Santos y su corrupción electoral

Para desviar la atención del descomunal descalabro en la represa de Hidroituango ubicada en el departamento de Antioquia y una de las obras emblemáticas de la conocida locomotora Minero-energética con tantos daños ambientales a cuestas, el señor Santos, y como parte de su descarada injerencia en los asuntos internos del Estado venezolano, ha montado tremendo show sobre una supuesta compra venta de votos colombianos en la frontera a favor del Presidente Maduro y la manipulación con las Clap que fueron objeto de adulteración en el Puerto de Cartagena por la política aduanera y portuaria que ha presentado una remesa de tales apoyos como si se tratara de una carga de droga de los urabeños, mafia que es utilizada por altos oficiales de la policía para facilitar su propio negocio de narcotráfico.

Pero Santos no ve y se hace el loco con la masiva corrupción electoral en Colombia con ocasión de las votaciones que se realizaran el 27 de mayo en Colombia para escoger el próximo Presidente.

La red de apoyos del Candidato santista, German Vargas Lleras, está moviendo miles de millones de pesos en la compra de conciencias y votos, en la adulteración de las mesas de votación y en la maquinación de los escrutinios.

Para nadie es un secreto que el sistema electoral colombiano es uno de los más podridos de la región, en el que la compra y venta de cargos es la norma que prevalece.

En las pasadas elecciones de senadores, Colombia quedo estupefacta con el caso de una senadora santista, Aida Merlano, sorprendida en Barranquilla en un grotesco mercado de compra de votos en masa. La señora es una ficha de la conocida Casa Char del Atlántico, que es parte de la infraestructura de las castas oficialistas que sacan pecho posando de honestas y transparentes.

Por todo el Estado los más prominentes jefes del santísimo tienen a su disposición inmensas fortunas del presupuesto público y de los recursos internacionales para la paz, mediante el denominado engranaje de la mermelada, con cupos en el presupuesto nacional, para comprar grandes lotes de votos en favor del señalado por la Casa de Nariño.

Solo para citar un caso, acá en la frontera, copada por batallones monitoreados por las bases militares gringas y con abundante apoyo paramilitar, la Alcaldía de Aguachica (Cesar) es monopolizada por un reconocido contratista de Bucaramanga, Héctor Aguilar, que direcciona a su favor la inversión hospitalaria y de las obras civiles con soporte en la mermelada asignada por el Ministerio de Hacienda en favor de un Senador de la cuerda de Vargas Lleras y de Santos.

Esos casos se repiten por todo el país. La feria de la compra de votos es escandalosa.

Por supuesto, hay un repudio en la sociedad civil contra esa andanada mafiosa que presume de limpia y decente desde la Casa de Nariño y se rasga falsamente las vestiduras con la campaña popular de Nicolás Maduro.

Ese repudio se refleja en el amplio apoyo social a la candidatura de Gustavo Petro que ha emergido como una potente respuesta popular contra la mentira y la corrupción de los dueños de la Casa de Nariño.



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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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