España

Resaca postelectoral

No es la nuestra actitud de quien no sabe perder. Es la duda sólida de quienes, ya hartos de sentirnos gobernados durante años por gentuza dedicada al latrocinio metódico, al saqueo científico de las arcas públicas, a la trapisonda, a la mentira, a la simulación, al abuso, al caciquismo y a la asquerosa zafie­dad... nos encontra­mos primero con sospechas, luego con indi­cios y luego con prue­bas de que aquí ha habido, no un puche­razo sino un "amañazo" electoral. Los resultados electorales en conjunto y en circunscrip­ción por circunscripción son el pro­ducto de operaciones redondea­das aritméticamente por quienes han manejado el re­cuento de los votos en las delegaciones de go­bierno primero y en el ministerio del interior después; redon­deadas con la minuciosi­dad del comerciante marrullero que resta aquí y suma allí el mismo tanto por ciento por artículos y por secciones...

Esto es así, o ésa es nuestra convicción, que viene a ser una misma cosa. Pero no tenemos más remedio que resignarnos, hacer una inútil impugnación de las elecciones o salir a las ca­lles para hacer la revolución. El caso es que si el resultado electo­ral fuese normal, no tendríamos más remedio que dirigir el foco hacia el electorado para interrogarnos sobre su catadura. Porque, aparte de lo dicho, lo cierto es que la culpa es de 7 mi­llones de personas que, despreciándose a sí mismas por miedo, por indiferencia o por estupidez nos han llevado al resto a malde­cirlas por haber deci­dido miserablemente, una y otra vez, el destino de este país...

Perfectamente localizados esos votantes entre los muy acomo­da­dos, los panzistas, los codiciosos, los chulos, los proxe­netas so­ciales, los cínicos, los hipócritas, los prepotentes y los capaces de coger una pistola cuando oyen la palabra "cul­tura" (como dijo un fascista del franquismo), nos obligan al re­sto a renegar de ser espa­ñol con la misma fuerza centrífuga con la que vive actual y ma­yoritariamente Cataluña. Militantes y vo­tantes de traje impeca­ble y corbata, o con camisa rosa de manga larga a guisa de unifor­mes (ellos); rubias de bote, mayor­mente con falda, enjoyadas o bi­suteadas según la edad (ellas), que han vuelto a entregar el país a malhechores permi­tiendo encima que sigan interfiriendo cómo­mente en la acción de una Justicia ya demasiado maltrecha por culpa de ellos mis­mos...



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Jaime Richart


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