¿Será casualidad? ¡Coño como se parece el premio Nobel de Santos al de Obama!

Como uno suele ser demasiado indulgente y hasta misericordioso, para no reconocer la verdad, que solemos pecar de inocentes, creímos que cuando la Academia Sueca le otorgó a Obama el premio Nobel de la Paz, por adelantado, fue aquello un acto de buena fe que intentaba estimularle, por su condición racial –perdóneseme esta ligereza –, a practicar la paz. Por lo que ella, la Academia, resultó engañada por quien puso empeño superar como guerrerista a su antecesor, George Bush, lo que ya era demasiado.

Por lo mismo, luego creímos ver a los académicos, como su premiado por adelantado hacer lo que hizo, arrepentidos y aquella cruel experiencia les pondría sobre aviso y ojo avizor para "no meter las patas dos veces y seguido en el mismo hoyo".

Imaginé a aquel cónclave comentando con desaliento y frustración cómo se habían equivocado y frustrado aquel "generoso" intento de estimular al pacifista que pensaban anidado en Obama. Como también creí escucharles advertirse mutuamente no volver a incurrir en aquel error. Pues por jugar adelantado, el árbitro les pilló y cobró la sanción. Eso creí yo, vuelvo a decirlo.

Si alguien, en lo relacionado con la paz en Colombia y por ella misma, se hizo merecedor de un "premio Nobel", fue el presidente Chávez. Se tomó para sí aquella ingente y pesada tarea, aún en contra de la voluntad de quienes entonces gobernaban en el país vecino, el presidente Álvaro Uribe y su ministro de la Defensa Juan Manuel Santos.

Quedó suficientemente claro que cuando se iniciaron esas gestiones de paz, el gran y generoso gestor, porque tuvo la suficiente claridad para entender lo ventajoso de entonces de ese proceso, lo fue el presidente venezolano. Como también se evidenció la actitud hipócrita y contraria de aquellos gobernantes colombianos antes nombrados. Fueron demasiado burdas y descaradas las maniobras de Uribe para entorpecer el proceso, como cuando aquello del niño Emmanuel. También en la invasión, previo bombardeo de territorio ecuatoriano, para asesinar a guerrilleros y periodistas, cuando las conversaciones, presuntamente andaban por buen camino, asunto este de incumbencia directa de Santos.

Está muy fresco en la memoria colectiva, como Santos, siendo candidato presidencial por primera vez, declaró que de ser necesario, volvería a repetir aquellos hechos, pese que envolvían un genocidio e irrespeto a la soberanía de un país vecino.

Pero por la insistencia del movimiento guerrillero ganado para la paz, por distintas razones, sobre todo la coyuntura que vivía el movimiento popular latinoamericano en ese momento, donde existían en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Nicaragua, por solo nombrar estos, sin olvidar los del CARICOM, gobiernos progresistas y populares, y de Hugo Chávez en particular, el proceso de paz se le impuso al gobierno colombiano, tanto que el genocida de Sucumbíos, Ecuador, se vio forzado a asumir la tarea que el pueblo colombiano había hecho suya.

Desde el inicio de su período de gobierno, como era de esperarse, Santos hizo lo posible por querellarse con Venezuela, sólo que el presidente Chávez, como hubiese dicho Salvador Allende, supo manejar con soltura y habilidad la muñeca. Por esto ambos, en una oportunidad, allá en Cartagena, terminaron prometiéndose "no permitiremos nadie nos meta palos en las ruedas de las carretas".

Con Maduro en la presidencia y por lo que todos conocemos, como que la oposición creyó llegado el momento de repetir "la hazaña" de Carmona Estanga, derrocar al gobierno para deshacerse de la Constitución vigente, porque esta es la meta sustancial, sin dejar de usar al gobierno venezolano que lo hizo con convicción para hacer avanzar el proceso de paz al final alcanzado, Santos continuó endureciendo su posición contra Venezuela. En la medida que la meta hacia la paz en Colombia avanzaba, Santos se mostraba más agresivo contra el gobierno de Maduro. Tanto que empezó a facilitar las cosas para que en la frontera se instalase y ejecutase todo lo posible para sabotear la economía venezolana, desde la intensificación del contrabando de gasolina, entrada indiscriminada de paramilitares hasta las trampas de las casas de cambio y Dollar To Day.

La presencia de las bases militares estadounidenses en Colombia que, con Santos llegaron a siete, y las prerrogativas dadas a los nacionales de aquel país que allí sirven, no es más que una amenaza contra Venezuela.

Por estos motivos, escribimos un artículo, publicado en Aporrea donde sostuvimos que alcanzada la paz en Colombia, asunto que siempre hemos anhelado, viendo cómo iba cambiando el cuadro político continental, las armas de ese país, en un futuro no lejano, como aquellas bases militares extranjeras, terminarían apuntando hacia Venezuela. Ver link:http://deeligiodamas.blogspot.com/2016/12/paz-en-colombia-para-hacerle-la-guerra.html

https://www.aporrea.org/tiburon/a238608.html

Ya habíamos visto como Santos volvía a ser el mismo hombre que bombardeo e invadió Sucumbíos, Ecuador, y daba muestras inequívocas de su indisposición contra Venezuela.

Lograda la firma del acuerdo de Paz, sin todavía haber culminado ese proceso, que sin dejar de tener tropiezos, pareciera que marcha tal como lo concibieron los diplomáticos de lado y lado, tanto que los dirigentes de las Farc acaban de anunciar que en breve se constituirán en partido político legal, Santos se hizo la manicure, afiló más sus uñas o mejor sus garras y empezó a mostrarlas con más agresividad a Venezuela y pese esto, con apuro y de nuevo jugando por adelantado, la academia sueca le otorgó el premio Nobel, como si la estatuilla y los dólares que la acompañan les causasen molestia.

No sé, pero parece, que el Premio Nobel, se muta en agente estimulador de la guerra y dejó de ser premio para los pacíficos. Tal como aconteció con Obama, Santos una vez recibido aquel honor, se volvió a su vieja ambición guerrerista y manía inamistosa para con sus vecinos, que tanto ha caracterizado a la vieja oligarquía de su país. Pero para decirlo mejor, pues pudiéramos pasar por ingenuos, se quitó su disfraz y volvió a ser el "Chuky" de siempre. Pero no ha sido sólo él, también su vicepresidente, quien dando una manifestación de mal gusto nos calificó o llamó "venocos"; también su canciller, la señora Holguín, de bella figura y agregado un dejo de finura y delicadeza, se volvió procaz y agresiva. Empezaban a correr los tiempos de la Venezuela maula, no de la portentosa, derrochadora, dadivosa y hasta inocente, fácil para el engaño y engatusamiento, la rodeada de adulantes, pese el odio acumulado y mal disimulado, incluso cuando Chávez.

La última manifestación de Santos, nuestro vecino, viéndonos como derrotados y en la pobreza, ya no le resulta el mercado que les compraba todo en beneficio de los productores de allá y subvencionaba la vida de los pueblos del otro lado de la frontera, se une a un coro, una patota y dice que "no reconocerá la constituyente".

No se trata de la pertinencia o no de la constituyente, ese es asunto de otro costal. En verdad que causa estupor y hasta rabia en uno es tener que preguntarse ¿Quién le dio a Santos vela en este entierro? ¿Quién es él para pronunciarse sobre un asunto que sólo concierne a los venezolanos?

A nosotros no nos concierne por ejemplo, que el congreso colombiano, fue "electo", habiéndose producido una abstención superior al 65 por ciento de los ciudadanos con derecho a votar. Cada parcialidad, la de Uribe y la de Santos, alcanzaron a duras penas el 15 por ciento cada una. O lo que es lo mismo, contra cada una de ellas estuvo el 80 por ciento de quienes tenían derecho a voto. Y pese eso, al gobierno venezolano, autoridad alguna no se le ha ocurrido decir que no reconocemos ese congreso. Porque ese asunto no nos incumbe. Eso es estrictamente de la competencia de los ciudadanos de ese país.

Como lo creímos siempre, Santos como Uribe, sólo que más taimado, busca una intromisión militar en Venezuela, porque está metido en el gran negocio. Además, la paz en Colombia de ahora, la cree oportuna para hacernos la guerra. ¡Llueve y escampa! Decía un taimado. Amanecerá y veremos.

La academia sueca no sé si de nuevo jugó adelantado o se pasó al bando contrario, aquel contra quien Alfredo Nobel creo su premio.

¡Coño! ¡Cómo se parece el premio Nobel de Santos al de Obama!



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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