Venezuela hace fuerte reclamo a los Estados Unidos (II)

El Libertador aprovecha la ocasión al recibir otra carta del agente especial Mr. Irvine, enviado por Washington a Venezuela para demandar a los patriotas le devuelvan las 2 goletas, Tigre y Libertad, que ondeando banderas norte americana son incautadas por navegar por el Río Orinoco sin estar autorizadas, y lo más grave aún, cargadas con gran número de fusiles y municiones para ser entregadas a los españoles. Bolívar le responde al gringo, contundentemente, con una carta fechada el 20 de agosto de 1818 y le da una lección de entereza. Veamos el texto de la parte final de la carta en cuestión.

"Negar a una parte los elementos que no tiene y sin los cuales no puede sostener su pretensión cuando la contraria abunda de ellos es lo mismo que condenarla a que se someta, y en nuestra guerra con España es destinarnos al suplicio, mandarnos exterminar. El resultado de la prohi­bición de extraer armas y municiones califica más claramen­te esta parcialidad. Los españoles que no las necesitaban las han adquirido fácilmente, al paso que las que venían para Venezuela se han detenido. La extrema repugnancia y el dolor con que recuerdo estos actos, me impiden continuar exponiéndolos. Sólo la necesi­dad de justificar al Gobierno de Venezuela podría haberme forzado a manifestar unas quejas que he procurado sofocar hasta ahora y que habría sepultado en el silencio y en el olvido si no fuesen necesarias, ya para desvanecer los argu­mentos con que ha querido V.S. probar la ilegitimidad de las condenas dadas contra las goletas Tigre y Libertad.

Quiero sin embargo suponer gratuitamente por un momen­to, que la imparcialidad ha sido guardada. ¿Qué deduciría­mos de aquí? o es preciso negarnos el derecho de bloqueadores y sitiadores, o es preciso decir que pueden los buques neu­tros entrar y salir de los puertos que han sido excluidos tem­poralmente del comercio por un decreto de bloqueo llevado a efecto. Para lo primero sería necesario declararnos fuera del derecho de las gentes y, consiguientemente, sin obligación de respetarlo; y no sería menos monstruoso sostener lo se­gundo que choca contra todas las prácticas y leyes de las naciones. Podría extender infinitamente las observaciones que he

he­cho; pero como no es mi objeto responder definitivamente sino cuando haya visto y meditado la contestación de V.S. , que acabo de recibir, reservo para entonces explanar estas mismas razones y añadir las más que ahora omito por no cansar su atención.

Con la más alta consideración tengo el honor de repetir a V.S. los sentimientos de distinguida estimación con que soy de V.S. atento obediente servidor.

BOLÍVAR

 Junio de 2018



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José M. Ameliach N.


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