "apoyar las posturas del partido y no dividir desde adentro".

Larry Cohen, prominente integrante del Comité Nacional Demócrata y quien apoya a Sanders, opinó en una entrevista que las declaraciones de Clinton pueden terminar perjudicando al candidato que consiga la nominación. Su choque con Gabbard y otros comentarios recientes indican que, a los 71 años, Clinton sigue siendo una figura controversial. Sus colaboradores, no obstante, aseguran que no tiene intenciones ulteriores.

"Es fácil buscarle segundas intenciones a todo lo que dice. Pero está de gira promoviendo un libro y siente que puede decir lo que quiera", afirmó su portavoz Nick Merrill. "Así de simple. Dice la verdad".

Nombro a la Clinton porque leo su biografía y muestra gran interés por el oro y el gas.

No hay un libreto a seguir para los excandidatos a la presidencia, ni para los expresidentes.

John Kerry (demócrata) y John McCain (republican) retomaron calladamente sus funciones como senadores. Al Gore (exvicepresidente demócrata) pasó a ser un firme promotor de medidas para combatir el cambio climático. Sarah Pailin, quien fue compañera de fórmula de McCaine, tuvo una presencia activa en los medios de prensa conservadores y ayudó a movilizar la base que llevó a Trump a la presidencia. Toda esta gente se encuentra interesada en un control absoluto de los países subdesarrollados y Bolivia no pudo escapar de ello.

Clinton, sin embargo, está "en una categoría aparte", expresó Karen Finney, una de sus principales colaboradoras de la campaña del 2016. Hillary, la primera mujer postulada a la presidencia por uno de los partidos grandes y quien sacó 3 millones de votos más que Trump, sigue siendo popular entre los demócratas, a pesar de que se le echa en cara haber perdido estados vitales del centro del país en el 2016. También es uno de los blancos preferidos de los republicanos.

Actualmente, todo es un revuelo. Funcionarán tan bien como en el pasado. Las cosas que pronosticaron en el 2016 se hicieron realidad", expresó el estratega demócrata Rick Tyler. "Tiene mucho peso. Es un factor a favor, no en contra, de los demócratas".

Tan amplio es el abanico de nombres, que incluso desde el entorno de Hillary Clinton y Sanders, han dejado trascender que podría llegar a lanzarse en busca de la presidencia por tercera vez, una alternativa, a estas alturas, insólita para muchos, pero que, a la vez, desnuda el vacío de liderazgo que sufre la oposición.

En Washington, no fueron pocos quienes se agarraron la cabeza, salvo en la Casa Blanca, donde la noticia fue recibida casi como un regalo anticipado de Navidad. Pero, Bolivia es un país envidiado. Ya Evo no está, se confió de los protestantes y de Marx, ambos que reflejan la religiosidad y el materialismo determinan el futuro de estas tierras vírgenes. Esta vez, los votantes afroamericanos enfrentan nuevamente una decisión pragmática y tendrán la oportunidad de ver qué candidatos son bien recibidos por los blancos antes de decidir a quién apoyarán. Ya los bolivianos deben regresar a tiempos del neocolonialismo.

Sí, sólo queda un milagro. A veces se dan, es resistir.



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Emiro Vera Suárez


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