García Lorca, asesinado el 19 de agosto de 1936

En enero de 1936 lo encontramos de vuelta a Madrid, llegando así al comienzo de los pocos meses que iban a quedarle de vida. Resumiendo su valioso vivir y dar vida de esta postrimera existencia diremos que, al mes de haber llegado a Madrid, ve publicados dos de sus libros: Bodas de Sangre y Primeras canciones; al mes siguiente publica Gacela de la muerte clara y, todo ello, sin dejar de escribir: Luego, en los meses que siguen, pronuncia un discurso en el banquete que se ofrece a Rafael Alberti, al regreso de éste Rusia; interviene en el homenaje a Valle-Inclán, fallecido unos días antes, y en el que dedica a Luis Cernuda por su libro La realidad y el deseo. Va a San Sebastián para pronunciar una conferencia con ocasión de presentarse una exposición de obras de Picasso. Con motivo de sus entrevistas con el poeta Gabriel Celaya, gran amigo suyo, dice: "La poesía es algo que anda por las calles. Que se mueve, que pasa a nuestro lado. Todas las cosas tienen su misterio, y la poesía es el misterio que tienen todas las cosas… El teatro es poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre."

Sigue interviniendo, ya sea pronunciando el discurso de ofrecimiento o bien recitando composiciones poéticas, en los homenajes que se ofrecen a distintos artistas y escritores. Añade su firma a la de los intelectuales, artistas y políticos que lanzan su Manifiesto de la Unión Universal por la Paz, y está, asimismo, presente en el homenaje dedicado a los escritores franceses Lenormand, Malraux y Cassou, y en la clausura de la Feria del Libro, en cuyo acto pronuncia un discurso. Al mismo tiempo que anuncia su propósito de volver a Nueva York y después a México, entrega a Pura Ucelay su obra ya terminada. Así que pasen cinco años, para su presentación en el Club Teatral Anfistora, de Madrid.

El día 19 de abril termina su nueva obra dramática, que será la última. La casa de Bernarda Alba, la cual da a conocer en una lectura íntima en casa del doctor E. Oliver, con asistencia, entre otros, de Dámaso Alonso, Jorge Guillen y Guillermo de la Torre.

Con La casa de Bernarda Alba, que ha sido representada siempre con éxito inusitado después de la muerte de su autor, éste se situó en la cumbre de una ascensión sin pausa, cima lograda; pero a quien una súbita nube privó del nuevo paisaje que ya se abría a sus ojos de ser humano ávido de sensaciones excelsas y de ciencia y poesía pura. Esta tragedia traza una línea densamente negra sobre el fondo blanco, como esas mujeres de luto que se mueven por la escena, enjalbegada, de casa andaluza. Hay una clara adecuación entre la forma externa y el hilo escondido que liga a todas esas figuras: decoración simplísima y almas al desnudo: Bernarda representa el valor de la sangre, la unidad de la estirpe; Angustia, la víctima propiciatoria del destino; Martirio, el resentimiento; Adela, la fuerza violenta de la naturaleza; Poncia, la criada, el coro que acompaña el progreso de la tragedia. Por ser cada personaje un símbolo, actúan con dureza, con valor ejemplar, sin concesiones. El desarrollo del argumento es un sostenido, sin altibajos, hasta al fin derrumbarse como el salto de una catarata. El conjunto, de una simplicidad extrema, como en la tragedia griega, y, también como es ésta, la lucha de los personajes contra un destino que les hiere implacable y la rebelión de los seres contra el dedo de los dioses. Además de unos valores muy precisos y preciosos, como son los elementos folclóricos y el lirismo expresivo, el ambiente y la vinculación de esta tragedia con Bodas de sangre y Yerma forma, en realidad, un tríptico trágico de la maternidad digno de toda clase de elogios. Con estas tres obras, García Lorca logró reanudar el sentido auténtico de la tragedia. El valor vivo, el raro acierto de estos dramas está en la reinvención de un estilo dramático y en la manera como, superando toda atadura, cualquier localismo geográfico, eleva la acción trágica a un plano universal. Nada de extraño, por tanto, que la obra lorquiana haya trascendido todas las fronteras nacionales y sea estimada y admirada por todo el mundo.

Tanto la obra teatral como los libros de versos, prosas y demás escritos de García Lorca han sido objeto de numerosas y repetidas ediciones. Incluso su correspondencia, entrevistas para la prensa, artículos dispersos y demás escritos de nuestro autor son objeto continuamente de ediciones, ya sea en la reunión en conjunto de la obra lorquiana, o bien en ediciones sueltas, o monografías y biografías del poeta y dramaturgo. Hoy podemos asegurar que ha sido traducido a todos los idiomas cultos del mundo.

En ocasión de leer a García Lorca en casa del doctor Eusebio Oliver su obra La casa de Bernarda Alba, ante la impaciencia que mostraba el autor para marcharse a su retiro del campo granadino, algunos de los asistentes a la lectura le aconsejaron que no se moviera de Madrid. Motivaban tales consejos los que así le hablaban, haciéndole ver el peligro que entrañaba cualquier viaje o desplazamiento ante la gravedad de la tensión política de aquellos días de julio. García Lorca, tras argumentar que era ajeno a toda filiación partidista y que no tenía nada de político, contestó a modo de despedida: "Sea lo que Dios quiera."

Dos días más tarde, ya el poeta en su estancia de Granada, estallaba la guerra en España. Unas semanas después, exactamente en la madrugada del 19 de agosto, en las afueras del pueblo granadino de Viznar, fue muerto Federico García Lorca.

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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