El período de Oslo: Sionismo vs Palestina

En el curso de los noventa, aproximadamente un millón de judíos abandonaron la antigua Unión Soviética trasladándose a Israel. Los inmigrantes que vinieron de la antigua Unión Soviética en este período ahora suponen más del 18% del total de la población judía de Israel. Es difícil exagerar el impacto de tan grande y rápida transferencia de población a un país tan pequeño como Israel. Proporcionalmente, sería el equivalente de todas las personas de Angola, Camboya y Perú, haciendo sus equipajes y trasladándose a Estados Unidos todas a la vez. En Europa, sería el equivalente de toda Grecia trasladándose a Francia.

La transformación demográfica puso del revés la ya de por sí precaria dinámica del acuerdo. Antes de la llegada de los refugiados soviéticos, Israel no podía haber roto por sí mismo por mucho tiempo las relaciones con las poblaciones palestinas de Gaza y Cisjordania; su economía no podía sobrevivir sin el trabajo palestino, de la misma manera que California no podía seguir sin los mexicanos. Unos 150.000 palestinos al día dejaban sus hogares en Gaza y en Cisjordania y viajaban a Israel para limpiar sus calles y construir carreteras, mientras granjeros y comerciantes palestinos llenaban sus camiones de mercancías y las vendían en Israel y en otros lugares de los territorios. Cada lado dependía del otro económicamente, e Israel llevó a cabo agresivas medidas para impedir que los territorios palestinos desarrollasen relaciones comerciales autónomas con los Estados árabes.

Después, justo cuando Oslo entró en vigor, las relaciones profundamente se rompieron de manera abrupta. A diferencia de los trabajadores palestinos, cuya presencia en Israel había desafiado el proyecto sionista haciendo demandas al Estado de Israel para la restitución de las tierras robadas y la igualdad en derechos de ciudadanía, los cientos de miles de rusos que llegaron a Israel en esta coyuntura tuvieron el efecto contrario. Éstos reforzaron los objetivos sionistas al incrementar considerablemente la proporción de judíos respecto a los árabes, mientras que al mismo tiempo proporcionaban nueva mano de obra barata. De repente, Tel Aviv tenía el poder para empezar una nueva era en las relaciones palestinas. El 30 de marzo de 1993, Israel comenzó una política de "cierre", sellando la frontera entre Israel y los territorios ocupados, a menudo durante días o semanas a la vez, impidiendo así que los palestinos accediesen a sus puestos de trabajo o vendiesen sus mercancías. El cierre empezó como una medida temporal, aparentemente como una respuesta de emergencia a la amenaza del terrorismo. Pero rápidamente se convirtió en el nuevo statu quo, con territorios acordonados no sólo respecto a Israel sino entre ellos, vigilados por un sistema de puestos de control cada vez más minucioso y humillante.

El año 1993 había sido puesto como ejemplo del comienzo de una nueva era; en vez de esto, fue el año en que los territorios ocupados dejaron de ser ciudades abandonadas de los desfavorecidos del Estado de Israel para convertirse en sofocantes prisiones. En este mismo período, entre los años 1993 y 2000, los colonos israelíes que vivían en los territorios ocupados doblaron su número. Lo que habían sido en muchos lugares avanzadillas de zafios colonos se transformaron en suntuosos y fortificados barrios residenciales con sus propias carreteras de acceso restringido claramente diseñadas para ser un anexo del Estado de Israel. Durante los años de Oslo, Israel también continuó exigiendo reservas de agua claves en Cisjordania, proveyendo a los asentamientos y desviando la escasa agua a Israel.

En Israel, los años posteriores a los Acuerdos de Oslo cumplieron su promesa de cambiar el conflicto por prosperidad de manera espectacular. A mediados y a finales de los años noventa, las compañías israelíes tomaron por asalto la economía global, especialmente las compañías de alta tecnología especializadas en telecomunicaciones y tecnología web, con Tel Aviv y Haifa convirtiéndose en las avanzadillas de Sillicon Valley en Oriente Medio. En la cumbre del auge de las empresas que tienen sus sedes en páginas web, el 15% del producto interior bruto de Israel provenía de la alta tecnología y casi la mitad de sus exportaciones. Esto hizo de la economía de Israel "la más dependiente de la tecnología del mundo", según Business Week, dos veces más dependiente que la de Estados Unidos.

Israel se convirtió, en palabras de la revista Forbes, "en el país al que acudir por su tecnología contra el terrorismo". Cada año desde 2002, Israel ha sido el anfitrión de al menos media docena de importantes conferencias de seguridad interna, para legisladores, jefes de policía, sheriffs y presidentes de corporaciones de todo el mundo, con su tamaño y oportunidades creciendo anualmente. Cuando el turismo tradicional sufrió los temores de seguridad, este tipo de turismo oficial contra el terror emergió parcialmente para llenar ese vació.

¡Gringos Go Home! ¡Pa’fuera tús sucias pezuñas asesinas de la América de Bolívar, de Martí, de Fidel y de Chávez!

¡Chávez Vive, la Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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