El enemigo y las banderas

Está claro que el grueso de la España dominante necesita permanentemente un enemigo; unas veces latente y otras manifiesto. Igual que Estados Unidos. Estados Unidos, para reafirmar por un lado su rotundo imperialismo y por otro su identidad como nación. Razones ambas que explican esa profusión de banderas estrelladas en aquel país, que en una ocasión vi incluso sobre una cloaca...

En cuanto a España, mantengo un recuerdo vivo de hace muchos años. Cuando no se hablaba de independencia, en uno de mis círculos, el segoviano y conservador compuesto de universitarios de postín, se profesaba una hostilidad gratuita y manifiesta, precisamente contra todo lo que tuviese que ver con Catalunya, con lo catalán y el catalán. Y también, en justa correspondencia, recuerdo mi repulsión secreta hacia aquella necia visceralidad y tontuna impropias de personas a las que presuponía instruídas e inteligentes...

El caso es que, como digo, España, esta España, no la otra, la republicana, la sensata, la ponderada y tolerante que nunca acaba de reinar, siempre ha necesitado un enemigo a toda costa para descargar sus frustraciones y la pequeñez mental de sus sucesivos mandatarios. Y, a diferencia de otros países históricamente homogéneos cuyo enemigo ha estado generalmente fuera, esa España predominante lo ha buscado siempre en su interior. De ahí que las guerras libradas por aquí hayan sido invariablemente intestinas, fratricidas; y de ahí que esa España carezca de la sensibilidad que otros países europeos han debido cultivar para facilitar la coexistencia con vecinos contra los que en otro tiempo no demasiado lejano combatieron...

Y en estos momentos cruciales por los que la España del Estado está atravesando, mientras unos ondean su estelada reivindicando ante ese Estado un derecho, patriotas de pacotilla descargan sobre ellos el escarnio envueltos en la bandera sin emblema duradero que muchos cuelgan en balcones, como si de una preguerra se tratase. Y todo porque los jerarcas que van desfilando por la historia del país siguen empeñados contra natura en aunar pueblos heterogéneos en torno a un Estado granítico y artificial. Ignorando los muy necios, que la naturaleza de esos territorios dice otra cosa; del mismo modo que la naturaleza corrige a menudo la obra de ese humano que desvía el cauce de un río o de un torrente.

Así es cómo se gesta la vergüenza y la torpeza habitual que caracteriza a los gobernantes españoles que han destacado siempre mucho más por su cortedad de miras, por su cazurrez y por su intransigencia hacia el débil que por su tacto, su magnanimidad o sus aptitudes diplomáticas. Y así, con esa misma mezquindad es cómo responden también ahora al catalán, como en otro momento respondieron al vasco. Respuesta, por cierto, que se parece mucho más a la de sus antepasados rechazando legítimamente al invasor francés, que la que corresponde a compatriotas discrepantes pero merecedores de diálogo y respeto.

Lo dicho: esa España siempre necesita un enemigo. Y si no, lo inventa. Como Estados Unidos. Cuando no han sido los vascos fueron los masones, y cuando no los infieles y cuando no los comunistas, y cuando no y a rebufo del imperio, el musulmán. Está visto que en estos precisos momentos, en lugar de afrontar una reforma a fondo de una Constitución elaborada y aprobada más o menos por los que habían servido a la dictadura, y con la excusa de un artículo enarbolado como el eterno dogma sobre el que se levanta la historia entera de España, el enemigo elegido ahora es Catalunya...



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Jaime Richart


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