¿El mundo gira a la derecha?


Ni el mundo gira a la derecha, ni la derecha se mueve hacía la izquierda. Estamos ante un nuevo reacomodo del neoliberalismo para garantizar su avance y frenar cualquier proceso de cambio político y transformación social que se pretenda desarrollar a nivel regional y/o global. Queda claro que esa “incomoda” polarización de izquierda y derecha, negada por calificados sociólogos, tiene una vigencia que va más allá de una simple interpretación de valores o principios que pueden resultar transversales. Con Donald Trump emerge la derecha alternativa.

Resulta prioritario explicar cómo esa gama de objetivos políticos, sociales y económicos con indiscutible vigencia e imprescindibles para cambiar la condición humana están retrocediendo en muchos países, particularmente en América latina, con una rapidez que sorprende y neutraliza el entusiasmo hasta sembrar desaliento colectivo.

Para comprender esta nueva realidad política podemos esbozar como aspectos determinantes la debilidad ideológica y pragmatismo exacerbado de los llamados gobiernos progresistas que no asumieron el riesgo y responsabilidad de estar en la izquierda con la carga de compromiso, sacrificios y esfuerzo que ello conlleva. El “progresismo” tiende a convertirse en versión maquillada de la derecha. Otro aspecto determinante, es la metamorfosis del capitalismo para adaptarse y reacomodar sus objetivos hasta convertirse en eso que Rafaelle Simone llamó el “Monstruo Amable” que se presenta con anuncios de bienestar y progreso “para vivir sin pensar demasiado, sin gastar demasiado y sin sufrir demasiado”. Postulado que se convierte en un atractivo para una generación que ha vivido bajo la cordialidad de un consumismo exacerbado. Por allí, pudiéramos interpretar el exitoso reacomodo del capital y la emergencia de una derecha alternativa que venera al “Monstruo Amable”.

La situación se torna tan compleja que genera mucha confusión, la llegada de Donald Trump al gobierno norteamericano no es casual, ni puede reducirse a los resultados de un electorado confundido. Trump expresa la reformulación de los postulados y objetivos de la derecha desde los paradigmas de la izquierda para construir el nuevo relato neoliberal que se presenta como nacionalista, antiglobalización con ardorosa preocupación por lo económico en detrimento de lo social y el ser humano aunque haga guiños a las organizaciones populares. Su nacionalismo matizado con egocentrismo puede ser que no alcance los niveles del fascismo de Hitler, pero no puede pasar inadvertido porque representa un peligro o una persistente amenaza para toda sociedad que aspire un régimen plural.

Donald Trump soporta su apoyo político en una organización denominada Derecha Alternativa (Alt-Right) que, formalmente, no asume ninguna ideología pero aglutina todas las expresiones ideológicas de derecha, postula su apego y defensa del nacionalismo blanco, la islamofobia, el antifeminismo, el anti sionismo y reivindica el nacionalismo populista. Se oponen a la inmigración y el multiculturalismo. Se ha transformado en el sustituto del Tea Party como plataforma de combate de la derecha norteamericana. Aunque expresa un planteamiento antiglobalización ha trascendido al estado norteamericano para convertirse en un movimiento internacional articulado con organizaciones políticas, sociales, empresariales y gobiernos de distintos países.

El año 2017 plantea un reacomodo de las fuerzas de derecha en distintos países y con ello se articulan nuevos centros de poder vinculados al discurso y programa que impulsa el Departamento de Estado norteamericano. El día 15 de marzo se celebrarán elecciones generales en Países Bajos, con la fuerza geopolítica de Holanda como su región más importante. Todo indica que el “Partido por la Libertad” (PVV, por sus siglas en neerlandés) obtendrá la victoria con la candidatura de Geert Wilders, conspicuo vocero de la extrema derecha europea, que pregona un discurso de coincidencia con los planteamientos de Donald Trump.

El 23 de abril se celebrará la primera vuelta de las elecciones generales en Francia donde Marine Le Pen del ultraderechista “Frente Nacionalista” ha logrado un significativo avance que supone un reacomodo de las fuerzas políticas y una complicada segunda vuelta (07 de mayo) donde juega un papel determinante el apoyo de factores internacionales que, hoy, estremecen el tablero de la geopolítica. Aunado a lo anterior, nos encontramos con crecimiento sustancial de la “Alternativa para Alemania” (AFD, por sus siglas en Alemán), fundada por Bernd Lucke, Konrad Adams y Alexander Gauland con férreos postulados que buscan un reacomodo del capital transnacional matizado con su rechazo a la respuesta del gobierno Alemán ante la crisis migratoria de Europa. Hoy, bajo el liderazgo de la empresaria Frauke Petry, la “Alternativa para Alemania” se ha convertido en una autentica representación de la extrema derecha alemana con amplias posibilidades de ocupar espacios políticos determinantes para definición de una nueva geopolítica mundial. El cuadro europeo se complementa con el progresivo fortalecimiento de los movimientos aglutinados en torno al BREXIT en Inglaterra y el desmembramiento que amenaza la República de Italia.

En América Latina, encontramos un cuadro político de similar magnitud. Mauricio Macri en Argentina, Pedro Pablo Kuczynski en Perú, Horacio Cartés en Paraguay, Michel Temer en Brasil, Juan Manuel Santos en Colombia, Juan Carlos Varela en Panamá, Enrique Peña Nieto en México, Luis Guillermo Solís en Costa Rica y la amenaza de la “Alianza por el Cambio” y Guillermo Lasso en Ecuador configuran la dimensión de una nueva versión del neoliberalismo que busca su reacomodo para resurgir en medio de los errores y omisiones históricas de los llamados “gobiernos progresistas” y, la nunca superada, ausencia del Comandante Chávez que dejó a la deriva a la Revolución Bolivariana cuando comenzaba a vislumbrarse la esencia de la transformación social y los cambios políticos necesarios para construir la Patria Grande.

En Venezuela, el brutal ataque del capital transnacional combinado con el “quiebre ético” de la dirigencia nacional y la intermitencia de las políticas económicas del gobierno nacional nos envuelven en una crisis cuyo desenlace tendrá repercusión (positiva o negativa) sobre toda América Latina. Mientras tanto, el reacomodo del capital avanza con matices que confunden y postergan una respuesta urgente.

El capital transnacional busca un reacomodo político para darle un nuevo soporte a la economía de mercado hasta reducir al hombre y sus relaciones sociales a una minúscula mercancía aunque los hechos históricos demuestran que toda intención de convertir las relaciones sociales en mercancía conduce a un inexorable “fracaso que solo deja sufrimiento de las mayorías y fractura social”…


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Darío Morandy


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