Alquimia Política

Jerusalén: tercera Guerra Mundial

El filósofo francés Edgar Morin, en su obra "El mundo moderno y la cuestión judía", del 2007, expresa que entorno a la cuestión judía, esta se presenta como la mezcla del "…nacionalismo y fanatismo religioso que nos sitúa en el peor escenario y en esta situación estamos en Oriente Próximo". El conflicto entre israelíes y palestinos, ha sido una responsabilidad de ambos; por el hecho de reunir lo religioso y cultural, en un asunto que es netamente político. Los judíos, expone Morin, en Israel, han hecho nacer un nuevo antisemitismo: "…Israel actúa en Palestina para defender su seguridad, pero el componente religioso, el de la tierra prometida, está ahí".

Ahora bien, Morin se refiere a lo paradójico que se muestra que los cristianos rechazaron a los judíos, siendo éstos "…acogidos y respetados por el Imperio Otomano-islámico", pero parecen condenados a no entenderse judíos y árabes. Si se va un tanto a lo histórico, expone Morin, "…el papel de algunos de los marranos (judíos conversos) en el desarrollo de la cultura europea". Morin cita a dos personajes de relieve, el pensador francés Michel de Montaigne y el fraile y español Bartolomé de las Casas, "…ambos de origen marrano y que, con la conciencia de las persecuciones vividas por los judíos, llegaron a ver con compasión a los indios de América".

Morin simplifica a su concepción de complejidad la cuestión judía, al encarar que ha sido un asunto donde la interrelación de las distintas disciplinas del conocimiento han buscado dar una explicación sensata sobre el asunto territorial y político que ha movido a Israel y a los palestinos, comprendiendo que la clave para llegar a civilizar conflicto es priorizando el conocimiento y lo demostrable; sin embargo, aún estamos en una fase prehistórica con respecto al espíritu humano según Morin, por lo tanto es un problema que no ha podido evolucionar quedándose entre los barrotes descriptivos de una complejidad cada vez más absorbente y difusa.

Pero en un sentido estricto de la situación histórica que mueve la realidad de la cuestión judía, los palestinos han querido que Jerusalén sea la capital de su futuro Estado para tomar para sí uno de los patrimonios más importantes de la humanidad que no solamente le daría legitimidad como Estado, sino un alto sentido simbólico y religioso en el mundo civilizatorio moderno. Es un asunto, el de Jerusalén, que mueve los intereses territoriales, culturales y políticos en el Medio Oriente, donde los israelíes y los palestinos, la han reclamado como su capital.

En la década de los ochenta el Estado de Israel declaró a la ciudad como su capital, y casi en lo inmediato, los palestinos designaron a Jerusalén del Este como la sede de su Estado. Lo que ha mantenido en tensión estos intereses particulares de ambos pueblos es el no reconocimiento de otros Estados de esta pretensión, dejando a los pueblos de Israel y Palestina la resolución de sus conflictos por la vía del diálogo y el entendimiento diplomático. Pero a este conflicto regional se ha sumado la postura del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU), a través de su Presidente Donald Trump, en este mes de diciembre del 2017, del reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel. Desde la fundación del Estado de Israel en 1948, esta postura, la de los EE.UU., ha sido la primera en hacerse a nivel formal, activando toda una postura de conflicto que desdibuja la paz en el Medio Oriente. Trump, dijo: " es tiempo de reconocer oficialmente a Jerusalén como la capital de Israel".

La postura de los países europeos ha sido contundente, en cuanto a que aceptar el anhelo del Estado de Israel va en contra de la legislación internacional en cuando a discusión territorial y cultural de los pueblos, así como las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El Presidente Emmanuel Macron, de Francia, ha destacado que la postura de Trump es incongruente con el diálogo diplomático que se ha llevado al respecto del reclamo de Israel y Palestina, sobre el territorio de la ciudad de Jerusalén. El asunto es que Jerusalén es considerada como una ciudad sagrada por los fieles de las tres grandes religiones monoteístas (judíos, cristianos y musulmanes); ahora bien, la presencia judía en Jerusalén se remonta a tiempos muy antiguos; el vínculo islámico por su parte, con la ciudad, se remonta a la conquista árabe alrededor del año 638, cuando el califa Omar tomó la ciudad, garantizando la libertad a los judíos y cristianos que aceptaran el control político y religioso musulmán. Los musulmanes reverenciaban las escrituras judías y compartían su creencia de que Jerusalén sería el lugar místico del apocalipsis, que consideraban inminente.

A todas estas, el argumento de estatus de capital a la ciudad de Jerusalén, debe definirse en el marco de las negociaciones diplomáticas y no por la vía unilateral de alguna nación foránea. Para que los israelitas y los palestinos convivan con paz y seguridad, es necesario llegar a un acuerdo sobre estos territorios sagrados, porque sea cual sea la decisión que se tome, ha de partir de la satisfacción de los intereses de estos pueblos y no de alguna artimaña de los ostentadores del poder imperial mundial. Ante lo que se pudiera estar es en un nuevo escenario bélico mundial que involucre la confrontación de países que se han comportado como aliados de los EE.UU., contra estos intereses imperiales que impregnarían de muerte de nuevo el Medio Oriente.

En un aspecto puntual, el conflicto de Israel y Palestina por el territorio sagrado de la ciudad de Jerusalén, contempla tres potenciales escenarios que han sido sugeridos por expertos europeos en conflictos territoriales: Protestas generalizadas en contra de la postura unilateral de un solo Estado en el mundo de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel; desfragmentación y parálisis del proceso diplomático de negociación para la paz en el Medio Oriente; y generación de una crisis sin precedentes entre Israel y Palestina, en la cual intervendría el Estado Islámico de Irán.

En acepción de Hussein Ibish, investigador principal del Arab Gulf States Institute, con sede en Washington, en una entrevista con la BBC, expresó: "Si Trump hubiera distinguido entre Jerusalén oriental y Jerusalén occidental, le habría podido dar cierto margen de maniobra a países árabes, como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que han estado analizando la posibilidad de construir una nueva relación con Israel, pero no lo hizo; el impacto puede ser aún mayor pues también podría afectar los vínculos entre Turquía e Israel, dos aliados tradicionales de EE.UU., en la región del Medio Oriente.

Esta situación marcará aspectos bien determinantes en los actos violentos entre israelíes y palestinos en Jerusalén y Cisjordania; en 1996, Jerusalén registró disturbios después de que Israel abrió un nuevo túnel en la Ciudad Vieja, la segunda intifada palestina comenzó en el año 2000, después de que Ariel Sharon, visitó el Monte del Templo y expresó una postura de reivindicación sobre los territorios sagrados; a finales de 2015, Jerusalén tuvo una ola de apuñalamientos perpetrados por palestinos por el aumento de las visitas de nacionalistas judíos al complejo sagrado, y a finales del 2016, se dieron actos de violencia cuando las autoridades israelíes intentaron colocar cámaras de seguridad cerca de la mezquita Al Aqsa, después de que un pistolero palestino mató a dos policías israelíes. El pronóstico es que esta vorágine de violencia siga creciendo en la medida que se tomen decisiones contrarias a los principios de la diplomacia y la intervención internacional en propiciar la paz y no en crear nuevas fisuras entre el pueblo de Israel y el pueblo Palestino.

Ya Morin lo había advertido en su libro "El mundo moderno y la cuestión judía", es inevitable que los pueblos exijan el resguardo de sus valores territoriales y culturales por encima de cualquier interés de diálogo o incondicionalidad a favor de otros pueblos. Los judíos tienen una historia que los vincula con Jerusalén, pero Palestina está enraizada en los valores culturales de ese mismo territorio, el asunto es de tolerancia y convivencia, pero para ello es necesario salir de esta pre-historia de civilización en la que está el mundo moderno. Aún está por contarse esta historia, ojalá no culmine con una nueva confrontación mundial que nos lleve a la inevitable frontera de la autodestrucción y el anunciado fin del mundo. Como expresara Albert Einstein en una ocasión: "…No sé cómo será la tercera guerra mundial, sólo sé que la cuarta será con piedras y lanzas…"



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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