Los ricos, blancos y cristianos

Mi pensadora no alberga ningún tipo de odio hacia alguna persona tampoco, hacia cualquier grupo humano, ni por el color de su piel, ni por posición política, ni mucho menos por su fe religiosa o sexo, en sus diversas vertientes. Pero cuando observo lo que actualmente está ocurriendo en EEUU y en Europa me obligo a retomar aquellos recuerdos agazapados en algunos de mis resquicios cerebrales.

Recientemente todo el mundo vio y escuchó con estupor la infeliz declaración de Mr. Donald Trump, un adinerado estadounidense, un chulo reconocido internacionalmente que vive de las mujeres, es decir el típico acaudalado yanqui, rubio y rubicundo. En verdad, a mí no me sorprendió la soez declaración antimexicana, el chulo del miss universo lo que hizo fue tomar la vocería de millones de gringos quienes tienen la misma opinión del capitalista racista. Es el mismo sentir que divulga Hollywood a través de sus películas por la tv por cable ¿Acaso es nuevo el muro que separa una parte de México de EEUU? En ninguna ciudad de USA observé manifestaciones de gringos protestado por la construcción del malhadada "valla de seguridad" entre Tijuana y San Diego (California); ni tampoco por la cacería, en la frontera, de centroamericanos por parte de la policía privada gringa. No nos caigamos a embustes, el racismo sigue campante, tanto en el Norte de América como en Europa. En esta última contra los "inmigrantes ilegales" de África. De allí el triunfo de la derecha en ciertos países del septentrión.

En diversas regiones de EEUU se está reorganizando el Kukuxklán, de allí la quema de siete iglesias afroamericanas en Florida, en Tennessee y en las dos Carolinas. De nuevo se les está sembrando a los adolescentes, desde tierna edad, el odio hacia los negros y latinos. Prueba de esto es la luctuosa masacre de afrodescendientes en una iglesia de Charleston en manos de un joven blanco. Ciertamente, tanto en Europa como en USA, todavía existen imbéciles que creen en el predominio de la raza pura, tal como lo concebía el Tercer Reich. Tal estupidez lo llevaron los primeros ignorantes puritanos ingleses (protestantes cristianos) hacia las trece colonias ubicadas en Norteamérica y posteriormente, con el arribo de los expatriados italianos, polacos, alemanes, escandinavos, irlandeses, españoles, judíos, entre tantas etnias arribadas a EEUU en busca de una vida mejor. Ciertamente, de seguro, la mayoría de estos seres y la generalidad de los habitantes europeos desconocen el origen de sus raíces y no tienen claro la estupidez de la raza aria o lo de la sangre pura.

Es risible pensar en algún europeo cuya sangre no sea producto de la mezcla atávica de las diversas etnias, tribus o habitantes que poblaron Europa desde hace muchos siglos. Si se revisa la hemoglobina o el ADN de cualquier europeo o de un norteamericano cuyos ancestros provienen del otro lado del charco se sorprenderá y no tendrá más remedio que burlarse de su mal llamada raza pura.

Al revisar los anales de la historia descubriremos que Europa fue poblada por diversos pueblos, etnias o tribus, entre los cuales se destacan: los vándalos, partos, galos, celtas, iberos, suevos, germanos, transpadanos, etruscos, gitanos, judíos, moros, mongoles, romanos, germanos, cisalpinos, tracios, otomanos, helenos, usipetas, téncteros, helvecios, boyos, tauriscos, vénetos, agotes, vaqueiros, maragatos, quinquis, godos, ostrogodos, visigodos… hombres y mujeres de diversas etnias de que caminaron por tierra europea. Con un infortunado agravante: durante las encarnizadas luchas entre unos contra otros, o entre todos contra todos, es imposible no reseñar que al final de las escaramuzas el premio de los guerreros era la mitigación forzada de la soflama lujuriosa de muchos meses de abstinencia contra las púberes, vírgenes y casadas del pueblo vencido. Como es sabido, de estos contactos espurios (violación) aparecían lindos bebés mestizos y nenitas híbridas. Imagine estimado lector una legión de ciento cincuenta mil guerreros romanos, donde servían galos, vénetos, iberos…, arremetiendo y desfogando su lascivia reprimida sobre la inocente población femenina. Indudablemente, este fogoso acto concupiscente vería su fruto nueve meses después. Así floreció la población de Europa.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, muchos europeos se levantaron creyendo en el embuste de la raza aria o lo de la raza pura. Como secuela de la asimilación de esta vil mentira se edificó otra soez pretensión como fue la falacia de la "raza superior". Esta "raza superior" se fue agrupando, formando cofradías de ricos de piel blanca y posteriormente hermanados en una religión; primero la católica y luego, producto de las múltiples divisiones en la protestante en sus diversas manifestaciones, evidentemente todas cristianas. Fue así como surgió en Europa un grupo responsable de la mayoría de los males que soportó la humanidad y todavía hoy, secuela de tales vilezas, el mundo sufre las consecuencias de la despreciable actuación de los ricos, blancos y cristianos. Si los lectores dudan de lo expuesto revisemos una minúscula parte, pero no menos transcendental, de la historia de estos arteros personajes:

La excusa de la guerra santa, las llamadas cruzadas (nueve en total), fue la conquista de los lugares santos en Jerusalén y para eso debían eliminar a los musulmanes. Esta conflagración duró ¡doscientos años! Sin embargo, la verdadera razón de tal enfrentamiento fue el problema del mayorazgo de los hijos de los reyes. La ley establecía que el heredero del trono era el hijo mayor, por lo tanto los vástagos menores no tenían acceso a la riqueza del primer delfín. Ante tal estado de cosas los príncipes, privados de una herencia, se dedicaron a invadir las tierras del medio oriente y a robar las riquezas de la zona ocupada por los infieles sarracenos. Para esto buscaron financiamiento de los ricos avaros y hasta de algunos papas ambiciosos. Como se ve las cruentas cruzadas fueron responsabilidad de los ricos, blancos y cristianos.

Cristóbal Colón, quien carecía de bienes de fortuna y además, no sabía nada de navegación, emprendió el genocidio americano financiado por los reyes católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, y además, de Luis de Santángel, un judío converso aragonés y rico funcionario de la corte de Fernando. El resultado de esta sanguinaria conquista ya lo sabemos. No cabe duda que la destrucción de culturas, la mortandad de millones de aborígenes y el robo descarado de riquezas fue culpa de los ricos, blancos y cristianos.

Los barcos negreros o barcos de esclavos no hubiesen sido posible sin la participación de usureros financistas blancos y cristianos quienes convirtieron el comercio de esclavos en una actividad lucrativa. El tráfico de esclavos pasó a ser un gran negocio junto a la colonización de América. En esta inhumana operación trasladaron los negros africanos en naves españolas, noruegas, francesas, estadounidenses, danesas, prusianas y holandesas. Como ven estimados lectores, la brutal esclavitud fue responsabilidad de los europeos y gringos ricos, blancos y cristianos.

Los estudios de Darwin sobre la evolución de la especies fue un argumento que permitió a los racistas justificar su comportamiento y creer a ciencia cierta en la "raza superior". La historia relata que el señor Madinson Grant, director de la Sociedad Zoológica de Nueva York, aseguraba que Darwinismo "demostró" que los negros africanos estaban más próximos a los monos que a los europeos. Podemos decir que la antropología, la hija de la colonización, participó en esta muestra de racismo científico basado en el Darwinismo, junto con el positivismo social y cientifismo. Todos tenían la convicción de la superioridad de las civilizaciones occidentales sobre las "culturas primitivas". De seguro el Mr. Madinson Grant y sus colegas eran ricos, blancos y misericordiosos cristianos.

Podría enumerar numerosas y nefastas calamidades de la historia cuyo origen deriva de las indolentes prácticas de los ricos, blancos y cristianos. Evidentemente, los pobres y los negros no tienen dinero para financiar guerras, tampoco poseen fortuna para fundar bancos, ni tampoco capital para erigir industrias contaminantes. De seguro, no creo que en el FMI, ni en el BM, ni en la troika exista un pobre o un afrodescendiente ocupando un apoltronado sillón de ejecutivo. No me imagino un laboratorio donde se fabriquen armas químicas en manos de hombres y mujeres de color y mucho menos, dirigido por un menesteroso. Nunca observé fotos ni películas de pobres, ni de herederos de los esclavos africanos arrellanados en las conferencias donde se decidieron las dos conflagraciones mundiales. Actualmente tampoco los percibo en una acción de embargo contra otro país, ni mucho menos aplicando sanciones de tipo financiero.

Lo del chulo Donald Trump no es un caso aislado, lo único que lo diferencia de los otros racistas es que tuvo la valentía de expresar lo que él piensa, que es el mismo sentimiento que callan muchos estadounidenses y europeos quienes todavía creen la estupidez de la raza superior.

En la actualidad, nadie puede negar que los ricos, blancos y cristianos sean los responsables de la creación del Estado Islámico, simplemente para desprestigiar a quienes profesan la fe musulmana. Con la única diferencia, que el jefe de la corporación es un afrodescendiente estadounidense pero con el alma prestada de un blanco. No creo que sea motivo de orgullo ser heredero de aquellos y ni de los modernos ricos, blancos y cristianos.



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Enoc Sánchez


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