China, obligada a contraer sus estructuras fiscales a nivel mundial

Nos encontramos frente a un escepticismo total, el gobierno central bolivariano y comunista regido por nuestro presidente, Nicolás Maduro Moros. Vehiculiza las transformaciones del país sobre expresiones bellas, pero obvia el rescate bancario posterior a la crisis de 2008 a nivel mundial y, actualmente se sigue hablando de la misma crisis como sí fuese económica, muchos dirigentes mundiales opinaron que los banqueros y financieros son esencialmente deshonestos y que están coludidos con el sistema político. Desde el punto de vista liberal, esa complicidad se extiende al "complejo industrial militar" (término acuñado por Eisenhower); y, desde el ángulo conservador, incluye a los sindicatos de trabajadores estatales, al de maestros y a otras organizaciones sindicales que se han vuelto el principal contribuyente a campañas electorales, urdiendo un círculo vicioso en que el gobierno de Obama y ahora Trump. Fidel, Raúl y ahora Miguel- Clane, de Cristina a Macri, De Lula a Vilma, De Rafael Correa a Lenin Moreno. Todos han contribuido a forzar la sindicalización (prohibiendo el voto secreto a nivel gremial, por ejemplo), y al desorden colectivo por su lenguaje. Lo cual genera jugosas cuotas de contribución obligatorias que se reciclan a campañas electorales de políticos que apoyarán los intereses del gremio, lo cual ha llevado a que el sistema político estadounidense y de sus colonias, como los del eje cubano estén en caída libre, ante la creciente influencia de poderosos colectivos, que vienen controlando todo. Lo que nos ha llevado a que la economía de las naciones y bancaria se parezca cada vez más a la griega, en su peor momento. griega.

Algo que tienen en común las protestas europeas y que amenaza con convertirse en la realidad estadounidense es que en el viejo continente protestan jóvenes que exigen lo que los políticos les han dicho, que es su derecho a "altos estándares de consumo, independientemente de sus esfuerzos individuales" (como dijo Peggy Noonan, columnista de The Wall Street Journal), y no solo reclaman jóvenes de veinte años –en Francia, por ejemplo– porque se propone aumentar una edad de retiro que les afectará dentro de cuarenta años, sino que también saquean –en Inglaterra, por ejemplo– las tiendas de electrónica o de deportes porque es injusto que no tengan un iPad o los últimos modelos de calzado deportivo. Los políticos –ya sea Chávez, Kirchner, Obama o Sarkozy– han utilizado los recursos del Estado para nutrir a su clientela, y de repente se dan cuenta de que, en un entorno de menor crecimiento económico, los Estados (que han asumido la deuda de instituciones financieras o de familias en quiebra) no tendrán con qué cumplir sus promesas, ante la realidad de una sociedad que envejece y una población que crece poco o incluso decrece. Increíblemente, a pesar del colapso del Estado benefactor europeo, algunos políticos en el nuevo mundo siguen viéndolo como paradigma.

El sistema chino, mientras tanto, intenta escapar de la camisa de fuerza de un modelo exportador basado en tener una moneda artificialmente barata que les permitía generar empleos –de hambre, pero masivos– pero que tenía el indeseable efecto de llevarlos a acumular millones de millones de dólares en reservas.

Esa condición que algunos ven con envidia es todo menos deseable. Como todo banco, el Banco Popular Chino (el banco central) tiene activos y pasivos. Su activo está en bonos denominados en dólares (moneda que se devalúa), recibiendo ingresos ínfimos por las tasas de interés cercanas a cero en dólares, y su pasivo está en yuanes (que se revalúan), y pagan tasas crecientes ante la presión inflacionaria que va en aumento. La pérdida entre la tasa activa y la pasiva crece exponencialmente, y en forma descarada se atreven a sermonear sobre la política monetaria estadounidense. ¿Lo hacen para enviar el reflector lejos de casa o son tan arrogantes e ignorantes que creen su propia retórica?

Pero, los venezolanos, lo tomamos como una realidad y nos expolian. Los árabes y chinos jamás han sido nuestros amigos, menos ahora. Nos encontramos en un túnel sin vuelta.

Conforme la demanda estadounidense y europea caen, como resultado de la ausencia de crecimiento y del alto desempleo en sus economías, el modelo exportador chino deja de tener sentido, y el sistema autocrático intenta migrar de forma desesperada hacia un modelo que fomente el desarrollo de un mercado interno. Al hacerlo, sin embargo, pierden competitividad internacional ante la necesidad de aumentar salarios e incrementar el poder adquisitivo de su moneda. Como cuando uno va en un automóvil: para cambiar de dirección, primero hay que meter el freno. La economía china se desacelera en un momento delicado y prueba sin lugar a duda que, lejos de ser la locomotora de la economía mundial, es el cabús que para moverse requiere de la inercia estadounidense y europea.

China se convirtió en el gran catalizador de la crisis de 2012-2015. Ante la desesperación por generar empleos y crecimiento, ha fomentado una colosal oferta de crédito proveniente de bancos estatales para financiar la construcción de edificios que se mantienen vacíos, puentes que van de donde no se requiere a donde no se necesita y fábricas que producen lo que nadie compra.

A los venezolanos, nos dan pura chatarra a cambio de petróleo y quizás otras fuentes energéticas y ya yugularon nuestra corriente sanguínea.

Mientras tanto, países "emergentes" como Brasil o Chile, que en medio de la recesión de los países industrializados se beneficiaron de proveer a China con materias primas para construir su manada de elefantes blancos, empiezan a tener una idea de lo que pasará una vez que la demanda global se ajuste a niveles de crecimiento internacional que reflejen la realidad de un mundo que tiene que desendeudarse, que será presa de mayor proteccionismo y que tendrá la presión de mayor regulación. Pero, particularmente en el caso brasileño, el despertar puede ser violento cuando el mundo se dé cuenta de que el modelo económico de Lula y Dilma dista mucho de ser el ideal que la inocente retórica de BRIC (Brasil, Rusia, la India y China, como el potencial motor del futuro de la economía mundial) pretende. La izquierda brasileña en el poder ha hecho aún más rígida una de las economías más burocráticas del continente, agravando la situación laboral, al indizar salarios de forma suicida, por ejemplo.

Por esto, Lula debe ser investigado y atender a los cargos que se le imputan y sí es inocente ser declarado libre, pero, debe responder a la justicia, por su parte, Temer tiene que renunciar, porque también tiene rabo de paja y nunca ha salido del atolladero. En Venezuela, hay mucho que investigar. Hay un silencio total, mientras que algunos recursos materiales se extravían y pierden. Un ejemplo, como casi diez kilómetros de cables telefónicos de fibra óptica en un lugar estratégico porque están anclados en este territorio como eje, el aeropuerto. Petroquímica, zonas bancarias e industrial, bueno, frente a Resimón destrozaron cajetines y frente a Pequiven todavía hay un grueso cable telefónico cortado, cuando este lugar es custodiado por militares policías bolivarianos que colocan puntos de control y, ahora no, y milicianos. ¿Sin juzgar a nadie, la corrupción es interminable? Ahora, funcionarios de CANTV le piden diez mil bolívares por casa para volver a colocar las líneas, me pregunto, sin juzgar, ¿serán los mismos cables?

La crisis que se empieza a hacer evidente en 2011 y continua es la misma que se manifestó en 2008. La única diferencia es que este automóvil ya no trae llanta de refacción. Los bancos centrales de los países industrializados siguen inyectando liquidez a manos llenas en los sistemas económicos, en un esfuerzo que sería análogo a inflar una llanta que tiene un hoyo y somos incapaces de parchar. Durará distancias cada vez menos largas, y requerirá cada vez de mayor presión neumática, pero eventualmente el automóvil igual se detendrá. Y precisamente, los ancianos y trabajadores estamos pagando estos desafueros de los economistas locales que dicen ser comunistas, pero, como piensan en Bélgica, Nueva York e Inglaterra. Vestir como millonarios y no lo son.

Una vez que se acabe el arsenal de medidas paliativas de corto plazo, los gobiernos del mundo no tendrán alternativa más que tomar complejas decisiones de largo plazo que reflejen la nueva realidad. Por ahora, estarán ocupados imprimiendo dinero, comprando bonos que no valen nada con dinero del fisco, prohibiendo operaciones en corto y proponiendo crear sus propias calificadoras de riesgo que reciten lo que quieren escuchar. Eventualmente, se darán cuenta de cuánto tiempo y cuántos recursos desperdiciaron en una necia resistencia a resolver problemas estructurales con soluciones que también lo sean.

Veremos, que suerte nos depara, este nuevo cono monetario. Una devaluación más. En un país que es gobernado por bachaqueros y gente que no se ajusta a las leyes republicanas.

La población ha envejecido y las promesas hechas por el Estado son utópicas, pues los niveles de impuestos que se requerirían en países como España o Italia, con pirámides poblacionales invertidas, provocarían una parálisis de la economía o una deserción masiva de los jóvenes. En nuestro caso, en mi país Venezuela, la mayoría de nuestros hijos se han marchado. Aun en el caso estadounidense, los programas de salud pública se volverán una garantía de quiebra del Estado, a no ser que sean profundamente revisados.

El desempleo en Estados Unidos es estructural debido a que la ventaja competitiva de este país proviene de su capacidad para crear propiedad intelectual.

En términos reales, la media de ingreso de los trabajadores estadounidenses lleva cuarenta años reduciéndose. En los setenta compensaron esa condición al incorporar a las mujeres a la fuerza laboral, logrando dos ingresos por familia, y a partir de los ochenta compensaron endeudándose, utilizando su casa –cuyo valor de mercado creció por décadas– como colateral. Esa alza se ha revertido, y las familias se encuentran hoy con jefes de familia más viejos y con dos veces más deuda, relativa a su patrimonio, de lo que tenían en 1980. Su endeudamiento sigue creciendo, y el valor de su inmueble sigue bajando. El consumo estadounidense seguirá deprimido, conforme se acerca la edad de retiro

La única solución sensata para Estados Unidos es la creciente oferta de bienes no comerciables (aquellos que no se pueden transportar, como servicios turísticos, por ejemplo) y la formación de una nueva industria manufacturera. La primera opción requerirá de un radical cambio de actitud al ofrecer visas a turistas y dar la bienvenida a visitantes en las fronteras, sin hacerlos sentir como potenciales terroristas. La segunda se resuelve con una mucho mayor integración productiva con México para beneficiarse de la oferta de trabajo de un país con 113 millones de habitantes, que está en su punto demográfico óptimo, al tener el mayor número de habitantes en edad laboral que ha tenido o que tendrá. Eso permitiría una integración vertical en la producción de bienes que aprovecharían mano de obra más barata que la estadounidense, pero que se combinarían con su capacidad tecnológica, de financiamiento y mano de obra más calificada.

Y precisamente, ese es el papel de Donald Trump, regularizar a México con EEUU y documentar a los migrantes mexicanos para que transiten a través de la frontera y cancelen sus bienes de consumo de una manera apropiada y estable.

China tiene que hacer una transición democrática, tiene que reducir la endémica corrupción, y tiene que darse cuenta de que no es posible crecer al ritmo que lo hacía, pues eso crea todo tipo de vicios y distorsiones que a largo plazo son explosivos. Pero, dado que es algo que difícilmente lograrán, el resto del mundo tiene que ir tomando previsiones ante la inminente implosión económica del gigante asiático.

Los mercados simplemente están reaccionando a una realidad que se está haciendo más claramente patente. La economía estadounidense creció 0,7% en sus ciclos de control financiero interno y, la francesa no creció en absoluto. Se espera que con Emmanuelle Macron se fortalezca. La economía alemana empieza a desacelerarse, dado que la demanda china de productos alemanes se contrae. La bolsa brasileña ha perdido 30% de su valor en los últimos meses. La aversión al riesgo ha vuelto. Venezuela en una verdadera situación deprimente.

Conforme la baja en las bolsas borró casi cuatro millones de millones de dólares de patrimonio mundial en la primera semana de agosto, la esperanza de que el consumo se recupere parece mucho más lejana. ¿Será esta segunda fase de la crisis igual que la de 2008? Difícilmente. Aquella nos pilló desprevenidos. En esta, al menos los bancos estadounidenses parecen un poco mejor capitalizados, aunque aún tienen que hacerles frente a millones de embargos inmobiliarios en todo el país, y consecuentemente a mercados de propiedades que están lejos de recuperarse. Las empresas estadounidenses están sentadas en alrededor de dos millones de millones de dólares de liquidez, y eso es una buena noticia. No invertirán mientras no se recupere la demanda, pero tendrán gran capacidad para disminuir su endeudamiento, recomprar sus acciones, o dar dividendos, conforme crean prudente. Tener un sector privado razonablemente sano puede volverse el gran catalizador que permita eventualmente salir de este largo y oscuro túnel.

Trump, tiene que hacerlo, estabilizar más el mercado inmobiliario y dinamizar sus colonias a una mayor austeridad y alejarse del contacto comunista, por el asunto del terrorismo, musulmanes y la migración foránea.

Conforme las economías no crecen, el endeudamiento de los gobiernos se vuelve más gravoso. Cuando se mide la deuda, se hace una razón de deuda total a tamaño de la economía. No es lo mismo que Carlos Slim, el hombre más rico de México, deba un millón de pesos a que los deba el bolero de la esquina. En un país como Grecia, el numerador de esa razón (deuda/PIB) crece conforme reciben nuevos créditos y el denominador decrece conforme la economía se encoge. El resultado es que están cada vez más endeudados y se vuelve progresivamente menos probable que puedan pagar lo que deben. De allí, los auxilios financieros de la Unión Europea y Eurozona.

Paulatinamente, crece la preocupación sobre la sostenibilidad del endeudamiento, incluso, de países industrializados. La capacidad de pago es directamente proporcional al crecimiento de la economía, e inversamente proporcional a su costo. Un país como Estados Unidos, por ejemplo, sigue teniendo una deuda absolutamente sostenible pues su economía genera un crecimiento nominal de entre cuatro y cinco por ciento (dos y medio por ciento de inflación, más el crecimiento real), pero pueden emitir un bono a diez años a una tasa cercana a 2% (inferior, incluso, a su inflación). Japón, igualmente, muestra dos veces más endeudamiento que Estados Unidos, pero lo cubre a tasas cercanas a cero por la gran demanda que proviene de la senil sociedad local. Grecia, por otro lado, requeriría de tasas de más de 20%, y su economía presenta una tasa nominal de crecimiento negativa, es decir, su deuda no es ni remotamente sostenible. Pero conforme la deuda italiana y española excede costos de cinco o seis por ciento, la sostenibilidad de su deuda también se pone en duda. Y si bien rescatar a Grecia, Portugal o Irlanda está perfectamente dentro de las posibilidades de Alemania o Francia, el mercado italiano de deuda es el tercero más grande del mundo (superado solo por Estados Unidos y Japón), y un rescate sería imposible.



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Emiro Vera Suárez


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