Hacia la reconstrucción de la tierra sin mal

A nuestro arribo a la aguerrida ciudad de El Alto, el atardecer nos recibía con un embravecido y violento chaparrón de granizos. Para muchos indígenas marchistas del Oriente, sentir granizada y sol al mismo tiempo era una novedad, como novedad era para muchos otros ver el imponente Tata Illimani o el frío altiplánico que sólo pudieron soportar gracias a la solidaridad de los alteños. En el espíritu colectivo de los 15 pueblos indígenas del Oriente del país, aglutinados en la CIDOB , se podía percibir sentimientos de cansancio, esperanza, alegría, preocupación. No era para menos. Habían caminado cerca de un mes para atravesar el país de Oriente a Occidente, cargando muertos y heridos, buscando reconstruir y aproximarse al mito de la Loma Santa o la Tierra Sin Mal. Un lugar paradisíaco, libre de males como el latifundismo y el cautiverio.
Al amanecer el martes 28, el radiante sol de la aurora de El Alto nos presagiaba que algo nuevo estaba por suceder. Así nos alistamos para emprender nuestro último tramo y confundirnos con otros compañeros/as que también habían surcado el país desde sus diferentes rincones. En el trecho de El Alto hacia la Ciudad de La Paz fuimos fortaleciéndonos cada vez más. No sólo por los aplausos y gestos de solidaridad de nuestros eventuales vecinos, sino, sobre todo, porque nuestra marcha por la tierra y la liberación, en la medida que bajábamos, se iba convirtiendo en una verdadera embravecida boa (serpiente) multicolor que descendía zigzageante directo hacia el corazón político de la Bolivia de los latifundistas. Tamboritas, arengas, cuetillos, wiphalas, banderas, arcos, flechas y aplausos clamaban al unísono: ¡Tierra y Liberación!
En la bajada, un niño aymara salió de su tienda corriendo con su bolsita de panes dulces en busca de otro niño moxeño que bajaba de la mano de su padre con su banderita verde de la CIDOB. El ritmo de la marcha no les dio tiempo para decir palabra alguna, sólo miradas sonrientes pudieron intercambiar. Estamos seguros que los niños/as (cerca de 50) que participaron en esta marcha jamás olvidarán que con sacrificio y solidaridad siempre es posible recuperar la tierra y la libertad.
Cuando el sol golpeaba justo en la mitad de la plaza de Los Héroes, los héroes indígenas y campesinos/as ingresaban y ocupaban la plaza con dignidad como en otros tiempos. Sólo que esta vez, en lugar de gases y represión estatal, recibieron aplausos y congratulaciones por parte de un Presidente indígena que sufrió las marchas de sacrifico y represiones militares.
Pero los presagios del radiante sol del amanecer no se concretaron sino hasta muy entrada la noche. Cerca de la media noche, cuando la ciudad dormía, la oscuridad comenzó a convertirse en claridad para los cientos de miles de indígenas y campesinos que sobreviven en el cautiverio en el Oriente y en surcofundios en el Occidente del país. El Presidente Evo Morales promulgaba la Ley de la Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria que ponía fin al inconstitucional e inmoral latifundio y daba inicio a la redistribución comunitaria de la tierra a sus verdaderos dueños. Así, los siglos y generaciones de despojo y cautiverio de los indígenas y campesinos encubiertos por la frondosa selva y el discurso “democrático” de los terratenientes comenzaba llegar a su fin. La desesperación de los verdugos, frente a la inminente victoria de sus víctimas era más que evidente.
La Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria no es el fin. No es la Loma Santa para los indígenas y campesinos sin tierras. Es sólo un instrumento. Sólo un medio para la reconstrucción de la Tierra Sin Mal.
Con esta Ley los propietarios de los extensos predios agrarios, cada dos años, tendrán que demostrar, en el campo, el cumplimiento de la Función Económica y Social (FES) de sus tierras. Si antes, los terratenientes podían conservar sus extensas tierras improductivas con sólo pagar un impuesto simbólico, esperando que el Estado les abra carreteras y otros servicios para luego negociarlas a precios exorbitantes, ahora están en la obligación de producirlas. De lo contrario las tierras no cultivadas o sin ganadería retornarán al dominio del Estado (reversión) para su redistribución a las comunidades indígenas y campesinas.
Las engañosas hipotecas bancarias de las tierras, los turismos vacunos, las parrilladas (borracheras) para los técnicos del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) organizadas por los latifundistas ya no serán los mecanismos comunes para “sanear” la tierra. Las vacas ya no tendrán 25 hectáreas por cabeza, sino sólo 5 hectáreas .
Las dotaciones comunitarias (entregas gratuitas) será el único método para la redistribución de la tierra, las mismas que no podrán ser hipotecadas o transferidas. La tierra ya no será más para quienes tengan plata e influencia política para acapararla, sino para las comunidades que la trabajen.
Las extensas propiedades agrarias podrán ser expropiadas en beneficio de todos los indígenas del país. El Consejo Nacional del INRA estará conformada por representantes de las diferentes organizaciones indígenas, campesinas y empresarios implicados en la actividad agropecuaria nacional. El Director Nacional del INRA y las autoridades departamentales ya no serán designados sólo por los empresarios agropecuarios o por los terratenientes (como ocurría). Estas autoridades responderán a la voluntad de todos los sectores que trabajan la tierra.
La sola presencia de los monitos, los sapitos, los ríos, la biodiversidad en general (servidumbre ecológica), no será un argumento suficiente para demostrar el cumplimiento de la FES de un predio agrario, necesariamente se tendrá que invertir y realizar un manejo de la tierra de acuerdo a la normativa legal.
Esta Ley es sólo un hito en el proceso de la recuperación de la tierra y de la libertad de las comunidades indígenas en el cautiverio. El Gobierno tendrá que decretar o promulgar su correspondiente reglamento y regular también, lo más antes posible, la actividad laboral rural. Sólo así será evidente el inicio de la recuperación de la tierra y de la libertad para los pueblos esclavizados.
Todo este proceso tiene que realizarse en el marco de una política nacional agraria que garantice un desarrollo integral sostenible que aproxime a los pueblos originarios al mito de la Tierra Sin mal. Todos los bolivianos/as tenemos que estar vigilantes para que así sea. Después de todo, hoy, no es tiempo para derrochar el esfuerzo y las vidas sacrificadas (3) por nuestros hermanos/as indígenas, auténticos/as baluartes de la nueva tierra con justicia ecológica.


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